Así fue como Aretha Franklin se convirtió en ‘la Reina del Soul’

Memphis, Tennessee, una ciudad clave en la historia de la música, atestiguó en 1942 el nacimiento de la que fue considerada la “Reina del Soul”, Aretha Franklin, la mejor cantante de todos los tiempos, según la revista especializada Rolling Stone.

Franklin no recibió su título nobiliario musical de la noche a la mañana, sino tras una larga historia de encuentros y desencuentros, descubrimientos, que con el paso de los años, la transformaron en una figura esencial de la cultura de nuestro tiempo.

La cantante pasó años creando las bases de lo que más tarde sería conocida como la música soul, un género que se canta, precisamente, con el alma (esa es la traducción de esa palabra inglesa) y del cual, pocos han logrado tener la maestría que Franklin alcanzó.

Con su muerte, la cantante deja un vacío para la música con una historia que plantea una pregunta universal: ¿Cómo se obtiene un título nobiliario en la música? Esta es la historia de Aretha Franklin, quien falleció hoy a los 76 años de edad.

Aretha Franklin ensayando notas musicales hacia 1972. (AP/Archivo).

Aretha Franklin ensayando notas musicales hacia 1972. (AP/Archivo).

El comienzo de una vida dedicada a la música

Aretha Franklin nació en el seno de una familia afroamericana poco convencional. Su padre, el reverendo Clarence LeVaughn Franklin, cercano asesor de Martin Luther King Jr., afrontó el abandono de su esposa Barbara Franklin, quien dejó a Aretha y sus hermanas, Carolyn y Erma, al cuidado de un hombre cuyo compromiso estaba con la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos.

Casi subvencionada por la iglesia, Aretha creció rodeada de la música góspel, escuchada en las voces de Clara Ward (íntima amiga de C. L. Franklin), James Cleveland o Mahalia Jackson, quien es considerada la reina del género.

Con ese historial tras de sí, la entrada de Aretha a la industria musical era inevitable. Desde niña había demostrado su habilidad tanto para sentarse al piano y tocar, así como para cantar cualquier tipo de pieza, por lo que su padre la eligió como la acompañante de sus giras por todo Estados Unidos. Su voz no tenía parangón, pero aún estaba en búsqueda de una identidad propia.

Tenía 14 años y admiraba a Diana Ross, su contemporánea que en ese entonces ya contaba con un contrato multimillonario auspiciado por la famosa disquera Motown y con el que lanzaba a The Supremes como el mejor trío de música pop de la década de 1960.

John H. Hammond, el primer productor con el que Aretha empezó a trabajar, encontró en ella a una muchacha con un fuerte arraigo al góspel, cuando él estaba acostumbrado a trabajar con las grandes divas del jazz de la época como Billie Holiday.

El reto de Hammond era hacer que la voz de Franklin comenzara a destacar entre los grandes círculos del jazz neoyorkino. Franklin lo convenció y así firmó su primer contrato discográfico con Columbia, la casa de las grandes divas de la época.

Hammond llegó a describirla así:

Era una muchacha inusual, sumamente tímida. Podía estar horas en una habitación con las mismas personas y no decir una palabra, pero el mortal silencio se acababa cuando tomaba el micrófono y entregaba el más profundo y dramático material.

Con 22 años de edad, publicó su primer álbum, un compilado de covers de jazz en colaboración con The Ray Bryant Combo, que incluía su propia versión de “Over the Rainbow”, la canción que Judy Garland potenció hacia el público de la diversidad sexual, y que hoy por hoy es una de las banderas por la defensa de los derechos LGBT en el mundo.

Ray Charles alguna vez dijo:

Si quieres probarte como músico completo, pasa la prueba del jazz. Tocar y cantar jazz te dará las críticas más acertadas y respetables de tu vida”, y fue eso a lo que Aretha se dedicó.

Franklin comenzó a ser reseñada como la incursión de una cantante afroamericana en territorio blanco. Una especie de Sarah Vaughan, aunque sin el mérito de artistas como Ray Charles, Sam Cooke o Dinah Washington que habían logrado hacer ecos entre la sociedad blanca.

Pero la propuesta de Aretha pretendía ir mucho más allá del jazz. En 1960 presentó su segundo álbum titulado The Electrifying Aretha Franklin con el cual se anotaba un punto a la creatividad: la joven insistió en hacer su propia versión rock de la canción “Rough Lover”, con la que por primera vez imprimía su sentido de innovación sobre la música.

El álbum logró mantener las peticiones de jazz de Columbia, pero la cantante buscaba ir más allá de la rebuscada necesidad de música creada para los negros. Aretha quería llegar al mercado blanco sin importar ideas como las de Nina Simone: blancos y negros eran una unidad, pero no del todo ni siempre.

Para lograrlo, Aretha buscó abrirse su camino por el pop con interpretaciones de R&B, pero con cautela. Después realizó un álbum de homenaje a Dinah Washington, que había muerto en diciembre de 1963 y que había conmocionado a la sociedad afroamericana de Detroit, el corazón de las revueltas de las luchas civiles de los negros.

Tiempo después presentó dos álbumes más con una consigna en mente: salir adelante con un sonido renovado, que diera constancia de lo que pasaba en su vida.

Aretha continuó trabajando hasta que llegó el momento de hacer historia. Aunque antes conocería al hombre que se hizo con ella, y que la cambiaría para siempre: Ted White, su primer esposo.

“Todos lo vimos excepto ella”, decía su hermana Carolyn en la autobiografía From These Roots, en una clara referencia al hecho de que White se convertiría en la peor pesadilla, pero principal fuente de inspiración de la cantante.

Esta fue la portada del álbum con el que Aretha haría historia (Coveralia.com).

Esta fue la portada del álbum con el que Aretha haría historia (Coveralia.com).

El nacimiento de la reina: Respect

Con la muerte de Dinah Washington, Aretha tenía solo una obligación: continuar alimentando las esperanzas y anhelos de una sociedad afroamericana harta de la desigualdad ante los blancos.

Pero con Ted White tomando el control de su vida, las cosas no fueron nada sencillas. Aretha decidió finalizar su contrato con Columbia y fichó por Atlantic, la casa de artistas como Ray Charles.

En Atlantic fue puesta a trabajar de manera directa con Jerry Wexler, un productor discográfico blanco muy joven y con un conocimiento amplio del jazz, el R&B y de algo que Motown había empezado denominar como soul: una mezcla de géneros con una lenta cadencia y voces peculiares.

Fue cuando Wexler y Franklin se conocieron, que éste supo que la cantante sería la pequeña mina de oro de la que surgirían los grandes éxitos del soul.

“Respect” se grabó en abril de 1967 con la versión original de la canción de Otis Redding y por alguna razón, estando en el estudio, la cantante logró impregnar una energía insospechada en la pieza.

Al interpretarla, Aretha parecía reflejar dos cosas: por un lado, el potencial de su voz y el camino que podía trazarse con la constancia, y por otro, la inconformidad que sentía hacia White y el control que éste ejercía sobre ella.

“Respect” se convirtió en un canto de liberación racial y sexual de una mujer que no pedía otra cosa más que simplemente eso: respeto. Pero el logro fue que trascendió y llegó a convertirse en uno de los himnos del movimiento de liberación que su padre, Martin Luther King y los afroamericanos, anhelaban.

“Respect” en la actualidad está considerada como una de las mejores canciones de todos los tiempos junto a “Imagine” de John Lennon, “I Can’t Get No Satisfaction” de los Rolling Stones o “Like A Rolling Stone” de Bob Dylan.

En 2016, el crítico de música David Remnick escribía en The New Yorker que aquello que distinguía a Franklin no era la amplitud de su catálogo o la fuerza de su voz sino “su inteligencia musical, su manera de cantar detrás del ritmo, de rociar un lavado de notas sobre una sola palabra o sílaba, de construir, momento a momento, el poder emocional de una canción de tres minutos”.

Fue en ese mismo año, con solo un álbum de soul puro que contenía “Respect”, que Franklin se coronó como la “Reina del Soul”. Pervis Spann, el anfitrión del concierto en el Regal Theatre de Chicago, prescindió de la corona y le dio el título aquella noche a la intérprete.

No obstante, todo el meollo del asunto tampoco descansaba ni descansó nunca en una sola canción como pasa con algunos artistas conocidos como los one hit wonder. Aretha estaba escribiendo la historia con ese álbum titulado I Never Loved a Man The Way I Love You.

A lo largo de todo el disco Aretha sentenciaba dos mensajes: uno de amor y el otro de odio hacia el hombre que se casó con ella en 1962 y a quien no podría soportar más tiempo, por lo que se divorció de él en 1969.

En I Never Loved A Man… Aretha incluía sus primeras composiciones personales, éxitos recurrentes de Ray Charles y de Sam Cooke y un himno principal que daba título al álbum y en el cual, le juraba “amor con odio” al hombre que la explotaba continuamente.

Parte de la letra de la canción sentenciaba:

No eres bueno, me rompes el corazón, eres un mentiroso, tramposo y me haces sufrir. No sé por qué te dejo hacerme estas cosas y mis amigos me dicen que te deje, pero ellos no saben que te dejaría si pudiera.

Al año siguiente, en el apogeo de su carrera, Aretha parecía desarrollar una personalidad más bien “bipolar”. Carole King componía, casi exclusivamente para ella, la canción “(You Make Me Feel) Like a Natural Woman”: un himno casi de sumisión, pero cargado de amor puro hacia sí misma.

Lady Soul y Aretha Now, ambos de 1968, fueron los dos álbumes que lograron consagrar a la cantante más allá de Estados Unidos, y la llevaron a giras por Europa, en donde el sonido del soul causaba revuelo entre las jóvenes consciencias que se identificaban más con The Beatles, que con otros proyectos musicales.

Aún el éxito era el común denominador de Franklin, por lo que ganaba premios y reconocimientos a nivel internacional. Dieciocho premios Grammy a lo largo de toda su carrera dieron constancia de ello.

Aretha durante una conferencia de prensa en 1973. (AP).

Aretha durante una conferencia de prensa en 1973. (AP).

El mito, la leyenda y el legado de Aretha

Con toda la música que realizaba, Aretha intentaba satisfacer sus necesidades: dar lugar a la innovación musical, pero también, dar cabida a su propio sentido interpretativo.

Entre 1968 y la primera década del 2000, Franklin siguió consolidando su carrera con alrededor de 20 álbumes. En cada uno de ellos, impregnó distintos estilos además del soul, y claramente, intentó ligarse a fenómenos como la música disco, que le ganó la carrera, quizá por su voz inadaptable al género.

Pero en todo ese tiempo, Aretha vivió sus propios demonios de cerca: la muerte de su padre que estuvo cinco años en coma, el reacercamiento con sus orígenes al góspel que quedó reflejado en un álbum; y jugar el papel de ser máquina de inspiración de cientos de voces jóvenes que tomaron el soul como camino.

Barack Obama, el ex presidente de Estados Unidos, fue reconocido durante su administración por una ferviente admiración hacia la figura de Franklin, que cantó durante su toma de posesión, frente al Congreso de Estados Unidos, y que en numerosas ocasiones viajaba a Washington para interpretar para el presidente y su familia en la Casa Blanca.

Obama, describió así la música de Franklin:

Se puede escuchar la influencia de Aretha en el paisaje de la música estadounidense sin importar el género. ¿Qué otro artista tuvo este impacto? Dylan. Tal vez Stevie [Wonder], Ray Charles. Los Beatles y los Stones, pero, por supuesto, son importaciones. Los gigantes del jazz como [Louis] Armstrong. Pero es una lista corta”.

“Si estoy varado en una isla desierta y tengo diez discos”, continuaba Obama, “sé que ella está en la colección. Porque ella me recordará mi humanidad. Lo que es esencial en todos nosotros. Ella solo suena condenádamente bien, así que un consejo: cuando estés cantando en una fiesta, abre con ‘Rock Steady’”.

Fue en 1994 que Aretha recibió el Premio Kennedy, la máxima condecoración otorgada por el gobierno de Estados Unidos, entregada de forma anual a cinco artistas escénicos en distintas disciplinas, por su contribución a la cultura estadounidense.

Años más tarde, en 2015, la misma condecoración era entregada a Carole King, por la composición de canciones que cambiarían también el panorama musical de Estados Unidos. En la ceremonia de entrega, Obama rompía en llanto frente a la interpretación de Franklin del tema “(You Make Me Feel Like) Like a Natural Woman”.

La leyenda señala que afirmar algo acerca de ella en medios de comunicación, equivalía a tener en la puerta de las redacciones a un ejército de abogados, amenazando con demandas multimillonarias a aquellos que la difamaran.

Por ello, su trato con la prensa se calificó como más respetuoso, aunque en 2014 la publicación del libro Respect: the life of Aretha Franklin, firmado por David Ritz, provocó un enorme disgusto de la cantante porque el libro develaba un panorama de desastres en su matrimonio, rencillas con la farándula, problemas económicos y vicios como su alcoholismo.

Aretha, no obstante, supo mantenerse más allá de una vida turbulenta marcada por el miedo y los ataques de pánico que tenía cuando viajaba en avión.

En febrero de 2017, la cantante anunció su retiro de los escenarios. Muchos años antes, en 1998, durante la ceremonia de entrega de los premios Grammy, Luciano Pavarotti se declaró enfermo y le pidió a Franklin que fuera ella quien cantase el “Nessun Dorma!”, una de las piezas clave de Turandot de Giacomo Puccini.

Dicen que junto a su espejo en el camerino Aretha se dedicaba a juntar, aún en sus últimas presentaciones, billetes de cien dólares que ponía en su bolso o le entregaba a su equipo de seguridad.

Tavis Smiley, un conductor de televisión y escritor, decía que este comportamiento se debía a la época en que Franklin se había formado.

Vio a muchos artistas como Ray Charles y B. B. King ser robados. En ella existe la creencia de que la gente ahí afuera puede lastimarla, y eso no lo tolera. No puedes faltarle al respeto”, relataba Smiley.

Aretha murió rodeada de su familia y sus seres queridos en Detroit, su ciudad de residencia desde que tenía dos años y una de las ciudades más importantes de Estados Unidos en la historia de la música.

Con su partida, Aretha despide a la que fuera considerada por muchos, como la mejor cantante que Estados Unidos le ha dado al mundo. Cuerpo y alma, Aretha recibirá por años el respeto que su voz se ganó en el mundo de la música del alma.

Ilustración principal: José Aguilar @esepe1

 

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