Retratar la violencia y el machismo: entrevista con Armando Hernández

En una entrevista exclusiva, hablamos con el actor Armando Hernández sobre su nueva película, La Paloma y el Lobo de Carlos Lenin.
marzo 1, 2021

En una entrevista exclusiva, el actor Armando Hernández nos platicó de su nueva película, La Paloma y el Lobo.

La Paloma y el Lobo, ópera prima del egresado del CUEC, Carlos Lenin, cuenta la historia trágica de una pareja en Monterrey. Armando Hernández interpreta a Lobo, un hombre hosco y reservado que no puede expresar sus frustraciones y que, poco a poco, pierde contacto con su novia. Paloma, a su vez, quiere escapar de las torturas cotidianas del trabajo y de la sociedad y sueña con regresar a su pueblo para los quince años de su hermana. Encima del desgaste de la relación, hay un horror en el ambiente. La precariedad laboral de las fábricas y las maquilas, la presencia periférica de la violencia del narco, los recuerdos de viejos traumas y fantasmas que regresan a perseguirlos.

La película de Carlos Lenin es una experiencia atmosférica que retrata, como pocos lo han hecho, las consecuencias íntimas de los tiempos que vivimos en México; tiempos de violencia, de machismo y de precariedad. Una película que, a través de cuadros minuciosamente planeados, pacientes imágenes y reveladores silencios, explora las heridas que no nos atrevemos a decir, que no sabemos que nos controlan y que terminan convirtiendo en tragedias las vidas más comunes.

En La Paloma y el Lobo, Armando Hernández logra una de las interpretaciones más sutiles y desgarradoras de su carrera. Veinte años después de De la Calle (2001) y Amarte Duele (2002), las dos películas que propulsaron su carrera a inicios de este siglo, Hernández parece haber encontrado uno de sus más grandes retos. En esta entrevista exclusiva platicamos con él sobre lo que representó hacer esta película y los retos de enfrentarse a una actuación contenida, matizada y compleja en esta reveladora película de realismo crítico.

La Paloma y el Lobo formó parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia 2019, del Festival Internacional de Cine de Los Cabos 2019, del FICUNAM 2019, fue reconocida en el Festival de Locarno en Suiza y recibió cuatro nominaciones a los Premios Ariel 2020.

Hace casi dos años, en el festival de Morelia, pude ver la película y hablar con el productor Miguel Ángel Sánchez y me contó sobre el problema que fueron las locaciones. Cómo tuvieron que desinfectar con saneamiento industrial la estación de trenes abandonada en la zona roja de Monterrey, cómo se tuvieron que adaptar a la vida de las vecindades para crear la casa de Paloma y Lobo, etcétera. ¿Cómo fue tu experiencia con estas locaciones, con este rodaje tan difícil y cómo te inspiró para crear este personaje?

Fue un reto, como te lo platicó Mike. Empezando por encontrar las locaciones que Lenin había imaginado o que ya tenía en mente. Siendo local Lenin, de alguna manera, ya conocía estos lugares y estos espacios y trató de plasmarlos en su película. Pero, más allá de lo que representan estos lugares, la narrativa es muy importante. Tanto como la fotografía y la manera de contar esta historia.

Con estos espacios largos, en profundidad, en los que puedes, de pronto, ver una intimidad, te das cuenta de que crearon a un personaje más. Como actor, todos estos entornos recreados te ayudan para encarnar una atmósfera, para sentirlos como reales, para vivir el entorno en el que se desarrollan estos personajes. En particular, con Carlos Lenin, a quien tengo el gusto de conocer desde hace 10 años, habíamos trabajado el preámbulo de lo que se convertiría en La paloma y el lobo, con un corto llamado 24° 51′ Latitud Norte. Ahí, de alguna manera, generamos esa complicidad y esa mancuerna para entender lo que iba a significar realizar La paloma y el lobo. Así que, de pronto, llegar a Monterrey y no llegar a los lugares turísticos, bonitos, a los que normalmente llegas, al cabrito y demás, de pronto enfrentarte con esta realidad y con algo que realmente se expresa en los lugares, fue impactante y me ayudó a entender cómo podía vivir una persona como Lobo.

A eso iba mi segunda pregunta. Algo que me impresiona mucho de tu actuación en esta película es que Lobo expresa mucho más en los silencios que en las palabras. Nunca me había causado tanta tristeza ver a alguien comerse un sandwich. ¿Cómo fue el proceso para crear un personaje que se expresa en una actuación tan densa y tan contenida emocionalmente?

Ese fue el reto. Yo, como Armando, soy muy inquieto y muy hiperactivo. A la hora de construir un personaje, como actor, el diálogo es la herramienta de base. En eso te recargas para transmitir un sentimiento. Basta decir una grosería para transmitir que estás enojado o cualquier indicación. En este caso, con Lobo, que tiene esa densidad que mencionas, una carga emocional y un pasado y muchas cosas, el reto venía en transmitir un sentimiento con la única herramienta disponible que era mi cuerpo, mi cara. Era todo lo que tenía para transmitirle al espectador lo que el personaje estaba sintiendo.

Te puedo decir que es uno de los trabajos más complicados que me ha tocado hacer. Pero creo que se logra a partir de tener muy en claro, desde el guión, quién era el personaje y, además, haber tenido esa mancuerna, esa unión con Carlos. Nos entendimos muy bien y por eso repetimos en La paloma y el lobo. Eso lo agradezco mucho, como actor. Agradezco los espacios que me dio. Agradezco también a mi compañera Paloma con la que tuve una buena química de pareja para expresar lo que estaba sucediendo entre los dos personajes.

Fueron muchos factores los que me ayudaron a construir la columna vertebral del Lobo y poder, como mencionas -y es una de mis tomas favoritas-, incluso comer con tristeza. Todos en algún momento hemos llegado a comer con tristeza, con hambre, con emoción. Creo que es complicado mostrar todas estas emociones en un declive como el que está viviendo el Lobo que, de alguna manera, se tenía que plasmar en la pantalla. El espectador tenía que darse cuenta que, en verdad, la estaba pasando muy mal. Esto implicaba retos que yo nunca había intentado y que, de alguna manera, abren esta versatilidad que estoy descubriendo como actor.

Justamente pensaba que esto te lo deben preguntar mucho… Pero hay algo muy intenso en la relación entre Paloma y tú en la película. No es una química de romance nuevo, sino algo mucho más difícil de plasmar: la química de un romance viejo, desgastado. ¿Cómo lograron esta sensación tan única de una relación agotada?

Nuestra relación personal no es muy vieja. Es una amistad a raíz de que conozco a Lenin y Paloma es su pareja en la vida real. Entonces, siempre hubo esta constante comunicación. Para mí siempre fue una persona familiar, alguien que me resultaba conocida y creo que eso ayudaba, al final del día, a que, independientemente de estar haciendo una interpretación, de estar trabajando como actor, tuviéramos también una complicidad de amistad. Y supimos entablar muy bien esta amistad para desarrollar este desgaste como pareja; un desgaste que todos hemos vivido.

Creo que otro de los factores que nos ayudado mucho en estos personajes es la identificación misma con el espectador: son personajes entrañables, son personajes que de alguna manera tienen una veracidad y credibilidad que tú como espectador, al verlo, puedes identificar inmediatamente. Sabemos qué es lo que está pasando porque todos, de alguna manera, hemos sufrido una relación desgastada o una relación emocionante. Creo que ese es un gran acierto de Lenin a la hora de escribir los personajes, de desarrollarlos y a la hora, obviamente, de dirigirlos. Porque como actor uno construye a partir de la mano del director que nos mantiene ahí, que hace que no nos desvirtuemos y consigamos lo que quiere. Creo que el trabajo de Lenin es muy acertado.

Alguna vez, un famoso director italiano dijo que filmar una ficción era, en realidad, hacer un documental sobre los actores. ¿Qué parte de ti pusiste en el Lobo y qué parte de ti te hizo descubrir el Lobo?

Pues yo creo que, hablando de la identificación, en Lobo pude expresar lo que a muchos nos está preocupando por el entorno en el que vivimos. Estos dos personajes están en una relación desgastada, pero también están tratando de salir adelante en este mundo violento que tanto conocemos. Más allá de que el cine pueda ser entretenimiento o arte, es también la oportunidad de expresar lo que está sucediendo y que nos incumbe a todos como sociedad como país. En ese punto también me gusta mucho que Carlos lo manejó como una creación de atmósferas y entornos que te llevan a sentir esta violencia sin nunca retratarla de manera explícita.

Creo que así me siento, como Lobo de pronto, escuchando en las noticias, en la radio, en videos en internet, que vivimos en algo que se ha vuelto cotidiano, que ya no nos impacta tanto, que ya no nos causa terror porque lo vivimos todos los días. Creo que eso le sumé de mi esencia al personaje porque identifiqué que ese es también mi entorno en esta jungla. Eso es lo que dejo yo en Lobo.

También dejo, tal vez, una preocupación por un futuro incierto. No nada más por la pandemia. Siempre hemos vivido en esa constante incertidumbre. Y hay una resiliencia común entre los que queremos seguir adelante. No sé si el Lobo sea de los quiera salir adelante, eso sí…

El Lobo reprime sus sentimientos, forjado en un machismo que conocemos muy bien. Mientras tanto, tu trabajo es expresar sentimientos. ¿Qué piensas de esta cultura masculina que oprime la expresión de sentimientos hasta consecuencias extremas?

Interesante. Algo que me ha preocupado como persona, ha sido romper con estereotipos, estigmas o creencias. Sobre todo en un país como el nuestro en el que el machismo está tan presente. En la actualidad, estamos viendo revoluciones que se están oponiendo a esto. Hay una apertura, una educación y una cultura diferente que se está desarrollando. En La paloma y el lobo también representamos eso. Representamos cómo sigue existiendo y siguen vigente, en ciertas comunidades y lugares del interior, las formas de creer en el papel del hombre, el rol que juegas como hombre, lo que se te permite hacer y lo que no. Hacer una película, como te decía, no nada más es crear entretenimiento para que pases dos horas de buen rato, es una oportunidad de hacer algo más, de crear una consciencia sobre lo que está sucediendo. A veces tienes una oportunidad de estar en un entorno diferente, de tener una educación. Pero el machismo está incluso ahí. Creo que por eso era importante para mí estar en este proyecto y decir que, nosotros los hombres, dicho con todo respeto al movimiento de las mujeres, también hemos sido muy marcados por el machismo. No podemos llorar, tenemos que llevar una batuta y demás. Eso es un castigo. Quedarse inexpresivo, no poder expresar tus sentimientos, es un castigo. Y estas emociones retraídas pueden llevar a decisiones equivocadas o tan terribles como lo que le sucede a Lobo.

¿Crees que el cine puede cambiar nuestro mundo?

Es difícil responder eso… Más que cambiar, tal vez generar conciencia. Creo que es un espacio en el cual expresamos ciertas inquietudes sobre estas problemáticas sociales en las que, de alguna manera, se reflejan e identifican los espectadores. Más allá de la fantasía que puede crear el cine, más allá del entretenimiento, más allá del escaparate, de librarse de una realidad, el cine también te sacude con un mazo, te dice lo que está sucediendo y te propone cómo podríamos cambiarlo. Creo que todo suma. Para llegar a un cambio no depende solamente de una cosa, sino de muchos factores, y el cine es uno de ellos. Puedes generar, a través del cine, una conciencia para lograr un cambio a futuro.

Autor:
Nicolás Ruiz Escritor en distintos medios electrónicos e impresos, entusiasta de la literatura comparada y los mazapanes, crítico de cine en Código Espagueti, conductor y editor en Noticieros Televisa.