Los fenómenos naturales que dejaron huella en 2019

En 2019, los fenómenos naturales nos mostraron la grandeza del mundo vivo sobre el que caminamos y la inmensidad del universo que nos rodea.
diciembre 5, 2019

Los fenómenos naturales, a diferencia de los desastres naturales, suelen entenderse como acontecimientos insólitos y eventuales que genera la propia naturaleza y, en consecuencia, logran sorprendernos con sus maravillosas apariciones.

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Algunos de los más esperados son los astronómicos, pues desde tiempos inmemoriales los seres humanos nos hemos sentido más que fascinados por lo que sucede con los cuerpos celestes que nos rodean. Sin embargo, en esta lista es habitual encontrarse con fenómenos de tipo atmosféricos, hidrológicos, biológicos y ecológicos.

La Luna desde el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, Australia. (Lisa Maree Williams/Getty Images)

Con el fin de cerrar el año recordando las grandiosas imágenes y sucesos de los que la naturaleza nos hizo parte, daremos un breve vistazo a los fenómenos naturales que dejaron huella en 2019.

Fenómenos astronómicos

De enero a diciembre, la Luna transitó por diversas partes de la Tierra y Mercurio desafió al gigantesco espacio negro del Universo para orbitar alrededor del Sol.

Cronológicamente, en el primer mes del año tuvo lugar la lluvia de Cuadránticas; la primera caída de meteoros con una fortaleza inferior que nos hizo recibir al 2019 de una forma muy peculiar.

A esta le siguió una ronda de eclipses entre los que se encontró uno parcial de Sol, observado desde Asia y el Pacífico, y otro total de Luna, el cual fue visible en las partes norte y sur de América así como  del lado occidental de Europa.

En febrero, el movimiento de la Luna hizo posible que se pudieran observar objetos débiles como galaxias y cúmulos de estrellas a lo largo del firmamento, sin embargo fue la Luna llena de esta temporada la que causó una gran euforia entre los amantes del cuerpo celeste y los cielos nocturnos.

Luna roja vista desde Marina del Rey, en California. Enero 2019. (Rich Polk/Getty Images)

Y así fue como entramos a uno de los momentos más esperados de los fenómenos astronómicos de 2019, cuando la lluvia de meteoros conocida como Líridas hizo su aparición cruzando el cielo en abril. Lo sorprendente en esta ocasión es que fueron visibles a plena luz del día los meteoros y su recorrido alcanzó una velocidad de 20 rocas por hora en su punto máximo. En mayo, la lluvia de Eta Acuáridas reprodujo hasta 50 meteoros por hora y atravesó el oscuro firmamento al rededor de la media noche, lo que hizo posible que irradiaran la constelación de Acuario.

La Luna azul se convirtió en otro de los eventos favoritos de 2019, pues al ser la segunda luna llena dentro del mismo mes -mayo- se ubicó al lado opuesto de la Tierra y permitió que su brillante tonalidad platinada cambiara a destellos turquesas. Por si fuera poco, fuimos privilegiados al presenciarla ya que suelen ocurrir cada 2,7 años.

Luna azul en mayo 2019. (NASA/Joel Kowsky)

De la misma forma que Mercurio hizo su grandiosa aparición sobre las alturas terrestres al inicio de año, Júpiter se colocó en una de sus posiciones más próximas a nuestro planeta permitiendo que el Sol iluminara su cara, por lo que el gigantesco planeta que recorrió su órbita en compañía de todos sus satélites nos entregó un espectáculo sin precedentes.

En el mes de julio tuvo lugar un eclipse total de Sol visible desde el Océano Pacífico y el cono sur, tomando a Chile y Argentina como espectadores en primera línea. Después, en el mismo periodo de tiempo, Saturno entró en oposición y se colocó cerca de nosotros como lo hicieron Júpiter y Mercurio con anterioridad.

El rey de los anillos fue visible durante toda la noche y solo se requirió de un telescopio mediano para presenciar su recorrido.

Las Delta acuáridas cerraron los primeros seis meses del año con una travesía nocturna realizada por 20 meteoros. Estos fueron producidos por el reducto de los cometas Marsden y Kracht, llegando a su punto máximo durante la noche.

Después llegaron las Perseidas, un grupo de espectaculares meteoros provenientes del cometa Swift-Tuttle descubierto en 1862. Ellas produjeron una gran cantidad de meteoros brillantes y pasaron sobre el firmamento en el mes de agosto, comulgando como las Delta en el mismo escenario que nuestro satélite natural: la Luna.

En septiembre tocó el turno a Neptuno para entrar en oposición, por lo que este gigante azul fue visible como un diminuto punto en el horizonte. Aquí se requirió de un telescopio profesional para poder tener una mayor noción de su visita.

Un mes después -octubre- el cielo volvió a ser el testigo del recorrido de las Dracónidas, una lluvia de meteoros menores producida por trozos de polvo del cometa 21P Giacobini-Zinner, el cual fue descubierto en 1900 y dejó como resultado un desfile inusual de cuerpos celestes que resulta un preludio interesante para las Oriónidas.

Estas estrellas llegaron a nuestro planeta por el rastro del cometa Halley y alcanzaron su mayor punto junto a las grandiosas lunas de octubre, las cuales ofrecieron un escenario interestelar al que se sumaron Urano y Orión, pues los meteoritos irradiaron esta constelación a la par que el gigantesco planeta entró en el panorama nocturno.

Pero sin duda alguna fue el extraño tránsito de Mercurio al rededor del Sol el fenómeno astronómico que logró enmarcar nuestro asombro, perplejidad y emoción en un solo recorrido, pues cuando el planeta más cercano a la estrella que gobierna nuestro Sistema rodeó al gigante dorado y pasó entre la órbita de la Tierra, la dimensión de su tamaño en comparación con el gran astro nos dejó atónitos y expectantes ante la inmensidad del Universo.

Mercurio transita frente al Sol (Data courtesy of NASA/SDO, HMI, and AIA science teams)

Fenómenos atmosféricos

Por el lado de los fenómenos atmosféricos, la gran mayoría de estos no pudo negar la “pequeña” intervención del hombre en su aparición sobre el globo.

Incendios forestales, fuertes huracanes, ciclones, lluvias tropicales y tifones fueron diagnosticados desde finales de 2018 para servir de alerta a los posibles estragos que traerían a diversas partes del mundo.

Pero aunque estos avisos fueron escuchados, los fenómenos que pronto se transformaron en desastres naturales terminaron por sacudir al planeta y recordarnos la magnitud del sistema vivo sobre el que caminamos.

Fenómenos hidrológicos

Este año, la Antártida presentó un gran derretimiento de glaciares que alertó a la NASA y a especialistas, pues desde 2012 no se tenían registros de tal pérdida de hielo, sin embargo, el fenómeno fue un poco más comprensible cuando se rebasó la línea de participación humana y se observaron las temperaturas que habían alcanzando las aguas de océanos y mares por el calentamiento global.

Desde enero hasta septiembre este comportamiento en el ártico llamó la atención sobre la emergencia climática que el planeta atraviesa, por lo que se esperó que estos hechos, junto a la gran cantidad de desastres naturales suscitaran una mayor empatía en los diferentes sectores sociales.

Un hecho un poco menos turbio fue el del surgimiento de pequeñas bolitas de hielo en las playas de Siberia y Finlandia, aparición que se explicó al decir que el origen de estos huevos de hielo requieren la mezcla de varias condiciones meteorológicas y geográficas para producirse.

Lo cual ocurre cuando el mar se enfría hasta el punto de congelación y forma cristales redondos cerca de la superficie.

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Fenómenos biológicos y ecológicos

El 2019 fue un gran año para algunas especies, como los tiburones peregrinos que volvieron a aparecer en las costas del Atlántico y el Pacífico, así como para algunos mamíferos que se libraron de la extinción, sin embargo, debido a los terribles incendios forestales, la biodiversidad fue a la baja en esta ocasión y se espera que el grave daño causado a los ecosistemas naturales pueda pronto encausarse hacia un equilibro que mejore el panorama.

Erupciones y actividad volcánica

En Guatemala se registraron hasta 20 explosiones en Volcán de Fuego, el cual se encuentra a escasos 35 kilómetros al suroeste de la capital. Estas sucedieron cada hora y alcanzaron los 4,000 metros de altura sobre el nivel del mar, mientras que por la noche la incandescencia en el cráter provocó que avalanchas de lava descendieran por las cuencas del cono volcánico.

El despertar de Iztaccíhuatl

El volcán registró una pequeña explosión en su ladera sur, por lo que el  Departamento de Sismología y Vulcanismo del Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas explicó que la actividad podría relacionarse a la acumulación de gases.

Iztaccíhuatl cuenta con siete chimeneas, y pese a que no se registró ningún altercado, la noticia puso en alerta a los investigadores para evitar cualquier tipo de tragedia.