Foto:CAMILO SESTO-ROCIO DURCAL-MIGUEL BOSÉ-RAPHAEL.9 septiembre 2019

Camilo Sesto y los artistas españoles que cautivaron el corazón de México

México y España tienen una relación histórica que une a las dos naciones desde hace siglos. Pasando por conquistas y mestizajes, estos dos países se han enriquecido el uno con el otro no solo en el campo histórico, sino también en el de la creación artística.

En el año de 1973, un muchacho de 27 años, originario de Alcoy, España, llegó a tierras aztecas cantándole al amor, a la vida y a los sentimientos que hacían latir su corazón con una energía poco antes vista.

Se trataba de Camilo Blanes Cortés, mejor conocido como Camilo Sesto, un músico, cantante y compositor que de inmediato tuvo la atención de una generación que buscaba experimentar emociones nuevas.

Éstas encontraron prontamente cobijo en las letras de Camilo, quien, con intensidad y una desbordante alegría, hizo de México su segunda patria y cultivó un gran amor del que nació su único hijo reconocido.

“Y sabe Dios que como México no hay dos”, diría a los cuatro vientos después de haber logrado ventas millonarias en este país y cambiar para siempre la historia de su música.

A él se sumarían otros grandes artistas que, impulsados por los cambios sociales y culturales, veían a este país como uno de los más influyentes de latinoamérica: un escenario sumamente deseable. Atraídos por ese atractivo que pareciera natural al país azteca, vinieron gigantes pop a buscar oídos que dieran vida a sus temas y, maravillados, encontraron un hogar y una familia que no los olvidaría ni siquiera luego de su muerte.

¿Quién fue Camilo Sesto?

Para entender el fenómeno que causó su llegada, es necesario echar un ojo al programa Siempre en Domingo.

En esta emisión, Camilo tuvo una de sus más grandes presentaciones en el año de 1980, y en él aparecerían otros compatriotas del músico como Miguel Bosé, Rocío Dúrcal y Raphael. Monstruos cargados de talento que hicieron de México un destino que los protegería del olvido.

Foto:MIGUEL BOSE-CAMILO SESTO.8 septiembre 2019

En 1975, el panameño, italiano, colombiano y español, Miguel Bosé fue incentivado por Camilo a crear música. La amistad de los dos españoles comenzó a forjar profundos lazos y, sin que lo supieran en ese entonces, sementaría las bases que los mantendría unidos más allá de la muerte. Pocos años más tarde, Bosé firmó un contrato con CBS, una importante cadena de radio que se encargó de darle popularidad y fama.

A México llegó a inicios de los ochenta, y desde entonces, dio a conocer su talento.  Aquí encontró no solo un segundo hogar, sino a un gran número de seguidores que se encargaron de hacerlo resonar hasta en los rincones más lejanos de la tierra.

Fue el padrino de una agrupación juvenil que estaba creciendo sin fronteras llamada Timbiriche, y con poco más de veinte años, comenzó a trabajar con Luis del Llano en una serie de producciones musicales que harían relucir lo mejor de su creatividad y talento.

También le cantaría al amor y a la vida, pero en un estilo diferente al de Camilo, por lo que la diversidad musical de estos dos artistas bastaría para que los mexicanos adoptaran por completo al talento que cruzaba el Atlántico.

Con idas y venidas un poco más marcadas que las de Blanes, Bosé tomó de sus viajes a España influencias para cambiar su estilo musical y mejorar algunos puntos en su carrera. Modificó su registro vocal y su sonido maduró hacia uno asemejado al de David Bowie y Depeche Mode, grandes artistas de habla inglesa que estaban revolucionando el mundo de la música.

Para finales de los noventa e inicio del nuevo milenio, Miguel regresaría a México con una imagen completamente renovada, que también involucró a sus aspectos sonoros. Desde entonces, sus seguidores lo abrazarían con más fuerza y lo volverían la icónica estrella que es hoy en día.

Pese a que uno de sus videos, en el año de 2005, fuera censurado en el país por tener “contenido erótico”, en 2008 Bosé se llevó un triple disco de platino y mantuvo en primer lugar su álbum por quince semanas consecutivas.

En sus primeros años, se le relacionó con la cantante mexicana Daniela Romo, una de las más populares quien comenzó a cambiar la historia de la música pop tal como lo hizo desde España una mujer que cautivó el corazón de los dos países: Rocío Dúrcal.

La española más mexicana que todas, y una de las grandes cantautoras que quiso a México como pocos lo han hecho,  cantó con mariachis en medio de escenarios púrpuras y su voz logró conmocionar a cientos. Sobretodo cuando interpretó grandes temas que los mexicanos llevamos bajo la piel por tradición.

Aunque ella perteneció más a la década de los sesenta que los artistas anteriores, tuvo tan prolífica carrera que ésta le permitió alcanzar a Bosé y a Camilo en los ochenta, cuando nuestro país daba al mundo a Juan Gabriel, el divo de Juárez.

A Rocío, el público mexicano la vio como la gran mujer que levantaba la voz al amor, el despecho y a la libertad femenina, al igual que como una estrella que abrió su alma, porte y música a un país que la maravilló desde pequeña.

Nos ofreció interpretaciones históricas que hasta la fecha siguen erizando nuestra piel. Su llegada se remonta a 1962, para filmar una película. En 1984 se instaló en el escenario de Siempre en Domingo con todo y su séquito de músicos, con quienes cantó grandes temas, como “Contigo y mi tristeza”, que si bien eran diferentes a los que presentaron Camilo y Miguel, atraparon al público mexicano por su pasión desgarradora.

La vida artística de Rocío surgió en el franquismo, cuando era una jovencita y, junto a Juan Gabriel, una vez salida de España, revolucionó la interpretación de las baladas románticas, la música ranchera y el pop.

María de los Ángeles de las Heras Ortiz, su nombre real, fue considerada la embajadora de la música folclórica y si bien en sus venas corría sangre española, en esta tierra -México- sus habitantes le agradecieron infinitamente que sacara de los rincones la alegría de la música tradicional.

En consecuencia, Rocío se aferró con todo a México, país que ayudó a que su carrera no quedara extinta por la Movida Española, como sucedía también con la de Bosé.

Desde niña se dejó llevar por la armonía del mariachi. Le fascinaba esa atmósfera sonora que en España no existía y por ello tuvo a crearla. Rocío deslumbró al mundo, que en consecuencia la hizo suya.

Sin dejar de lado ninguna de sus banderas, desde 1976, Dúrcal comenzó a acrecentar su presencia en nuestro país con constantes visitas hasta el 2006, año en que un terrible cáncer que padecía la tomó por sorpresa y se la llevó de nuestro lado.

En un último acto de amor eterno, sus familiares dieron a conocer que uno de sus deseos era que sus cenizas fueran repartidas en dos lugares, uno, su querida España y el otro, México. El lugar donde se encontró tantas veces a sí misma y que hasta la fecha no la ha olvidado.

Foto: raphael y camilo sesto. 8 septiembre 2019

Las interpretaciones de Rocío siguen sonando a la menor provocación en fechas icónicas para los mexicanos, como el Día de las madres o los meses patrios, donde su versión de un tema compuesto por Juan Gabriel o canciones acompañadas por mariachi nos recuerdan su dominio sobre el escenario.

Como aquella ocasión en 1999, cuando la cantante portando un vestido rosa hizo suya La Noche de Raphael, un programa de televisión que era conducido por el Divo de Linares, Miguel Rafael Martos Sánchez, mejor conocido como Raphael.

Este cantante, actor y músico español, al igual que el querido Camilo, fue y sigue siendo uno de los artistas más prolíficos de la década de los sesenta, y al igual que Sesto, Dúrcal y Bosé, atrapó el corazón del público mexicano. Como contexto, podría decirse que Raphael fue el encargado de abrir el camino hacia los demás, puesto que su carrera comenzó mucho antes, en 1959.

Para este año, el interprete de famosos temas como “Mi Gran Noche”, “Como Yo Te Amo”, “Digan lo que Digan” o “Estar enamorado” escaló la cima hacia al éxito y conquistó a los oyentes hispanos.

Al igual que Rocío, retomó elementos del folclor mexicano, y como Bosé, supo escuchar a su entorno para tomar influencias que ayudaran a su desarrollo musical en todos los sentidos. De nuestro país tomó la “Sandúnga”, el “Huapanguero torero” y la “Llorona”, temas que revolucionó por completo e hizo suyos. Ante esta acción, el público mexicano terminó por enaltecerlo y consagrarlo como uno de los mejores artistas de los sesenta.

Dramático e intenso, Raphael fue mucho más explosivo que Camilo en el escenario, ambos se conviertieron en referentes de la balada. De ahí que, lejos de surgir una rivalidad, nació una entrañable amistad donde la admiración y el respeto fue mutuo.

A diferencia de Raphael, Camilo se llevó primero una Gaviota del festival Viña del Mar, pero esta estatuilla, tampoco pudo dañar el cariño de los cantantes.

Ayer por la noche, tiempo en que Camilo adelantaba el viaje y se reunía con Rocío, Raphael emitió un profundo mensaje a través de sus redes sociales, en que se pronunció triste y roto, porque una de las voces más importantes de España y Latinoamérica se iba para siempre del terreno físico.

El legado de Camilo, así como la leyenda que alguna vez formaron los españoles que encontraron en México un segundo hogar, hoy se mantiene más fuerte que nunca, y claro ejemplo de ello lo son los cientos de seguidores, músicos y fanáticos que han levantando la voz para recordar con cariño la vida de otra época, a la que siempre nos será posible regresar a través de sus canciones.

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