El derecho a contagiarse: Por qué hay manifestaciones en EE. UU. durante una pandemia

Imágenes de ignorancia y desesperación. Miles de estadounidenses protestaron contras las medidas de aislamiento impuestas para frenar la propagación de coronavirus.
abril 21, 2020

Es una imagen que le ha dado la vuelta a un mundo incrédulo con lo que está ocurriendo en Estados Unidos. El domingo 19 de abril, Alyson McClaran vio a un enfermero plantado en medio de un cruce vehicular, a pocos metros del palacio de gobierno del estado de Colorado. En frente, una mujer se asomó por la ventana de una camioneta, sacó una cartulina que decía “Tierra de la libertad” y le gritó al hombre bloqueando el tránsito que el suyo era un país libre. “Lárgate a China”, le gritó un par de veces. Fue entonces que la fotógrafa sacó su cámara y capturó la imagen del momento. Al mismo tiempo, el enfermero se mostró impertérrito ante los bocinazos e insultos de los otros manifestantes.

La señora McClaran no tuvo oportunidad de preguntarle a este y a otros sujetos en la protesta si realmente pertenecían al personal de salud de algún hospital de Denver, o si eran activistas vestidos de enfermeros que protestaban en contra de los indignados por el aislamiento. “Desafortunadamente, no tengo ninguna información al respecto, pero nunca tuve la sensación de que no [lo fueran],” le dijo la fotógrafa a la revista Time. “Creo que sí eran trabajadores de la salud”.

Colorado es uno de 18 estados que ha registrado manifestaciones en los últimos días contra las medidas de aislamiento social y la suspensión temporal de negocios y actividades no esenciales. A pesar de las advertencias emitidas por las autoridades de salud, las desconcertantes imágenes difundidas en redes sociales muestran a manifestantes haciendo caso omiso de las recomendaciones básicas como usar cubrebocas o evitar las concentraciones masivas de personas. No les importa, no se la creen, no es su problema. Agregó la fotógrafa McClaran:

“Mi instinto me decía que esto es historia, y quería documentar lo que está sucediendo en mi ciudad en este momento y mostrar cómo estaba la situación. Tenía lágrimas en los ojos la mitad del día porque estaba en estado de shock por la cantidad de personas que estaban afuera y cuánto descontento había, así que tuve que protegerme al irme. No me sentía segura en cuestión de salud y fue entonces cuando me topé con los enfermeros”.

La falta de conciencia de estos manifestantes que exigen la reanudación de todas las actividades laborales de manera inmediata podría revertir los avances alcanzados en varias zonas del país para frenar la propagación de coronavirus / COVID-19. Tras un mes de encierro, es comprensible que la gente esté fastidiada de escuchar la palabra “coronavirus” todos los días y sienta desesperación por no poder recuperar su rutina ordinaria, pero la impaciencia, la avaricia y la ignorancia de unos pocos podría echar a perder el sacrificio y el esfuerzo de los muchos.

Por supuesto, la aparición de estas manifestaciones no ha sido espontánea. Si uno se fija en las imágenes, hay gente con gorras de ‘MAGA’ y propaganda electoral de Trump 2020, hay gente con armas de alto calibre que se disfraza con prendas de camuflaje (señal de personas que nunca superaron la infancia), y hay gente con pancartas que expresan mensajes de intolerancia religiosa y odio racial. Las convocatorias a estas marchas fueron firmadas por los típicos grupos de derecha que apoyan al Partido Republicano y respaldadas por voces que tienen mucho que perder con la prolongación de las medidas de aislamiento.

Uno solo tiene que prender la tele y cambiarle de canal a Fox News para ver a quiénes pertenecen estas voces.

“¡LIBEREN A MINNESOTA!”

Hasta el 21 de abril, Estados Unidos es el país más afectado por la pandemia de coronavirus, con 800 mil casos confirmados y poco más de 42 mil defunciones. Sin embargo, para muchos políticos, empresarios y comentaristas, la cantidad de muertos no justifica el desastre económico que ha dejado sin trabajo a millones de personas, entre otros indicadores negativos.

Estos pronunciamientos han tenido su origen en el sector más conservador del Partido Republicano y la iniciativa privada, y han tenido un eco en los medios de comunicación consentidos de la derecha estadounidense, sobre todo Fox News y Breitbart.

Desde el inicio de la epidemia, funcionarios y opinólogos se encargaron de minimizar la amenaza que presentaba el coronavirus, comparando el cuadro clínico con el resfriado común y la influenza estacional (autoridades de salud han señalado que covid es de 5 a 10 veces más mortal que la gripe), declarando que los primeros brotes fueron contenidos con éxito (nunca pasó) y un ya infame vaticinio del presidente, quien dijo que la enfermedad iba a desaparecer, “como un milagro”, en abril, con el inicio de la temporada de calor (el calor llegó pero el virus nunca se fue).

Cuando la Organización Mundial de la Salud por fin declaró de manera oficial que el mundo tenía una pandemia en sus manos (11 de marzo), el presidente Trump tuvo que cambiar su tono indiferente y ordenó la suspensión temporal de actividades económicas no esenciales por un periodo de 15 días. Los comentaristas favoritos del mandatario cerraron filas, dispuestos a ajustarse el cinturón, y se resignaron a decir que al mal tiempo darle prisa. En los días posteriores al 14 de marzo, el número de casos explotó a nivel nacional, Nueva York se convirtió en el nuevo epicentro de la pandemia y el sistema de salud se vio rebasado por la emergencia sanitaria.

Ante este panorama tan fúnebre, los gobiernos estatales ordenaron la prolongación del cierre económico hasta el domingo de Pascua, y luego hasta finales de abril, y luego hasta prácticamente “nuevo aviso”, lo que marcó un “hasta aquí” para los intereses económicos más afectados de la nación. Desde el 14 de marzo, cerca de 22 millones de estadounidenses han perdido sus trabajos, y el riesgo de que se dispare la tasa de desempleo por encima del 5% aumenta con cada semana de encierro. Para el señor Trump, cada punto porcentual sería un tremendo golpe… a sus probabilidades de reelección.

En lo que llevamos de abril, medios afines a la derecha política, encabezados por Fox News, han lanzado un llamado, no muy sutil, a que la gente regrese a trabajar, no obstante el hecho de que el coronavirus ha matado en un solo mes a más estadounidenses que la influenza en todo el 2019. Más alarmante todavía es que la comentocracia está consciente del peligro, sobre todo el que enfrentan los grupos vulnerables como las personas de la tercera edad, así como la enorme, enorme población que padece sobrepeso, diabetes e hipertensión. Pero esto, dicen por ahí, es lo de menos cuando buena parte del país se está declarando en quiebra y China intenta recuperarse rápidamente.

Ni siquiera habían concluido los primeros 15 días de aislamiento comunitario cuando el presidente Trump pronunció en conferencia de prensa que “la cura no puede ser peor que la enfermedad”. Solo bastó una semana de encierro y compras de pánico para evidenciar que la poderosa economía estadounidense era más frágil de lo que se pensaba. Daba la impresión de que el capitalismo no está diseñado para navegar contingencias de este tipo, contingencias que exigen más estrategias colectivas que esfuerzos individuales para salir adelante.

Acto seguido, el teniente gobernador de Texas fue el primero en decir en un medio de alcance internacional que sacrificarse por la salud económica del país es un riesgo que él, como senior citizen, estaba dispuesto a tomar.

“Mi mensaje es que volvamos al trabajo, retomemos nuestras vidas, seamos inteligentes al respecto, y aquellos de nosotros que tenemos más de 70 años, nos ocuparemos de nosotros mismos. Pero no sacrifiquen el país”.

Aunque este funcionario fue tundido en la redes sociales por la falta de sensatez en sus comentarios, su mensaje fue suscrito por sus colegas ideológicos. Al poco tiempo, varios talking heads de Fox News y otros medios derechosos salieron en defensa del político texano, mantuvieron disciplina en la comunicación de su mensaje y martillaron de manera constante la clásica idea torcida del sacrificio del individuo para salvar a la nación (siempre y cuando el individuo sacrificado sea el otro).

Columbus, Ohio, 20 de abril (AP Photo/Gene J. Puskar)

Glenn Beck, locutor de radio: “Incluso si todos nos enfermamos, preferiría morir antes que matar al país. Porque no es la economía la que está muriendo, es el país”.

Brit Hume, colaborador de Fox News: “No cerramos la economía para combatir [el virus]. No cerramos la economía para salvar cada vida amenazada por una enfermedad generalizada. Simplemente no lo hacemos”.

Jeanine Pirro, una juez con su propio show en TV: “Las empresas, las pequeñas, están en bancarrota; los estadounidenses quieren volver a trabajar y la izquierda está tratando de evitar que eso suceda”.

Laura Ingraham, conductora de televisión: “Muchos estadounidenses están dispuestos a correr el riesgo de contraer coronavirus para preservar su forma de vida.”

Dr. Phil, un psicólogo de televisión: “Tenemos personas muriendo, 45 mil personas al año mueren por accidentes automovilísticos, 480 mil por cigarrillos, 360 mil al año en piscinas, pero no cerramos el país por eso”. (Cabe aclarar que no mueren 360 mil personas en piscinas, más bien es el 1% de esa cifra).

Dr. Oz, otro dizque médico con un programa de televisión: “…La apertura de escuelas solo puede costarnos del 2 al 3 por ciento en términos de mortalidad total”.

Stephen Moore, asesor de Donald Trump en materia económica: “Tenemos que ser los Rosa Parks de esto y protestar contra estas injusticias del gobierno [estatal de Wisconsin]”. (Rosa Parks fue una mujer afroamericana que desafió las convenciones raciales del sur al sentarse al frente de un autobús público en 1955 y no ceder su asiento a un pasajero de piel blanca. Así es, un asesor de Trump comparó un mes de aislamiento para evitar el contagio de una enfermedad con décadas de opresión por discriminación racial).

“¡LIBEREN A MICHIGAN!”

Fox News es el canal de noticias de mayor audiencia en Estados Unidos, mientras que opinólogos como Rush Limbaugh, Alex Jones y Glenn Beck gozan de millones de seguidores en la radio y por internet. Sus análisis tendenciosos y sus coberturas poco objetivas han tenido una fuerte influencia sobre la opinión pública a lo largo de este siglo, y eso es razón suficiente para no tachar sus diatribas como los desvaríos de unos lunáticos con acceso a un micrófono.

Olympia, Washington, 19 de abril (Karen Ducey/Getty Images)

Si bien es cierto que 6 de cada 10 estadounidenses temen que las restricciones impuestas por los gobiernos estatales sean retiradas demasiado pronto (según una encuesta del Wall Street Journal), 3 de cada 10 están más preocupados por el impacto económico de la crisis sanitaria. Sobra decir que este 33% restante, en su mayoría, pertenece a la base de Trump, donde ya está más que arraigado un monumental desprecio por las instituciones de la llamada élite intelectual: la academia, la ciencia, los medios de comunicación y el gobierno.

Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, presunto miembro de esa élite de “iluminados” y quizás la única voz de la cordura en el equipo de salud de la Casa Blanca, ha señalado una y otra vez que sería contraproducente apresurar la reapertura del país, y opta por un plan cauteloso de levantamiento gradual de restricciones.

“Tendríamos que tener listo un sistema que sea eficiente, en el que podamos confiar, y no hemos llegado allí”, declaró el funcionario para la AP. En esa misma entrevista también dijo que la fecha del 1 de mayo “es un poco demasiado optimista” para pensar una reapertura.

Cada vez que el doctor Fauci pide paciencia, desmiente una teoría de conspiración o aclara que no hay ningún tratamiento que haya sido aprobado para combatir la enfermedad, las críticas de los mismos opinólogos se le vienen encima. Ninguno de ellos es experto en epidemiología, sobra decir.

En su programa de Fox, Tucker Carlson es solo uno de varios analistas políticos que ha buscado desacreditar a la máxima autoridad que tiene el gobierno en esta materia (una tendencia que ha sido observada en otros países): “Anthony Fauci nos dijo que no nos preocupemos por esta epidemia. Ahora exige que el gobierno federal ponga en cuarentena a todo el país”.

Las opiniones de estos no-expertos de salud se pudo reflejar el fin de semana pasado en las consignas que exclamaron los manifestantes en Texas y otros estados, con reclamos que desafían a la inteligencia como “Despidan a Fauci”. En redes sociales, usuarios de todo el mundo se maravillaban ante las exhibiciones de ignorancia cruda en carteles que decían frases como “Dame libertad o dame covid”, “COVID-19 es una mentira”, “Distanciamiento social = comunismo”, y sin rasgo alguno de ironía, “Mi cuerpo, mi elección”.

“¡LIBEREN A VIRGINIA!*”

Hay que reiterar que las expresiones de los manifestantes no reflejan el sentir de la mayoría en aquel país. Y uno no se puede burlar de la ingenuidad, la ignorancia o la estupidez de los estadounidenses sin antes denunciar la propaganda mediática impulsada por ciertos sectores influyentes de la sociedad. Ellos se han encargado de convencer a 3 de cada 10 personas que este no es un asunto de salud pública, sino de garantías individuales. Que tienen un derecho a contagiarse, así como tienen un derecho a portar armas y a expresarse libremente.

Es cierto que Estados Unidos no tiene el monopolio de la ignorancia. En México, por ejemplo, se han registrado numerosos y lamentables ataques contra médicos y enfermeros, pero estos han sido casos aislados, ejecutados por personas que han sido devoradas por el miedo que se propaga por su entorno social. Y en otros países se han visto protestas pequeñas contra sus respectivas medidas de prevención. Pero es posible que solo en Estados Unidos exista una maquinaria con acceso a una red de comunicaciones, misma que trabaja todos los días para explotar la ignorancia de un pueblo temeroso y desesperado. Qué más da si ponen sus vidas en riesgo con tal de alcanzar sus metas económicas y políticas.

Es un auténtico delito aprovecharse de esta gente que se encuentra tan ensimismada en la pureza de su individualismo. Estos “patriotas” que se visten de los colores de su bandera y que repiten consignas que escucharon en la tele son incapaces de pensar que pueden contraer el virus y contagiar a alguien más, a una persona vulnerable, a sus padres o a sus abuelos. Si se trata de un joven, es muy probable que no le ocurra nada, pero si un ser querido se enferma y se muere, ¿será posible que asuman su responsabilidad? O quizás sigan el ejemplo de su presidente que tanto adulan y culpen a alguien más. Hay muchos de dónde escoger: el gobernador de su estado, la OMS, China, los demócratas, Obama, el doctor Fauci… ¿por qué cargar con esa responsabilidad cuando ya están cargando un rifle automático en una mano y una bandera en la otra?

*Mensajes tuiteados por Donald Trump el sábado 18 de abril presuntamente en apoyo a los manifestantes que viven en estados gobernados por demócratas.

Imagen principal: Denver, Colorado, 19 de abril (REUTERS/Alyson McClaran)

Autor:
Javier Carbajal Doxálogo