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Internet: Las ventajas y desventajas de una herramienta global

Celebramos el Día del Internet, una herramienta que se ha vuelto indispensable para la humanidad, pero que cuenta con ventajas y desventajas. ¿Cuáles son?

El Internet se ha convertido en una herramienta global que, en tiempos caóticos como los de una pandemia, nos permite comunicarnos e informamos sobre lo que sucede en cualquier parte del mundo sin salir de casa o requerir más que un dispositivo móvil.

Es también un medio de comunicación e interacción que ha mejorado y facilitado el acceso de las personas hacia otras tecnologías empleadas en sectores como la educación, la economía, el entretenimiento y hasta la política, sin embargo posee una dualidad que nos ofrece tanto ventajas como desventajas que, en caso de no conocer, pueden hacernos desaprovechar un gran potencial que va más allá del streaming y la social media.

Scarlett Keeler, de 5 años, estudiante de kindergarten de la escuela primaria Red Rock de Doral Academy levanta la mano mientras toma una clase de lectura y ciencias. (Fotos: Ethan Miller/Getty Images)

Una ventana de posibilidades

Las principales ventajas del internet podemos enlistarlas fácilmente: tenemos acceso a información de casi cualquier tipo a cualquier hora del día, nos ahorra un tiempo considerable en labores de investigación y estudio, pone lo que necesitamos en nuestras manos, nos ofrece la hiper-conectividad del mundo digital, nos brinda un funcionamiento multitask, nos da los servicios de streaming para la música, documentales, cursos, conciertos, eventos deportivos, políticos, foros académicos y de, prácticamente, cualquier índole, y nos deja aventajar en conocimiento y eficacia a casi cualquier persona o reto que nos afrente, sin emargo también integra criterios más importantes que una simple navegación.

Más allá del espacio:
Almacenamiento virtual y la revolución del mercado

Como sabemos y podemos dimensionar, el almacenamiento en línea o “en la nube” modificó la forma en la que millones de personas en todo el planeta archivaban información delicada o importante, pero con los años esto no solo se limitó a usuarios comunes ni a la población en general, sino que ofreció a grandes empresas, negocios, instituciones y organizaciones nacionales e internacionales nuevas formas de resguardar la historia.

A nivel económico y de mercado, el perfeccionamiento del internet también provocó una revolución que agilizó los tiempos y costos de personal y servicios al optimizarlos, sin mencionar que con los gigantescos cambios que ha enfrentado el mundo recientemente, se terminó de abrir la puerta al interesante comercio en línea que, si bien ya existía y tenía presencia en algunos sectores, se popularizó por completo a raíz de la crisis sanitaria del COVID-19.

Al romper las barreras físicas se rompieron también las barreras culturales y tradicionales, al igual que otros espacios virtuales -como las redes sociales- sirvieron de terreno fértil para cultivar ideas que, hasta hace al menos 10 años, parecían imposibles.

Esto supuso un juego interesante para la mercadotecnia, la comunicación y las formas de interacción en todo el globo, dado que además del acceso a la información arriba mencionado, el internet permitió que muchos emprendedores encontraran sus propias reglas y espacios para entrar al campo financiero.

“Lo personal es político”

En el aspecto social, el internet y las redes sociales obtienen gran acierto al acortar las distancias físicas, pero también ideológicas, ya que permiten el desarrollo de espacios virtuales donde convergen alternativas que proponen mejoras para nuestra realidad. Un ejemplo de ello son los movimientos sociopolíticos, como la conocida Primavera Árabe que orquestó una gran revolución política en Oriente medio, el movimiento #YoSoy132 o la búsqueda de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en México, y la organización de colectivos artísticos, culturales e independientes que muestran su apoyo hacia las transformaciones sociales, pero también ilustran, narran y preservan el acontecer del mundo.

El movimiento feminista, por mencionar a uno de los más destacados, gracias al internet, logró a través de las plataformas digitales retomar una gran presencia que hizo posible evidenciar casos de violación, maltrato, abusos físicos, psicológicos y sexual contra las mujeres como solo en la década de 1970 se había visto.

Para inicios de 2019, el movimiento #MeToo permitió que una corriente política se unificara y levantara la voz contra los abusos machistas de grandes industrias como la música, la publicidad, el cine y el arte, a la par que unificó a colectivos internacionales para provocar un cambio global en pro de una vida justa y digna.

La llamada marea verde permitió darle seguimiento a los procesos de licitación del aborto no solo en México sino en Argentina, Chile, España y Canadá, así como esclarecer la información en torno a las manifestaciones culturales, sociales y políticas de millones de mujeres en todo el globo.

Los abusos policiales o de Fuerzas del Estado en países como Colombia y Chile también fueron evidenciados a través del internet, dejando así que en el planeta se conocieran las brutales medidas de represión contra la clase obrera, médicos, maestros, estudiantes, niños, ancianos, artistas y madres de familia.

El caso más reciente del internet como herramienta de protesta lo tenemos con Israel y su eterna rivalidad contra Palestina; país que pese a ni siquiera aparecer en Google Maps u otras plataformas de acceso global, se vale de las redes sociales para levantar la voz y no perecer en el silencio de las injusticias.

Presencia física y otras limitantes

Cuando la pandemia del SARS-CoV-2 llegó, surgió un reto extra a los gobiernos de todo el mundo al requerir un distanciamiento social entre sus habitantes, así como un paro radical de actividades no esenciales para controlarlo.

Si hasta antes del 2020 se escuchaban términos como el home office o trabajo en casa, el estudio en línea o las modalidades de aprendizaje a la distancia, ahora un gran porcentaje de la humanidad tuvo que someterse a las reglas de la nueva normalidad.

El internet estuvo allí, es cierto, pero ya no solo como una vía de entretenimiento para mantener el delgado hilo entre la vida conocida y la cordura lo más intacto posible, sino para enseñarnos que la tecnología, una vez más, podía ser la salvadora de nuestras rutinas o el catalizador hacia un colapso sistémico.

La madurez digital y la mutación del mundo virtual tuvo impacto en lo económico, sí, pero lo hizo igualmente en aspectos físicos, sanitarios, sociales y psicológicos al alterar las medidas de supervivencia que ya teníamos definidas.

Adaptarse a imprevistos de talla mundial nunca antes dimensionados hizo que comenzáramos a plantearnos el que las ventajas y desventajas de esta red global involucraran entonces aspectos humanos como la colaboración entre personas, sin dejar de lado la organización de nuevas vías de aprendizaje académico, laboral administrativo, económico, político y hasta antropológico en un contexto distinto.

Por desgracia, las mejoras al internet también exponen una serie de limitantes, desventajas y problemas que requieren acciones pertinentes para hacerlo una herramienta totalmente plena, equitativa, justa y más eficaz no solo para unos cuantos o bajo ciertas carencias.

Los niños de las escuelas de California asisten a la escuela de forma remota en pequeños grupos de aprendizaje en los centros de enriquecimiento CULVER CITY. (Foto: Mario Tama / Getty Images)

La puerta por donde no entra la luz

Algunas de las desventajas que podemos enlistar con el internet son las de la ciberseguridad, la información falsa y la divulgación de material fraudulento, las redes de trata de personas o de pedofilia, así como la sobrecarga de información; pero por lo general olvidamos que una sus mayores limitaciones es que depende, como recurso, de otra serie de elementos para funcionar.

Es decir, pensar en la falta de electricidad en casa, en la carencia de datos o en no contar con un medio que nos conecte a la web, así como en la ausencia de este servicio parece gracioso y suele ser un lugar común de miles de citadinos que no solemos ver esta falla en una perspectiva más amplia, ya que si vamos hacia una escala mayor, por ejemplo, a poblaciones rurales donde el acceso a la electricidad es limitado o inexistente, descubrimos que el problema es mucho más grande.

Los grupos poblacionales que están rezagados por la misma modernidad, y que no dejan de existir solo por no encontrarse dentro de nuestro campo de visión, abarcan desde a niños que carecerán de estudios para el futuro hasta sectores no específicos como mujeres, hombres, adolescentes y ancianos que suman a varios miles de personas que, tan solo en México, tienen con el manejo casi obligatorio de esta herramienta digital un obstáculo permanente al que enfrentarse para subsistir.

En contraparte, en la ciudad y las zonas urbanas hemos creído que la serie de privilegios que hemos añadido a nuestra vida cotidiana son parte de esa filosofía en la hay que esforzarse para sobresalir, y por ello, en una época en la que los cambios tan abruptos son el pan de cada día, el streaming, la vida en línea y la conexión global con los otros se vuelve algo fundamental que nos desvincula de quienes siempre han estado en la periferia.

Por mencionar algunos casos, tenemos el de los adultos mayores tanto en espacios rurales como en zonas marginadas de la metrópoli, así como a niños que durante la pandemia no han podido adquirir una computadora ni un medio para sumarse a sus clases virtuales, ni pertenecer al hiper-mundo.

 

Además, en la era digital, la publicidad invasiva y los escenarios orwellianos son parte ya de nuestra cotidianidad, lo mismo que el exceso de información que a la larga genera un letargo, cansancio y apatía reflejada en la disociación de lo que es real y lo que no, lo perecedero y lo que nos lleva a procrastinar de forma colectiva hacia un sin sentido y la disolución de nuestra existencia.

Dado que todos los problemas parecieran resolverse con un clic y “un gramo de tiempo te pone contento”, en el caótico contexto de la realidad una serie de elementos nos repiten que la social media y sus trofeos son la prioridad, que el imperio de la interacción virtual nos necesita y el posicionamiento en las grandes tendencias es lo que pareciera dictar el ritmo del futuro.

Al creernos “libres de divertirnos cuanto queramos”, como lo mencionó Huxley en su obra literaria más conocida, a medida que esta red global crezca tendremos que tomar la decisión de si pertenecer a ella ciegamente o no, de si en cambio encontrar una fisura entre su tejido para poder salir y analizarla, modificarla y conducirla, por lo menos, hacia una utilidad más ética en función de las necesidades del porvenir.

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