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La creación de Astérix y la historia de dos hombres que quisieron ser Walt Disney

Cómo fue que un comic sobre una remota aldea en tiempos del Imperio Romano pudo convertirse en el mayor éxito de ventas en Francia.
marzo 24, 2020

Estamos en el año 1959 después de Jesucristo. En Francia, los bandes dessinées son vistos como una lectura para niños o inadaptados sociales… ¿Todos? ¡No! Un pequeño pero empedernido grupo de artistas y editores en París tienen la intención de alcanzar el interés de una audiencia más amplia a través de una revista de tiras cómicas. Pero están atorados. Se comprometieron a incluir una serie que se pudiera desarrollar en un ambiente histórico y a nadie se le ocurre algo que pueda conectar con el público.

Dos hombres asumen la responsabilidad de sacar este comic adelante, pero deben apurarse porque el lanzamiento del primer número de la revista, titulada Pilote, está a solo dos meses. Albert Uderzo es el ilustrador de la historieta, mientras que la trama y los diálogos corren cargo del editor, René Goscinny. Para empezar, experimentan con fábulas medievales y protagonistas animales, pero el resultado no es de su agrado. Más vale que se apuren porque el tiempo se les viene encima.

Los creadores se encierran en el departamento del señor Uderzo y prometen no salir de ahí hasta que tengan algún material que puedan presentar a sus compañeros. Manos a la obra entonces. El señor Goscinny plantea la siguiente cuestión a su colaborador: ¿En qué periodo de la historia fue que Francia se hizo “francés”? Probablemente en la prehistoria, bromea el dibujante… o quizá fue en la época de los galos. ¡Por supuesto! Goscinny se agarra de esas palabras y en quince minutos teje su primera trama.

UN REFUGIADO QUE QUERÍA COMPETIR CON DISNEY

El 29 de octubre de 1959, un curioso personaje de nombre Astérix figuró en la portada del primer número de Pilote. Tenía un casco con alas, unos bigotes amarillos y parecía ser del tamaño de un pitufo. Para entonces, Goscinny y Uderzo ya contaban con ocho años de trabajo colaborativo en bandes dessinées, con algunos éxitos modestos en su curriculum, pero más fracasos de los que vale la pena contar. Bandes dessinées, por cierto, es el termino apropiado para referirse a las historietas que se comercializan en Bélgica y Francia. El líder indiscutible de popularidad por aquellos tiempos era Las aventuras de Tintín, una tira cómica creada por un autor belga conocido como Hérge.

Bélgica estaba a la vanguardia en la industria de los comics gracias al éxito de series como Tintin y Spirou, y a lo largo de los 50, Goscinny estuvo buscando cómo plantar su bandera en este mercado. Desde los 12 años había soñado con ser el Walt Disney de Europa, pero su extraordinaria ambición iba a estar marcada por incontables obstáculos, tanto en su patria como en el extranjero. Perteneciente a una familia judía, René Goscinny nació en 1926. Tras la invasión del ejército alemán en territorio francés, Goscinny tuvo que lidiar desde su adolescencia con la muerte de varios amigos y familiares, ya sea en campos de concentración o en el campo de batalla.

Con el avance de los nazis, Goscinny huyó con su madre y su hermano del país. Por una etapa estuvieron viviendo en Argentina y más tarde se asentaron en Nueva York. Después de la guerra, Goscinny regresó a Francia pero el país estaba en ruinas y no había trabajo. Con la cola entre las patas, sin un franco en el bolsillo y al borde de perder la cordura, regresó a Nueva York con su madre. En 1948, Goscinny conoció a Harvey Kurtzman, quien fuera fundador de la revista Mad pocos años después. A través de esta amistad, Goscinny pudo relacionarse con un par de ilustradores belgas que le abrieron las puertas de la industria de las tiras cómicas en Europa. Dichas amistades salvaron a Goscinny de abandonar sus sueños.

Con un pie ya en la puerta, Goscinny se dedicó a diversos oficios, aunque siempre buscando la forma de proponer sus ideas y vender sus historias a los editores de revistas. En 1952, se topó con un joven artista que era casi de su misma edad. Su nombre era Albert Uderzo, un hijo de inmigrantes italianos. A Uderzo le tocó la invasión de Francia cuando apenas tenía 12 años de edad, y pudo evitar lo peor del conflicto cuando se mudó con su familia de París a Bretaña. El estilo caricaturesco de Uderzo tenía fuertes similitudes con el arte animado estadounidense, parecido al de Tex Avery. Si bien Goscinny soñaba desde la infancia enm ser el Disney francés, y un artista del talento de Uderzo se presentaba como el primer camino hacia el cumplimiento de esa meta.

¡POR TUTATIS!

¿Cómo fue que los personajes de Astérix, Obélix y sus amigos de una aldea al noroeste de Galia tuvieron tanta resonancia con las audiencias de Francia, y luego exportaran su popularidad a buena parte del mundo? Cuando Uderzo y Goscinny lanzaron aquella tira cómica en Pilote, el éxito fue inmediato. Aunque la revista se cayó al poco tiempo por malos manejos financieros, Astérix halló su propio camino a través del lanzamiento de sus propios álbumes anuales o semi-anuales (en Francia, un “álbum” es como una novela gráfica). En 1961, Astérix le Gaulois agotó el tiraje de 6 mil ejemplares en su primer año de publicación, lo cual era impresionante en sí mismo, pero ya en 1967, el noveno álbum estaba moviendo 1.2 millones de ejemplares.

¿Entonces qué era lo que conectaba con el público francés? Habría que repasar la historia detrás del personaje. Bajo el mandato de Julio César, en el año 50 antes de Cristo -año en el que está ambientado el comic- el Imperio Romano se extendía por toda la Galia, aquella zona de Europa occidental que en la actualidad abarca los estados modernos de Francia, Bélgica, parte de Suiza, el norte de Italia y algunas zonas de Alemania y Países Bajos. En los diez años anteriores, la guerra de las Galias había dado el triunfo al poderoso imperio romano sobre la gran mayoría de tribus celtas.

Foto: Especial

Según el comic que narra las aventuras de Astérix y Obélix, no todo el territorio galo se había sometido al emperador Julio César. Al noroeste de Francia, justo en la Bretaña que había sido el hogar por muchos años de Albert Uderzo, había un pequeña aldea que aguantaba una y otra vez los embates de las tropas romanas. Esto era posible gracias a una poción mágica preparada por un druida de nombre Panoramix, la cual otorgaba poderes sobrehumanos a quienes la bebieran. Impulsados por estos superpoderes, Astérix y compañía podían defenderse del poderío militar y la superioridad numérica de sus enemigos.

Pero más allá de los actos de heroísmo o las aventuras, el éxito de Asterix no se explica por un orgullo nacionalista, sino al contrario, por historias que hacen burla del pueblo francés, así como de las culturas europeas de las cercanías. El humor característico del comic, cortesía de Goscinny, se apoyaba sobre todo en los estereotipos. Los niños disfrutaban el comic por los dibujos tipo Disney o Looney Tunes, pero los grandes se entretenían con los comentarios satíricos. Aunque algunos de estos retratos hoy pueden ser interpretados como “políticamente incorrectos”, las intenciones de los autores no eran las de insultar a nadie. Después de todo, Astérix siempre decía “lo que sea por una vida de tranquilidad”, aunado a un mensaje de armonía entre todos los pueblos.

En la actualidad, Astérix y sus amigos tienen presencia en todos los medios. Lo que empezó como una historieta en una revista hoy se puede disfrutar en diversos medios: películas animadas y live-action, videojuegos, juegos de mesa, juguetes, parques de diversiones y un largo etcétera que representa a una industria valuada en millones de euros. Y todo esto se debe a una sesión de brainstorming en un departamento de París entre dos sujetos que querían competir algún día con Disney. Se lo propusieron y lo lograron.

 

Con información de The Comics Journal.

Foto principal: Hannelore Foerster/Getty Images

Autor:
Javier Carbajal Doxálogo