¿Qué está sucediendo en la guerra comercial entre China y Estados Unidos?

Es real: la guerra comercial entre China y Estados Unidos está al borde de convertirse en una de las más largas y grandes de la historia económica del mundo, según especialistas.

La imposición de aranceles a importaciones de forma recíproca entre China y Estados Unidos se encuentra en escalada continua. Estas noticias, que aparecen una y otra vez, han sacudido a ambas economías y a la mayoría de los mercados internacionales, cuyos accionistas exigen continuamente la apertura de ambas naciones a la negociación debido a la profunda incertidumbre.

Si se toma en cuenta que su sector tecnológico en conjunto es uno de los más integrados del planeta, no resulta tan difícil imaginar por qué todo el mundo se estremece con el conflicto comercial que, ahora, podría llegar a ser el más grande de la historia.

Contenedores provenientes de China esperan ser inspeccionados en un puerto del pacífico en Estados Unidos (Reuters Archivo)
Contenedores provenientes de China esperan ser inspeccionados en un puerto del pacífico en Estados Unidos (Reuters Archivo)

Contenedores provenientes de China esperan ser inspeccionados en un puerto del pacífico en Estados Unidos (Reuters Archivo)

Algunas pistas públicas sobre las consecuencias de tal conflicto en la vida diaria se pueden observar actualmente: el alto costo de los productos tecnológicos como celulares y equipos de cómputo, junto con otros cientos de productos más, es una consecuencia directa de la desintegración de estas cadenas productivas. 

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Incluso, algunas aristas del conflicto comercial entre ambas naciones han llegado a tener más exposición mediática en los últimos meses, debido al veto que ha realizado el gobierno de Estados Unidos en contra de poderosos gigantes tecnológicos chinos como Huawei, compañía que deberá retirar todos sus negocios de territorio norteamericano dentro de noventa días.

La disputa también se ha puesto complicada entre la población de China, donde grandes empresas y fábricas han prohibido a sus trabajadores viajar a los Estados Unidos o comprar productos provenientes del país norteamericano bajo el riesgo de perder sus trabajos.

Estas amenazas de castigar a los trabajadores van desde utilizar teléfonos de la marca Apple, conducir vehículos estadounidenses, consumir en cadenas de restaurantes americanos o comprar productos para el hogar con marcas conocidas.

Sin embargo, la esperanza que tienen los inversionistas aún se encuentra en la capacidad de negociación de los altos mandos de ambas naciones, el plano más inalcanzable y difuso: el dominio de la política y el alto Estado, donde, en realidad, todo comenzó.

En este artículo intentaremos revisar cronológicamente el desarrollo de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, los principales puntos que se debaten, la forma en la que los ataques se han llevado a cabo y las posibles válvulas de escape de un complejo conflicto que parece no tener final.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, asiste a una cena de Estado en Beijing, China, junto a Xi Jinping el 9 de noviembre de 2017 (AP Images Archivo)
El presidente de EE.UU., Donald Trump, asiste a una cena de Estado en Beijing, China, junto a Xi Jinping el 9 de noviembre de 2017 (AP Images Archivo)

El presidente de EE.UU., Donald Trump, asiste a una cena de Estado en Beijing, China, junto a Xi Jinping el 9 de noviembre de 2017 (AP Images Archivo)

Aranceles, principales armas de guerra comercial

A lo largo de todo el 2018, la guerra comercial entre Estados Unidos y China gradualmente se transformó.

De ser un intercambio mediático entre los líderes de las naciones, el conflicto se convirtió en un intercambio continuo de bombas arancelarias, con el pretexto republicano de que la balanza comercial entre Estados Unidos debía ser nivelada, pues China tiene un enorme superávit frente a los americanos.

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El 6 de julio de 2018 marcó el inicio de la guerra comercial como actualmente la conocemos.

En el día cero, Estados Unidos implementó el 25 por ciento de impuestos arancelarios a la primera lista de 818 productos provenientes de China, provocando una reacción por parte del régimen de Xi Jinping que impuso aranceles del 25 por ciento a 545 bienes estadounidenses.

Posteriormente, Estados Unidos anunció una segunda lista de 279 productos a los cuales proyectó implementar un impuesto arancelario del 25 por ciento. Estos aranceles se implementaron con revisiones el 23 de agosto de 2018.

Consecuentemente, China contrarrestó los efectos de esta segunda ronda con una lista equivalente de 333  productos a los que impuso impuestos del 25 por ciento, valuados en hasta 16 mil millones de dólares.

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Para agregar más presión al asunto, Estados Unidos anunció que una tercera lista de productos sujetos a 10% de aranceles, tasa que se elevaría a 25% en enero de 2019, tendría efecto a partir del 24 de septiembre.

China respondió a esta tercera oleada con una lista de aranceles valuados en 60 mil millones de dólares para bienes estadounidenses. Los impuestos de esta lista varían entre el 5 y el 10 por ciento del valor total del producto.

El periodo más extenso de implementación de aranceles, comprendido entre los meses de mayo y octubre de 2018, concluyó después de que Estados Unidos lograra tener una renegociación exitosa de su tratado trilateral de comercio T-MEC con México y Canadá.

2019: La mesa de negociación y la tregua

Durante el mes de noviembre de 2018, el gobierno estadounidense abrió sus puertas a oficiales chinos para negociar en Washington, mientras que más pláticas se llevaron a cabo en Beijing.

En ese momento, el gobierno estadounidense anunció una posible tregua comercial de 90 días con el gigante asiático, la cual fue acordada para tomar efecto a partir del 2 de diciembre entre altos mandos de Comercio y el Tesoro de ambas naciones y después de una reunión que sostuvieron Trump y Xi Jinping durante la cumbre del G20 de Buenos Aires, Argentina.

En los términos de la “tregua”, misma que terminaría el 1 de marzo de 2019 de no tener un acuerdo para entonces, Estados Unidos accedió a no incrementar sus aranceles de la tercera lista del 10 al 25 por ciento en enero. A cambio, el gobierno de China se comprometió a comprar más productos estadounidenses, principalmente automóviles y soja.

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Durante este periodo de relativa calma, los mercados se estabilizaron en lo general. Sin embargo, medidas que se dieron a conocer durante las pláticas de alto nivel indicaron algunos de los puntos clave de la negociación.

Donald Trump y Xi Jinping se dan un apretón de manos después de dar un discurso conjunto en la principal plaza de Beijing, en noviembre de 2017 (Reuters Archivo)
Donald Trump y Xi Jinping se dan un apretón de manos después de dar un discurso conjunto en la principal plaza de Beijing, en noviembre de 2017 (Reuters Archivo)

Donald Trump y Xi Jinping se dan un apretón de manos después de dar un discurso conjunto en la principal plaza de Beijing, en noviembre de 2017 (Reuters Archivo)

Las concesiones que China otorga a EE.UU

Entre noviembre de 2018 y abril de 2019, se llevan a cabo 11 reuniones de alto rango con el fin de llegar a un acuerdo comercial en las que se llegaron a puntos de acuerdo que se expresan en la extensión de la tregua comercial de forma indefinida, así como el retiro de aranceles selectos a productos estadounidenses por parte de China.

La intención de EE.UU de frenar la fabricación y exportación china de fentanilo, un poderoso opiáceo sintético principalmente producido en China, se hizo pública cuando el gobierno del país asiático prohibió la producción de todas sus variantes a partir del 1 de mayo.

Otra de las concesiones que China realizó a EE.UU durante las negociaciones fue aceptar una política con el objetivo de establecer una oficina que vigilaría el cumplimiento del tentativo acuerdo comercial.

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Vía Twitter, Trump implementa más aranceles

El 5 de mayo de 2019, después de la décimo primera ronda de negociaciones en Beijing entre Steven Mnuchin, secretario del Tesoro estadounidense, y el vice premier chino, Liu He, un estruendo vuelve a hacer temblar a los mercados.

A través de su cuenta de Twitter, el mediático presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país incrementaría los aranceles de la tercera lista de 10 al 25 por ciento, argumentando que oficiales chinos buscaban renegociar los términos del tratado tentativo.

En un mítin, Trump también dijo que los chinos presuntamente ‘rompieron el trato‘ al tratar de ‘burlar algunos de sus compromisos’.

Estos aranceles entraron en vigor el pasado 10 de mayo de 2019, equivalentes a 200 mil millones de dólares en productos chinos.

Además, en su hilo de tuits, Trump amenazó al gobierno chino con implementar más aranceles del 25 por ciento al resto de los productos provenientes de China, incluyendo teléfonos celulares y computadoras.

Como era de esperarse, el gobierno chino anunció que respondería a estas medidas a partir del 1 de junio de 2019 con aranceles que equivalen a  60 mil millones de dólares en importaciones.

El posible contraataque de China

En el panorama económico global, tanto Estados Unidos como China tienen mucho que perder en caso de ejercer presión con otras tácticas alternativas a los aranceles.

Sin embargo, se reconoce que China tiene una poderosa arma secreta para utilizar en las negociaciones con el gobierno estadounidense, pues es el mayor tenedor de deuda soberana pública estadounidense.

Un fondo de pantalla de Bond Connect en la bolsa de Hong Kong, una herramienta utilizada para que pequeños inversionistas inviertan en el mercado de bonos de China (Reuters)
Un fondo de pantalla de Bond Connect en la bolsa de Hong Kong, una herramienta utilizada para que pequeños inversionistas inviertan en el mercado de bonos de China (Reuters)

Un fondo de pantalla de Bond Connect en la bolsa de Hong Kong, una herramienta utilizada para que pequeños inversionistas inviertan en el mercado de bonos de China (Reuters)

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China tiene un total de 1.2 mil millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense en su cartera. Esto significa que China tiene un poder especial para controlar el flujo de estos bonos, fomentar una venta de los mismos y causar posibles oscilaciones y cambios en los precios de los bonos e incluso la moneda de EE.UU.

Sin embargo, los especialistas consideran que fomentar una venta masiva de estos bonos es un arma de doble filo.

Una venta masiva de estos bonos aumentaría inicialmente los rendimientos de la deuda pública estadounidense, por lo que China perdería dinero en sus tenencias restantes. También podría conducir a una mayor inestabilidad en los mercados financieros emergentes, lo que también incluiría al gigante asiático, algo que las autoridades del país quieren evitar.

De acuerdo con el Financial Times, el hecho de que China tenga mucho dinero en los bonos estadounidenses está ligado a las relaciones comerciales con EE.UU.

China recibe dólares como pago de sus exportaciones, e invierte dicho dinero en bonos al tratarse de un mercado relativamente grande y con mayor rendimiento que otras inversiones refugio.

Además, la reinversión en EE.UU. evita fluctuaciones monetarias que podrían surgir de la venta de esos dólares para comprar otros activos.

Finalmente, si China terminara fomentando una venta de estos bonos, perdería muchas de las ganancias de las tenencias restantes en su cartera debido a la mejora del rendimiento de estos bonos,  además de que podría debilitar al dólar y haría a las empresas estadounidenses más competitivas.

China, principal proveedor de minerales para teléfonos y armas

Otra de las armas comerciales que China evalúa como posible utilizar es el control que su entramado económico tiene sobre varios minerales que se utilizan en productos como el iPhone y misiles balísticos que se  producen Estados Unidos.

China es una de las pocas economías del mundo que han tolerado la contaminante industrial de extracción de minerales de tierras raras: un grupo de elementos químicos que es muy difícil encontrar en estado puro.

Xi Jinping, presidente de China, durante una visita a una fábrica de imanes extraídos de tierras raras en la provincia de Jiangxi (Xinhua vía GettyImages)
Xi Jinping, presidente de China, durante una visita a una fábrica de imanes extraídos de tierras raras en la provincia de Jiangxi (Xinhua vía GettyImages)

Xi Jinping, presidente de China, durante una visita a una fábrica de imanes extraídos de tierras raras en la provincia de Jiangxi (Xinhua vía GettyImages)

Estos minerales incluyen el escandio, itrio y quince elementos llamados lantánidos que no son realmente raros. Sin embargo, el proceso para refinarlos y convertirlos en metales valiosos, polvos magnéticos u otros productos de valor es muy contaminante y costoso.

Adicionalmente, estos productos son esenciales para la elaboración de productos tecnológicos que van desde objetos comunes hasta armas balísticas.

Aunque China está dispuesta a resistir la presión norteamericana, la reciente oleada de aranceles por parte de la administración Trump fue respondida con una visita del presidente Xi Jinping y su principal negociador, Liu He, a una fábrica de imanes ante medios chinos.

De acuerdo con especialistas, esta visita podría indicar que el gobierno chino podría estar evaluando la posibilidad de detener esta parte crucial de la cadena productiva, con el fin de estancarla y generar un poderoso recurso para las negociaciones.

El mensaje fue, esta es una cadena productiva y nosotros controlamos tu cadena de suministro”, dijo Clint Cox, presidente de la firma consultora de tierras raras Anchor House, a The New York Times.

¿Escalará este conflicto o las potencias podrán llegar a un acuerdo?

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