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Barcelona 92: Así se gestó la gran “mentira” del encendido del pebetero olímpico

La inauguración de los Juegos Olímpicos Barcelona 92 estuvo protagonizada por el encendido del pebetero; esta es la historia que hay detrás.

En la historia de los Juegos Olímpicos existen grandes inauguraciones, unas más espectaculares que otras, sin embargo es innegable que una de las más recordadas -sino es que la más- sucedió en Barcelona 92. Toda una puesta en escena que tuvo su director, sus actores y su gran protagonista en el encendido del pebetero olímpico.

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En las icónicas escenas que permanecen en el recuerdo se puede ver cómo el tirador enciende la punta de la flecha con el fuego de la antorcha olímpica, se posiciona y la suelta con dirección al pebetero, logrando que esta entre para causar el furor de la gente que estaba en el Estadio Olímpico de Montjuic, Barcelona, o viendo la inauguración a través de la televisión.

“¡Increíble!”, seguro llegaron a exclamar millones de aficionados al ver el momento sin saber que todo esto sería un espectacular montaje ideado por Reyes Abades, un especialista de efectos especiales de cine que encontró en este momento una de sus grandes ‘obras maestras’ de su carrera.

El director

Aquel 25 de julio de 1992 pasó a la historia como el día en que una flecha fue lanzada a varios metros de distancia del pebetero para poder encenderlo y así dar como inaugurados los Juegos Olímpicos de 1992; sin embargo, nada más falso que esto.

Años después del gran encendido se pudo saber que en realidad esa famosa flecha nunca cayó dentro del pebetero. La saeta sobrevoló la estructura y pasó de largo para caer en una zona fuera del estadio mientras otra persona prendía el haz de gas del pebetero para que este encendiera la llama. Todo estaba fríamente calculado en la mente de Reyes Abades y en la ejecución.

“Llevaba días y días diciendo dónde debía poner la cámara, donde no se viera el truco. Y ordené que no hubiera más planos”, recordó el Abades sobre la forma en que logró que el mundo entero terminará maravillado con el encendido del pebetero sin saber que esa flecha nunca entró.

Sin embargo, al darse a conocer que en realidad la flecha pasó por encima de la estructura, no faltó quienes catalogaron el hecho como un fraude o engaño, aunque para la mente que ideó todo en realidad ahí radica toda la magia del momento.

“Los efectos especiales tienen ese encanto. Había truco, pero la flecha tenía que hacer magia. Todo quedó perfecto, sincronizado. Dicen que engañamos a todos, pero no engañamos a nadie. Los efectos, el cine, todo es magia y así hay que entenderlo. Ese atrevimiento fueron 86 metros de magia pura. El fuego tenía que pasar por allí”, aseguró en una entrevista Abades.

Años después Reyes confesó que tras el exitoso encendido del pebetero sintió una gran alegría y también tristeza, pues sus pensamientos se volcaron en el imaginar qué hubiera sucedido si las cosas no salían de la manera correcta. “El responsable de todo era yo. ¡Me habrían colgado directamente del pebetero si fallamos”, rememoró, aunque finalmente terminó por celebrar.

Reyes también aseveró que le hubiera gustado que el secreto de su obra permaneciera así, en secreto, y confesó que, si tuviera la oportunidad de volver a protagonizar el momento, no lo tomaría por lo atrevido de la situación.

“Ha sido el efecto más complicado que hemos hecho nunca porque era en vivo y en directo. En cine es más fácil. Si falla una flecha entre muchas no pasa nada, el espectador ni lo ve o el director repite la toma. Aquí no”, sostuvo Abades.

Reyes Abades falleció el 1 de febrero de 2018 a los 68 años de edad. En su historial se quedan los 9 Goyas -premios a lo mejor del cine español- por mejores efectos especiales y un gran número de películas. Sin embargo, en el mundo del deporte, siempre será recordado como el que hizo posible el flechazo más importante de unos Juegos Olímpicos.

Los actores

Conseguir el papel principal de una obra, película o una ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos no es nada sencillo y eso lo supo muy bien Antonio Rebollo, el arquero que tuvo en sus manos esa flecha que alcanzaría la inmortalidad.

Meses antes del histórico momento, Ric Birch, el productor ejecutivo de la ceremonia, tuvo como idea el homenajear a la cultura mediterránea con un lanzamiento de arco, así que sometió a 200 arqueros a una serie de pruebas hasta que únicamente quedaron dos: Joan Bozzo y el propio Rebollo, quien hasta los últimos momentos fue asegurado como la persona quien lanzaría la flecha.

“Creo que hasta el último momento intentaron que el arquero fuera catalán (por la ciudad donde se hicieron los juegos), pero la verdad es que yo no fallaba nunca y Bozzo sí”, recordó Antonio, por lo que Joan finalmente se quedó como reserva.

Para el 25 de julio de 1992, Rebollo no era un desconocido en el deporte español ni paralímpico. Debido a una poliomielitis sufrida a los ocho meses que afectó de forma importante su pierna derecha, el arquero encontró el camino para participar en los Juegos Paralímpicos de Nueva York 1984 (plata) y Seúl 1988 (bronce) y ser destacado para su país, sin embargo a partir de ese día su nombre quedaría más que grabado para el mundo entero.

Así, a las 22:40 horas, el último relevista que tomó la antorcha olímpica, Juan Antonio San Epifanio “Epi”, encendió la flecha que Rebollo ya sostenía y en cuestión de segundos esta voló hacia el pebetero, pasándole por encima como estaba previsto y generando un efecto que emocionó al público.

“Toda aquella expresión de júbilo, todo ese ambiente, me superó de golpe. Estaba alucinado. Me empezaron a llevar de aquí para allá y no sabía ni lo que estaba pasando”, aseguró en una entrevista Rebollo.

Rebollo hizo a la perfección su tarea y encendió el fuego olímpico (Foto: Twitter)

Pasada la emoción y el tiempo, el arquero también se vio afectado por las críticas que señalaban que todo había sido un engaño y esto era algo que molestaba al atleta, pues el momento así debía ser, para protección de todos, así lo confirmó en uno de los varios ensayos que se tuvieron previos a la inauguración.

Durante una de las pruebas, Rebollo solicitó permiso para intentar que un disparo cayera en el interior del pebetero y este fue aceptado.

“En el primer intento, la flecha pegó en la estructura y cayó hacia la grada; en el segundo, la metí dentro del pebetero, pero el impacto fue tan fuerte que me cargué las tuberías que había ahí dentro y tuvieron que llamar a la compañía del gas para que las arreglaran”, confesó Rebollo, quien en ese momento entendió porqué la flecha debía sobrevolar el pebetero.

Respecto al accionar de Rebollo, Reyes Abades aseguró que “fue el actor perfecto, su actuación rozó la perfección, nadie lo habría hecho con ese temple, ese aplomo, sin prisas”, confirmando que la elección por él fue más que correcta y quedando para siempre en la memoria de millones de personas que vieron su magnífico flechazo.

La gran protagonista

En Barcelona 1992, más allá de los atletas, la ciudad y los ganadores -por una cuestión lógica- un objeto inanimado también lograría trascender más allá del tiempo y quedará guardada en la memoria colectiva: la flecha que lo inició todo.

Lograr hacer la saeta de Barcelona no fue trabajo sencillo, “hay que ser atrevido”, reconoció Abades sobre su realización y es que el trabajo no consistió en hacer una, como fuera, prenderla y lanzarla.

La pieza final, y sus réplicas, funcionaron debido a un sistema de apertura de oxígeno que se fue perfeccionando poco a poco. Esto se consiguió perforando la punta con una broca de un milímetro para que entrara el aire exacto y permitiera que la llama se sostuviera durante el disparo; además otro cono interno atenuaba la fuerza del aire en el punto exacto.

“Hasta dar con esto hubo que perseguir y perseguir. Empezamos perforando dos milímetros en los conos y fuimos variando. Más, menos, más…”, aseguró Reyes, quien también confesó que “nunca creí que esta fuera la definitiva. Dimos con ella 20 días antes de la inauguración”.

Sobre el líquido inflamable que se ocupó en la flecha, Abades fue más precavido sobre su información y en entrevistas a diferentes medios nunca detalló cómo se logró. “Si te lo digo, tendría que matarte”, dijo alguna vez, limitando sus comentarios a que se mezclaron “cuatro o cinco líquidos” para hacer el componente ideal.

Como estaba previsto, la flecha pasó por encima de la estructura y se fue de largo, cayendo en un perímetro cerrado, donde fue recuperada casi de inmediato, para luego ser llevada a las manos del especialista en cuestión de minutos.

“Allí había dos personas de mi equipo que se encargaban de recoger la flecha. Como siempre se hizo en todos los ensayos anteriores desde que empezamos. En menos de cinco minutos la flecha ya estaba en mi mano. La metimos en un saquito y la pusimos en el camión”, dijo Abades, quien siempre tuvo la flecha en su posesión, esto pese a que en 1993 le fuera solicitada para que formara parte del Museo Olímpico de Barcelona.

La flecha siempre estuvo en manos de Abades, quien falleció en 2018 (Foto: Twitter)

De acuerdo al contrato firmado, las flechas realizadas por Reyes Abades Efectos Especiales eran de su propiedad, por lo que para prestarla al museo y que le fuera regresada, puso como condición recibir 15 millones de pesetas. “Me dijeron que estaba loco”, aseguró.

Hubo otro intento por parte del museo para hacerse de la flecha, pero esta misiva ya ni siquiera fue respondida por Reyes, por lo que la saeta protagonista, con todo y sus desperfectos tras el impacto, quedó en resguardo de su creador.

***

¿Engaño? ¿ Fraude? ¿Magia? Cada quien tendrá su forma de pensar sobre el encendido del pebetero olímpico de Barcelona 92, pero lo que nadie puede negar es que ese flechazo quedará por siempre en la historia de los Juegos Olímpicos, recibiendo una ovación de pie.

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