Filosofía: ¿Por qué hay personas que tienen mejor suerte que otras?

Boecio, autor de 'La consolación de la filosofía', nos enseña que la Fortuna es engañosa; los que hoy están en la cima, mañana pueden caer.
marzo 1, 2021

Este 28 de febrero se cumplió un año del primer caso confirmado de COVID-19 en México. ¿Qué tipo de suerte tendría que tener una persona para ser el primer infectado de covid en un país de 126 millones de habitantes? Vaya, la probabilidad de sacarse el premio mayor en la Lotería Nacional es de 1 en 600 mil. Con esa calidad de fortuna, pero invertida, pudo ganar la lotería unas 210 veces. Pero en lugar de miles de millones de pesos, a este sujeto le tocó un patógeno nuevo. Fue entonces que, a partir de este primer caso, la suerte de millones de personas se decidió en un peligroso juego de probabilidades.

En caso de contraer el coronavirus SARS-CoV-2, en un inicio los epidemiólogos hablaron de una regla de 80-15-5. Esto quiere decir que tenías una probabilidad de 80 en 100 de desarrollar síntomas leves, si es que presentabas síntomas del todo. Para que desarrollaras un cuadro más grave que tal vez requiera hospitalización, pues la probabilidad se reducía a un 15 por ciento. Por último, se estimaba en 5 por ciento la probabilidad de ser entubado a un respirador artificial. ¿Y para morir? Hoy sabemos que la tasa de mortalidad del COVID-19 es poco menos del 1 por ciento.

La gente veía esta última cifra y pensaba, “Mmm, eso quiere decir que, en caso de contagiarme, tengo una probabilidad del 99 por ciento de sobrevivir, ¿a qué se debe el alboroto entonces? ¡Abran todo!” Una probabilidad de 1 en 100 no está tan mal, decía la gente que subestimaba la pandemia. Cierto, el covid no es un juego de ruleta rusa, pero había un par de detalles importantes que había que tomar en cuenta. El primero es que no toda la población que contraía el virus tenía las mismas probabilidades de vida, el segundo es que este virus se propagaba con mucha facilidad, y otro detalle es que, en una población de 126 millones de personas, el 1 por ciento sigue siendo demasiada muerte.

En el caso hipotético de que el 70 por ciento de la población mexicana se enfermase (el escenario de inmunidad de rebaño), estaríamos hablando de 882 mil defunciones. Por fortuna, las vacunas llegaron antes de que se cumpliese este pronóstico, y aunque se dice que lo peor de la crisis sanitaria “ya pasó”, el saldo de la tragedia es más que visible. A un año del primer caso confirmado de covid, cifras oficiales indican que en México hay 185 mil muertos, aunque al tomar en cuenta el exceso de mortalidad, la cifra real podría ser el doble. Entre 2020 y 2021, era inevitable que mucha gente iba a sacar la ficha negra, y para los que se salvaron del virus, fue un año en que la muerte estuvo tocando puertas cada vez más cerca de casa.

A estas alturas, ya no es nada fuera de lo común encontrarse con un mexicano que padeció covid. Menos raro es que una persona conozca a otra que ya lo tuvo. Ahora pensamos, cuán afortunados son aquellos que se han salvado de contraer el virus en los últimos doce meses, sobre todo en diciembre y enero, el periodo en el que hubo más contagios en el país. ¿Cómo le hicieron? Quizás respetaron las medidas de prevención al pie de la letra, o quizás ya eran inmunes al virus desde un principio, o tal vez fue pura buena suerte. En grandes urbes como la CDMX, no sería exagerado estimar que la mitad de la población (de 9.2 millones) ya se contagió en algún punto.

Vista aérea de un cementerio en Brasil para fallecidos por covid (Alexandre Schneider/Getty Images)

¿Pero cómo lidiar con la mala suerte de los que fallecen repentinamente a causa de esta (o cualquier otra) enfermedad? Aunque ciertos factores, como la edad y algunas comorbilidades, tienen un impacto negativo, las probabilidades siguen favoreciendo a cualquier paciente de covid. ¿Entonces qué fue lo que salió mal? ¿Por qué una persona puede superar el virus mientras que otra, con el mismo estado de salud, pierde la vida? ¿Podemos reducirlo a un asunto de mala suerte? Y de ser así, ¿por qué la vida puede parecer tan aleatoria?

¿Existe tal cosa como la suerte?

En esta era informática en la que vivimos, en la cual todo suceso exige una explicación racional, no parece haber mucho espacio para un concepto tan antiquísimo como la suerte. Para bien o para mal, con frecuencia nos vemos abrumados por ciertos fenómenos que buscan señales de orden en un mundo caótico, como la cultura de la meritocracia, la rendición de cuentas, la atribución de culpas, las teorías de conspiración o la necesidad de hallarle una base científica a cualquier problema. Por ello, es difícil tomar en serio la opinión de un sujeto que recurre a la suerte para explicar un suceso, aunque sea aparentemente espontáneo. Si un peatón muere arrollado por una llanta que salió disparada de un accidente automovilístico, es más fácil culpar al occiso por andar distraído en la banqueta que simplemente decir “¡Qué mala suerte!”

La realidad es que cada día que salimos a la calle arrojamos los dados en un salvaje juego de probabilidades. Digamos, por ejemplo, que la probabilidad de que te asalten en la colonia Roma de la Ciudad de México durante las horas de la mañana, después del amanecer, tal vez sea de 1 en 100 mil, pero si andas caminando en la colonia Roma en las horas de la noche, la probabilidad de ser asaltado debe aumentar considerablemente ¿1 en 10 mil podría ser? Si eres un hombre, la probabilidad de ser acosado por una mujer en la calle tal vez sea de 1 en 100 mil. Si eres una mujer, la probabilidad de ser acosada por un hombre en la calle podría ser de 1 en 10. Cabe aclarar que estas cifras no fueron extraídas de ningún estudio científico, solo son estimaciones basadas en estadísticas de delitos, pero es evidente que nuestras vidas a menudo dependen de factores que están fuera de nuestro control. Y esto puede ser desesperante.

Como consecuencia, puede que preguntemos ¿qué uso tiene cultivar una vida de virtudes si un día, a los cuarenta y tantos años, andas cambiando un foco en la escalera, te caes y te mueres? Esta y otras frustraciones vinculadas a la suerte han sido un tema favorito de muchos pensadores en el pasado, incluso en la antigüedad, cuando en algunas culturas la suerte tomaba la forma de una diosa de nombre Fortuna. Quizás el más famoso de estos ilustres filósofos sea Boecio, quien se atrevió a preguntarle en su cara a la diosa Fortuna ¿por qué hay personas que tienen mejor suerte que otras?

La Filosofía se le aparece a Boecio (https://wellcomeimages.org/indexplus/obf_images/d5/83/a7e2f5eb64e327788cde32337fa4.jpgGallery: https://wellcomeimages.org/indexplus/image/V0007541.htmlWellcome Collection gallery (2018-04-03): https://wellcomecollection.org/works/r59nu48v CC-BY-4.0, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=36433672)

¿Quién fue Boecio?

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio era una senador romano que vivió en una época en que el viejo imperio se había partido en dos. Su respectivo lado tuvo la mala fortuna de haber sido destruido y saqueado por pueblos que antes eran dominados por Roma: hérulos, visigodos, vándalos, etcétera. Al inicio del siglo VI después de Cristo, Italia estuvo bajo el yugo del pueblo ostrogodo, una tribu germánica encabezada por Teodorico el Grande, el tirano que reinaba sobre Roma cuando Boecio ejercía varios cargos de gran importancia como cónsul. A pesar de la animosidad, los godos permitieron que la aristocracia romana conservara sus privilegios y sus estructuras de poder, y por ello, Boecio alcanzó a ser un personaje de vasta influencia en la vida pública del Reino de Italia, ganándose la confianza de Teodorico… por un tiempo.

En el año de 523, cuando Boecio estaba en la cima del poder y su familia gozaba de riquezas y prestigio, sus rivales políticos fabricaron algunos delitos graves en su contra y lo acusaron con Teodorico de conspirar con elementos del imperio enemigo para derrocar al rey. Como todo buen tirano, a estas alturas Teodorico vivía un miedo constante de ser traicionado, y gracias a su paranoia, fue fácil convencerlo de la culpabilidad de Boecio. Acto seguido, el rey de los godos ordenó la detención de su hombre de confianza en el Senado. Boecio fue torturado y ejecutado poco tiempo después en Pavía, se asume que por decapitación. No tenía más de 45 años de edad cuando perdió la cabeza. Reconocido como mártir por la Iglesia Católica, el filósofo romano fue canonizado en 1883 en tiempos del papa León XIII.

No obstante su juventud, Boecio fue un personaje extraordinariamente culto. A menudo etiquetado por historiadores como “el último de los romanos y el primero de los escolásticos”, Boecio fue ese vínculo que rescató la sabiduría de la antigüedad para plantar las semillas de su difusión en la Edad Media. Estudioso que escribió numerosos tratados sobre los textos de Platón, Aristóteles y los neoplatónicos, Boecio es mejor recordado en la actualidad por la última de sus obras, la cual escribió mientras estaba en prisión, días antes de su cita con el verdugo: La consolación de la filosofía.

En este texto, Boecio se lamenta por la tremenda injusticia de su condición y maldice a la Fortuna por darle la espalda sin explicación ni motivo alguno. Pero no es esta diosa pagana la que responde a sus súplicas, tampoco lo hace un ángel de Dios; más bien la que hace acto de aparición es la Filosofía. En sus diálogos, Boecio interpela a esta personificación de la sabiduría humana, así que la Filosofía intenta aliviar sus penas terrenales mediante un sublime ejercicio de reflexión intelectual y espiritual. En suma, La consolación de la filosofía sintetiza en cinco capítulos el pensamiento boeciano, un último intento para reivindicar su fe en Dios y alcanzar en vida el bien supremo, la máxima felicidad. En términos religiosos, esto significa ser uno con Dios. Para cumplir este objetivo, primero tendría que superar su conflicto con la Fortuna.

¡Gira la rueda de la fortuna!

INSTRUCCIONES: Toma 10 papelitos y anota números del 1 al 10 en cada uno. Pon los papelitos en una bolsa y gira la bolsa varias veces. Saca un papelito sin mirar y busca el número que te salió en la siguiente lista. De todas las reflexiones boecianas en La consolación de la filosofía, esta es la lección o la advertencia particular que la Fortuna seleccionó para ti:

1. PREMIO MAYOR: “¿Cuál es, ¡oh mortal!, la causa de tu tristeza y de tu llanto? Al parecer, has visto una cosa nueva e inusitada. Crees que la fortuna ha cambiado para contigo y te equivocas. Ha tenido siempre las mismas costumbres, idéntico carácter. Di más bien que contigo ha mostrado la constancia que le es propia en su inconstancia; es la misma que te acariciaba, al seducirte con el cebo de una prosperidad engañosa. Ya has sorprendido el doble rostro de esta potencia ciega. Velada todavía para los demás, a ti se te ha descubierto por entero. Si apruebas sus procederes, acéptala sin quejas. Si aborreces su perfidia, desprecia y rechaza su peligroso juego. Porque la que hoy es causa de tu gran pesar debía serlo de tu calma. Te ha traicionado, en efecto, aquella de quien nadie puede esperar otra cosa sino la traición.”

2. “Pues he aquí lo que [la Fortuna sabe] hacer, el incesante juego al que [se] entrega: Hago girar con rapidez mi rueda, y entonces me deleita ver cómo sube lo que estaba abajo y se baja lo que estaba en alto. Súbete a ella, si quieres, pero a condición de que cuando la ley de mi juego lo prescriba, no consideres injusto el que te haga bajar”. TIENES DERECHO A SACAR UN NÚMERO MÁS.

3. “El hombre, cuanto más feliz, más exigente se muestra; y si no tiene a su alcance todo lo que desea, muy pronto se abate ante los más pequeños reveses, ya que no sabe sufrir: ¡así son de ligeras las contrariedades que impiden a los favorecidos de la Fortuna llegar al colmo de su bien! ¿Puedes imaginar el gran número de personas que casi se creerían dioses si pudieran alcanzar siquiera una pequeña parte de los despojos de tu fortuna? Este mismo lugar que tú llamas el destierro, es la patria para los que en él habitan”.

4. “Si la bienaventuranza es el bien supremo del ser racional y si semejante bien nadie puede arrebatarlo (porque entonces ya no sería supremo sino inferior a aquel que no puede perderse), es evidente que la Fortuna, de suyo inestable, no puede hacer suya la felicidad”. SI NO TE CONSIDERAS FELIZ, PUEDES SACAR OTRO NÚMERO.

5. “¿Atrae vuestras miradas el fulgor de la piedra preciosa? Pues si en él hay algún valor, propiedad es de la piedra y no del hombre aquella luz cambiante. ¡Extraña cosa es que vosotros la admiréis! Porque, ¿qué cosa carente de vida y movimiento, sin cuerpo orgánico, puede razonablemente parecer hermosa a los ojos de un ser dotado de vida y de razón?” SI PORTAS EN ESTOS MOMENTOS ALGÚN OBJETO MATERIAL DE VALOR, PUEDES SACAR OTRO NÚMERO.

6. “Todas las cosas del mundo se contentan con lo suyo; pero vosotros, a quienes la inteligencia hace semejantes a Dios, pretendéis engalanar la excelsitud de vuestra naturaleza con la posesión de cosas viles, sin comprender la injuria que con ello inferís a vuestro Creador. Él quiso y determinó que la especie humana fuese superior a las demás, y vosotros rebajáis vuestra dignidad a un nivel inferior al de las cosas”.

7. “Las riquezas no pueden saciar ni extinguir la avaricia; el poder no conseguirá jamás hacer dueño de sí mismo al que se ve encadenado en las prisiones de sus vicios; por último, una dignidad conferida al malvado no solamente no lo hace digno de ella, sino que más bien lo traiciona haciendo patente su indignidad. Y esto, ¿por qué? Sencillamente, porque a vosotros os gusta dar nombre falso a las cosas, atribuyéndoles naturaleza muy distinta de la que tienen; pero después los hechos vienen a desmentiros: he ahí por qué ni vuestras riquezas, ni vuestro poder, ni vuestras dignidades merecen llamarse con esos nombres”. SACA OTRO NÚMERO, Y SI ES PAR, PUEDES SEGUIR LEYENDO EL BONUS.

BONUS: “Para terminar, te diré que esta conclusión puede hacerse extensiva a todo lo que la Fortuna proporciona; la cual ciertamente nada tiene que sea apetecible, nada que posea valor intrínseco. Además, no siempre ayuda a los buenos; y si favorece a los malos, no por eso los mejora”.

8. “¿Qué les puede quedar a los hombres superiores —porque de ellos hablo—, qué les puede quedar de una fama perecedera que habrá de seguir a la destrucción del cuerpo por la muerte? En efecto: si concedemos —lo que es contrario a nuestros principios— que el hombre por la muerte fenece totalmente, la gloria no es nada, puesto que aquel a quien se dice pertenecer ya no existe. Si, por el contrario, un espíritu que tiene conciencia de su mérito, libre de su prisión terrena, se eleva hasta los cielos, ¿acaso no despreciará todo lo de este mundo una vez que, gozando del cielo, se sienta feliz por haber dejado la tierra?”

9. “Considero, en efecto, que más aprovecha a los hombres la fortuna cuando les contraria que cuando les favorece; pues si se muestra propicia, engaña con sus falsas apariencias de felicidad; si es adversa, no puede menos de ser sincera, ya que sus mismas alternativas demuestran su inestabilidad. […] En otras palabras, la próspera fortuna aparta del bien verdadero con sus caricias seductoras; la adversa, trayendo a los hombres prendidos en su arpón, los hace volver muchas veces al camino de la verdadera felicidad”. SI HOY TUVISTE MALA SUERTE, SACA OTRO NÚMERO.

10. CASTIGO MAYOR: “Si dejas tus velas a merced de los vientos, no avanzarás a medida de tus deseos, sino conforme ellos te llevaren. Si confías al surco la semilla, verás que los años estériles se compensan con los feraces. Si, pues, te has sometido a la autoridad de la Fortuna, forzosamente debes obedecer a la que has tomado como dueña. ¿Y pretenderías tú detener la marcha de su rueda inconstante? ¡Oh, el más insensato de los mortales!, ¿no ves que si deja de mudarse, ya pierde de ser Fortuna?”

“DINOS QUÉ SE GANÓ, SEVERINO”

Una vez que alguien acepta la inconstancia de la Fortuna, dejará de otorgarse tanto mérito por los obsequios de la suerte y tendrá poco de qué lamentarse ante la pérdida de bienes efímeros. Claro, es reconfortante mantener una disciplina tan estoica cuando tu coche termina destruido después de un accidente, ¿pero qué le dices al que perdió a un ser querido, por ejemplo, por la pandemia de coronavirus? Incluso el fiel Job se mostró difícil de consolar tras la muerte de toda su familia: “El luto es parte de mi cuerpo, en el polvo tengo enterrada la frente”(16:15).

No hay ser humano en la historia que no haya o tenga que experimentar trágicos sucesos, “porque en una misma hora hace reír al que llora, y al que llora da alegría,” dice Boecio sobre la Fortuna. Cierto, parece que el mundo se detiene mientras la rueda sigue girando indiferente a las lágrimas, pero estas son las reglas del juego, y más rápido podrán superar sus penas los que estén dispuestos a enfrentarlo. Pero ojo, que hay una manera de ganarle a la Fortuna, adquiriendo un bien que ni siquiera esta diosa puede robarte: la bienaventuranza, “aquello que se apetece por encima de todo lo demás”. Es lo que Platón identificaba como el Bien ideal, Aristóteles como la máxima felicidad, y San Agustín como el retorno a Dios. Para Boecio, “Dios y la felicidad son el Bien sumo: por tanto, la suma Felicidad es una misma cosa con la suma Divinidad”.

“Puesto que la consecución de la felicidad hace feliz al hombre y, además, la felicidad se identifica con la divinidad, es indudable que lo que nos hace felices es llegar a conseguir la divinidad. Y a la manera en que el justo llega a serlo por la adquisición de la justicia y el sabio lo es porque adquirió la sabiduría, el que alcanza la divinidad se convierte en dios”.

Ser dios. Vaya premio. Pero eso ya es otra discusión.

Imagen principal: Valentina Avilés, a partir de la carta de tarot de la rueda de la fortuna.

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Autor:
Javier Carbajal Escritor residente