Imagen Blade Runner 25 Octubre 2019

La filosofía de Blade Runner

A casi cuatro décadas de su estreno en pantallas, Blade Runner (1982) nos sigue planteando problemas a los que no somos capaces de responder mas que de forma rudimentaria. La película de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott saca a la luz una serie de preguntas de carácter filosófico que no han perdido su vigencia, y a las que vale la pena regresar constantemente. Ya sea vista como una épica moderna, como la película que dio inicio al ciberpunk, como un drama policíaco neo-noir de ciencia ficción, e incluso como una inquietud teológica a la que dio pie el romanticismo del siglo XIX. Blade Runner, en su momento, profundizó en la relación entre los humanos y las máquinas de una forma sumamente original, que quizá podamos entender mejor por medio del concepto de vida.

Toda la película está atravesada por un paralelismo que organiza los temas y la historia. Por un lado tenemos el que se ha creído el tema central de la cinta, el del replicante que se rebela en contra de los humanos y en contra de su propio creador, es decir, el tema de Frankenstein y el mito de Prometeo. Pero por otro está el de la relación que surge de manera espontánea entre Rick Deckart, el oficial de policía, y Rachel, la humanoide.

(Los replicantes son los androides creados por Tyrell Corporation para realizar trabajos en las colonias del espacio exterior, y son ilegales en el planeta Tierra. Tanto los rebeldes como Rachel son del modelo Nexus-6 y están fabricados para “ser más humanos que los humanos”).

Se ha pensado que la lucha entre el líder rebelde de los Nexus-6 y el policía (que solía pertenecer a unas fuerzas especiales que se encargan de eliminar a los replicantes que logran llegar a la tierra, conocidas como Blade Runner) representa el tema central de la película y por ello ha recibido más atención que el de la relación entre Rachel y Rick. Y en realidad hay varias razones por la que ha sido así, al menos a nivel conceptual, y me detendré en una de ellas por un momento.

Durante las escenas finales de la película Rick y Roy Batty, el líder rebelde de los replicantes, luchan a muerte, y a pesar de que el Nexus-6 lleva claramente la delantera en fuerza, no puede librarse de su propio destino, pues no está hecho para estar en servicio por más de unos años. Los motivos iniciales que llevaron a los androides a rebelarse fue con el propósito de encontrar a quien los había creado y expandir su tiempo de vida. En esto reconocemos una profunda motivación existencial en los replicantes, que se interrogan por primera vez cuál es su lugar en el mundo y se enfrentan a la angustia de saberse finitos. Al descubrir que no pueden trascender la muerte no tienen otra alternativa mas que resignarse. Así lo atestigua el conocido monólogo de Roy Batty.

He visto cosas que ustedes humanos no creerían. Naves de combate en el hombro de Orión, rayos brillar cerca de la puerta del Tanhäuser. Todos esos momentos se perderán para siempre… como lágrimas en la lluvia.

Al mismo tiempo se da cuenta de que ese es el destino de las personas y eso lo coloca más cerca de nosotros. El proceso por el que se convierte en un ser humano culmina cuando Roy decide salvar la vida de Deckart, pues lo reconoce como un semejante que tiene derecho a vivir. Es el reconocimiento lo que explica la decisión del replicante de ayudar a su cazador cuando él mismo ya se encuentra al borde de la muerte.

Esta idea de reconocimiento fue trabajada por Hegel, filósofo alemán del siglo XIX. Según él, la vida colectiva es lo que constituye la esencia de las personas. Más que sus deseos, sus motivaciones y sus propias ideas, lo que define a los seres humanos es su capacidad de reconocer a los otros miembros del cuerpo social. Reconocer a otro como un semejante no solo quiere decir que sabemos que tiene los mismos derechos que nosotros, sino que esa otra persona es, por así decirlo, una extensión de nosotros mismos. Reconocer a alguien, en palabras de Hegel, significa que nos intuimos a nosotros mismos en los demás. De esa manera resulta una idea del ser humano como un entramado de diferentes personas que conviven en un espacio común, y es por ello que, para convertirse en un ser humano, el replicante debía reconocer a Rick como parte del tejido colectivo.

Por último quisiera decir unas palabras sobre la historia paralela de la cinta, la relación entre Rick y Rachel. Lo que le sucede a Deckart con la replicante es difícil clasificar bajo el rótulo de amor romántico por varias razones. En esta versión de la historia René Descartes (el filósofo del siglo XVII que temió ser engañado por una maquinaria semejante a un ser humano y al que claramente hace referencia el nombre del Blade Runner) se deja engañar por ella. Pero esto no representa una seca negación o encubrimiento de la verdad; por el contrario, significa el presagio de un nuevo comienzo para Rick y, alegóricamente, para las personas y las máquinas.

Por otro lado, el hecho de que vagamente reconozcamos el sentimiento de ternura entre ellos solo quiere decir que, entre líneas, se nos escapa algo, y es que su relación, mas que desembocar en amor, se vio impulsada por el desconcierto y el desconocimiento ante lo imprevisto. Ese impulso vital “no sublima el instinto sexual hasta convertirlo en amor”, en palabras de Nietzsche. En cambio es una afirmación del deseo y de la espontaneidad del sentimiento en el que lo que cuenta es el acto instantáneo. No deja de sorprendernos que los procesos que generan la vida y la aniquilan sucedan bajo ese orden, de la forma más espontánea y aleatoria.

Blade Runner sugiere bajo las figuras de Rachel y Rick que los organismos vivos tienden a establecer vínculos frágiles e intercambiables siguiendo el azar y las circunstancias, incluso si se tratara de una persona y de un organismo indistinguible de nosotros. Después de todo la vida siempre está expuesta a la prueba y al error, y es en ese proceso que la vida se reconfigura y se desplaza. Esto lo vio el filósofo francés Michel Foucault cuando escribe que “la vida es aquello que es capaz de error, y de ahí su carácter radical. El error es el azar permanente alrededor del cual se despliega la historia de la vida y el devenir de los hombres”. Es por ello que la simbiosis exótica entre el hombre y la replicante es una afirmación de este azar y de esta posibilidad que permanece abierta.

Hacia el final de la película Deckart sabe que debe matar a Rachel, pues es la ley dice que no debe haber replicantes en el planeta. Y sin embargo se pregunta: Rachel debe morir, pero ¿quién lo hará? No él, por supuesto. Aquí lo sorprendente no es que sea posible generar un vínculo emotivo con otro ser-no-humano, sino que, ante todo, tal vínculo sea posible. Al afirmar la espontaneidad del sentir y de la experiencia, Blade Runner celebra el caótico encadenamiento de los acontecimientos y, en particular, de la manera en que la vida se propaga y se disuelve, de cómo en ella se cumplen no nuestras intenciones, sino las del azar.

Ilustración: Enrique Lemus

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