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Así puedes empezar a leer el Quijote: el mejor libro del mundo

Leerlo a muchos les parece difícil, por eso aquí damos algunos consejos para que te inicies:

Seguramente has escuchado alguna vez en tu vida que el Quijote es el mejor libro que se ha escrito en el mundo, pero cuando intentaste leerlo te diste cuenta de que difícilmente podías pasar de la primera línea. ¿Por qué todos dicen que es tan bueno si a primera vista es incomprensible? La respuesta más sencilla es: porque está escrito en español del siglo XVII (hace más de 400 años). Sin embargo, se trata de una historia tan relevante para la literatura y la cultura occidental que no sólo ya conoces varios de sus pasajes (incluso si no te has dado cuenta), sino que también podrías empezar a leerlo hoy mismo con un poco de paciencia y una buena edición del texto.

A 400 años de su aparición, el Quijote todavía se puede disfrutar

Aunque algunas veces asociamos la buena literatura con actitudes solemnes y excluyentes, la verdad es que casi nadie puede resistirse al encanto de un buen libro. La cultura nos ha educado de tal manera que no podemos ser insensibles ante las historias que han fundado tradiciones enteras: sería imposible imaginar la locura de Madame Bovary o el universo fantástico de Cien años de Soledad sin el influjo de la escritura cervantina. A pesar de que Miguel de Cervantes terminó de escribir su famosa novela hace más de 400 años (la primera parte del texto se publicó en 1605 y la segunda en 1615), una edición crítica puede permitirle a un lector del siglo XXI leer con facilidad el libro.

Una de las ediciones que mantiene una buena relación entre su costo y su calidad es la que publicó la Real Academia Española en 2005 con motivo del aniversario 400 de la primera publicación de la primera parte, y que reimprimió en 2015, en el aniversario de la segunda parte. En ella se incluyen varios textos de especialistas y escritores famosos que hablan sobre el Quijote y ayudan a interpretar el texto, así como numerosas notas a pie de página y un glosario que facilitan la comprensión de algunos pasajes. Otro aspecto muy importante es que para fijar el texto se consultó “cerca de un centenar de ediciones antiguas y modernas”, según explica Francisco Rico, el coordinador de la edición. Esto quiere decir que este libro contempla muchas de las publicaciones que ha tenido el Quijote, así como los cambios que fueron apareciendo en ellas, para ofrecerle al lector un texto confiable.

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NEW YORK, el bailarín ruso Marat Shemiunov personifica una escena de “Don Quijote”. 2014 (Photo by Cindy Ord/Getty Images)

NEW YORK, el bailarín Marat Shemiunov personifica una escena de 'Don Quijote'. 2014 (Photo by Cindy Ord/Getty Images)


Debido a la distancia temporal que nos separa de la primera publicación, es muy difícil determinar con exactitud la fecha en que se terminó de imprimir el texto, aunque podemos suponer que fue en los primeros días del ya muy lejano año de 1605. Si uno revisa la portada que puede consultarse en la Biblioteca Nacional de España (BNE), se podrá observar que la autorización del rey Felipe III para la impresión del libro en los reinos de Castilla, durante diez años, está fechada el 26 de septiembre de 1604; el testimonio de las erratas se firmó el 1 de diciembre de 1604; y la tasa, es decir el costo del libro, fue fijada el 20 de diciembre de 1604 por Juan Gallo en 290 maravedíes y medio (una moneda que se usaba antiguamente en España).

Su éxito fue inmediato. La BNE registra que el Quijote se tradujo muy rápidamente para su época: en 1612 Thomas Shelton hizo una versión en inglés, en 1614 César Oudin en francés y en 1622, Lorenzo Franciosini en italiano.

¿Cómo leerlo? Estas son las primeras líneas

Para animarte a leerlo, vamos a explicar qué dicen las primeras líneas del Don Quijote de la Mancha, apoyados en las notas críticas del académico Francisco Rico. El texto comienza así:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Lo primero que hay que saber es que la Mancha es una región ubicada al centro de España, en donde vivía don Quijote. El narrador, que desde esta primera línea comienza a jugar con el lector, nos confiesa que no recuerda el nombre del lugar específico donde habitaba su personaje, que es descrito como un hidalgo de características peculiares.

Aunque en México “Hidalgo” es una palabra que identificamos con uno de nuestros héroes patrios o con un estado cuya capital es Pachuca, en tiempos antiguos se usaba para referirse a personas que pertenecían a un estamento social inferior a la nobleza. Los hidalgos de campo, explica Rico, tenían menos medios para sobrevivir que los hidalgos ricos (llamados también caballeros) pero hacían lo posible para no perder su estatuto y privilegios como el pago menor de impuestos. Como sabemos, don Quijote se considera a sí mismo un caballero y quiere seguir los pasos de los grandes personajes de libros de caballería que leyó sin parar.

La descripción inicial de su persona, que hace hincapié en lo pobre que es, permitía que un lector de la época identificara lo difícil (y chusco) que sería, para un hombre en sus condiciones, ofrecer servicios de caballero. Tener la “lanza en astillero” implica que el arma está en desuso: el astillero era la percha en donde se colgaban las armas; una adarga es un tipo de escudo ligero y de piel que, en este caso, es además viejo; rocín es la palabra que se usaba para “caballo de trabajo” y galgo corredor es un perro acompañante. En resumen: don Quijote tiene algunos de los elementos para ser caballero, pero todos son viejos, decadentes o inútiles. 

En cuanto a sus alimentos cotidianos, vemos que en su olla o guisado había carne barata (la res costaba menos que la oveja); el salpicón que solía cenar era algo preparado con los restos de la comida principal del día; los “duelos y quebrantos” de los sábados podrían referirse a un guisado de huevos con tocino o chorizo, según indica Francisco Rico; lentejas sin carne los viernes. Como plato especial, esto es “de añadidura”, algún pollo de paloma (“palomino”) para los domingos. Y eso era todo, nada más allí ya sumaban tres cuartas partes de sus ingresos. La otra cuarta parte consistía en unas cuantas ropas pasadas de moda que usaba para vestirse.

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Un actor personifica a “Don Quijote” en el metro de Madrid – Alcalá de Henares en ocasión del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes en abril 16 del 2016.

Un actor personifica a "Don Quijote" en el metro de Madrid - Alcalá de Henares en ocasión del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes en abril 16 del 2016.

Al inicio del libro, don Quijote tiene cincuenta años, que para la época eran muchos (dado que la esperanza de vida no sobrepasaba los treinta…es decir, el Quijote es muy anciano y muy pobre) y vive con su sobrina, una sirvienta y un sirviente en una miseria provocada por su afición a leer y comprar libros de caballerías que lo ha llevado a abandonar la administración de su propia hacienda.

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.

Así es: don Quijote perdió el juicio por leer toda la noche y todo el día. Y ese “detalle” es uno de los más seductores de su historia. Conforme uno va avanzando sus páginas no sólo se enfrenta a muchas aventuras memorables, sino que lo hace siempre desde varias perspectivas a la vez. Como el personaje principal está loco, lo que él experimenta y vive no siempre coincide con lo que los demás personajes o ¡incluso el narrador de la historia! ven o sienten que pasa.

De hecho, en un momento se sabe que la historia que estamos leyendo es una traducción del árabe, y si eso no es suficiente, en un momento posterior el Quijote se entera de que existe la novela (la misma que estábamos leyendo hasta ese momento) y trata de corregir las cosas que, según él, están equivocadas.

Como ves, la novela tiene todas las bases para ser muy divertida y muy dinámica, pero tal vez la barrera del tiempo haga que te cueste un poco de trabajo entenderla al principio. Sin embargo, cualquiera que lea esta historia puede desarrollar empatía con don Quijote desde el principio, porque es un lector enamorado de lo que leyó, como uno mismo, que va leyendo un relato del que le gustaría ser parte.

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