Las voces del sismo del 19S

Los damnificados que siguen en los albergues, las víctimas, los sobrevivientes... Aquí te mostramos tres historias que pretenden darle voz a ellos.
octubre 19, 2017


Los damnificados que siguen en los albergues, las víctimas, los sobrevivientes… todas son voces que aun tienen mucho qué decir sobre lo que ocurrió y sigue ocurriendo después del terrible sismo del 19 de septiembre de 2017. Aquí te mostramos tres historias que muestran diferentes aspectos de este hecho que marcará por siempre a la sociedad mexicana:

El testimonio de una sobreviviente

Esta animación muestra el testimonio de Lucía Lizbeth Zamora, una sobreviviente del sismo del 19 de septiembre de 2017.

Lucía narra lo ocurrido desde que se percató del temblor hasta que pudo ser salvada por los rescatistas.

Lucía quedó atrapada por 36 horas junto a un compañero en el edificio que colapsó en Álvaro Obregón 286:

Yo, lo primero que hice: vi el celular. Creo que después recé un Padre Nuestro. Y, tercero, le pregunté a Issac ¿estás herido?, ¡tócate, revísate!

Después de que las horas pasaron, su situación se fue volviendo más y más una realidad: estaban atrapados.

“Cualquier ruido, para mí era una esperanza”

Cuando Lucía fue rescatada, una de las cosas que le llamó más la atención a la gente, es que ella estaba sonriendo:

Yo no sabía que estaba sonriendo, yo estaba feliz, y a parte los rescatistas me hacían reír muchísimo.

Al final, Lucía agregó:

Ellos [los rescatistas] me regresaron a la vida

La vida en los albergues

Don Eduardo vivía en los multifamiliares de Tlalpan y pudo sacar su guitarra rota y a sus 11 perros.

Encontró albergue en una escuela, pero no para todos sus perritos, nada más le dejaron quedarse con Peluche y Lucas.

Al resto de los animales que recogía de la calle los tuvo que donar. Él decidió quedarse con los más vulnerables.

Don Eduardo dice que ni a ellos ni a él les falta algo. Su albergue está completo, hay cocina, farmacia, baños, pero “la casa, es la casa”:

“Cuando tengo un problema no me quita el sueño, pero hay gente que sale sin la licencia de conducir y va muerta de pánico. Cuando tengo un problema veo cómo lo voy a solucionar, pero no estoy ni deprimido ni sufriendo”, aseguró Eduardo de los Ríos.

Los tres viven en una casa de campaña rota.

En distintas condiciones está otro grupo de vecinos del multifamiliar en lo que era la cancha de básquetbol, hoy hay casas de campaña, los niños de la señora Marcela juegan entre las goteras. Las pertenencias y los víveres se mojan por completo.

Marcela García, damnificada, dijo:

“Tenemos el espacio muy pequeño realmente para seis personas, aquí dormimos los tres adultos con los tres niños, como ves ahorita el bebé está descansando”.

Su departamento quedó de pie, pero inhabitable:

“Estamos devastados, devastados, qué haces si de tener tu casa a tener tus cosas, no tienes nada yo podía cocinar, podía hacer cosas, tu vida no vuelve a ser igual”, señaló la señora Marcela.

En el campamento, cuatro topos tratan de ayudar cómo pueden y con lo que tienen. Ellos sacaron gente viva y cuerpos, aún no se han ido.

El comandante Tlacuache dice que el trabajo de los topos no nada más es sacar vidas o sacar cuerpos:

“El trabajo de los topos también viene después de los rescates, el trabajo que se hace después de la reconstrucción”, agregó el comandante Tlacuache.

Durante tres días trabajaron para hacer unos baños dignos dentro del campamento, ya que los portátiles ya se convirtieron en focos de infección.

Ante la falta de apoyo, ellos se movieron para conseguir tasas y regaderas eléctricas, para las tuberías tuvieron que aplicar el ingenio, un spray para el pelo como soplete y un trapo mojado para dar forma.

El comandante tlacuache, comentó:

“Gracias a Dios salí mexicano y como todo buen mexicano nunca se queda parado”.

Ha pasado un mes, pero el ánimo no ha decaído: hay mucho por hacer.

Restaurantes de la Condesa luchan por recuperar vida económica de la colonia

Alam Bello, chef del restaurante de comida oaxaqueña Pasillo de Humo, asegura que el pasado fin de semana el establecimiento se llenó por primera vez desde que el sismo sacudió la ciudad, aunque en un día como aquél (un sábado inmediato a la quincena) normalmente había hasta 14 mesas en lista de espera.

Alam y los socios de Pasillo de Humo han acercado a la gente a su negocio desde dos frentes: por un lado, haciendo descuento a los vecinos que con su identificación demuestren que viven por la zona y, por el otro, siendo parte de los tours gastronómicos que organiza Rocío Vázquez para reactivar los restaurantes y cafeterías de la zona.

Rocío se dedica desde hace cinco años a organizar recorridos para turistas en la Ciudad de México. De acuerdo con Rocío y los comerciantes, las principales razones por las que el consumo en establecimientos de La Condesa ha disminuido son: el miedo a que los edificios no sean seguros, la idea de que no hay establecimientos abiertos en la zona o que las personas se sientan frívolas saliendo a disfrutar de los restaurantes, bares y cafeterías. Por eso el objetivo es presentar la zona en su cotidianidad y acercar a los cocineros con los clientes para abrir un diálogo respecto a la zona y su vida comercial.