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80 años de Superman; su mayor poder es adaptarse a los tiempos

Tal como le pasa a la novela o al rock, a Superman, personaje de cómics, caricaturas y películas, lo dan por muerto y, sin embargo, seguimos hablando de él 8 décadas después de su creación. De hecho, tan solo hace unos años uno de sus títulos ganó unos Eisners (los premios Oscar de los cómics). ¿El secreto de su longevidad? Extraordinarios realizadores de cómics que han sabido cómo darle nueva vida al hombre de acero con el paso del tiempo.

Durante el 2018 la editorial poseedora del personaje realizó distintos festejos y lanzó diversos productos conmemorativos. Es por ello que, a continuación, se narra cómo se ha transformado el llamado ‘hombre de acero’ a lo largo de las etapas del cómic de superhéroes.

Edad de Oro: El luchador social

En plena Gran Depresión, la crisis económica que azotó a Estados Unidos durante la década de los treinta del siglo XX, dos adolescentes judíos hijos de familias migrantes crearon a uno de los personajes más emblemáticos de la cultura pop: Superman.

El desarrollo del primer superhéroe de la historia no fue ni rápida, ni sencilla. Primero fue pensado como un villano para una historia corta en prosa escrita para una revista estudiantil. Posteriormente se retomó el nombre ‘Superman’ para un detective de acción en un cómic al estilo de Dick Tracy.

La versión definitiva publicada en el primer número de Action Comics es la que conocemos el día de hoy: un infante es enviado en una nave por sus padres desde el planeta Krypton a la Tierra, justo antes de que su mundo futurista explote. Unos granjeros de Smallville, Kansas encuentran al niño y lo crían como si fuera su hijo. Con el nombre de Clark Kent, el extraterrestre con apariencia humana consigue trabajo de periodista en el diario metropolitano El Planeta, pero en secreto es Superman, poderoso héroe que lucha por “la verdad, la justicia y el modo de vida estadounidense”.

Conocer esta primera etapa del personaje es interesante porque es muy diferente del Superman de años posteriores. Su lucha no es contra un supervillano o un algún tipo de criminal que viva fuera de la ley, sino que enfrenta a aquellos que abusan de otros: el dueño de una minera que explotan a sus trabajadores en condiciones inseguras; un esposo abusivo que golpea a su mujer; o incluso hasta el bully que fastidia sus compañeros de escuela.

En la historia titulada “Superman en los barrios bajos” (“Superman in the slums”)  de Action Comics #8, el superhéroe evacúa un barrio pobre de la ciudad para luego destruir las casas en pésimas condiciones del rumbo; el ejército llega y bombardea el lugar con la intención de acabar con la nueva amenaza disfrazada. El ab plan del hombre de acero resulta exitoso: el gobierno se ve obligado a construirles casas mejores a la gente del rumbo.

Señalar que Superman surge como un “campeón de los oprimidos” hace evidentes dos características del género de superhéroes: por un lado, se puede ver que no nace como una visión maniquea de la realidad ni que los protagonistas son necesariamente guardianes del statu quo; también muestra su orígen político.

Es obligada la correlación entre las políticas económicas del New Deal encaminadas a ayudar a los más pobres y reactivar la economía estadounidense luego de la crisis económica, y la agenda del Superman de Siegel y Shuster. Incluso, conocedores del tema, como Grant Morrison, consideran al primer Superman como un socialista.

‘El hombre de acero’. (Foto: Pixabay)

'El hombre de acero'. (Foto: Pixabay)

Los cómics actuales reflejan los avances de las luchas feministas y de los movimientos LGBT+; un sector de los lectores reacciona molesta por la politización de su medio de entretenimiento. Bien harían los quejosos en consultar el inicio eminentemente político del género de superhéroes.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Siegel y Shuster dejarían atrás las tácticas agresivas y el izquierdismo de Superman; había que cerrar filas en contra del fascismo. No obstante, ser el defensor de los desprotegidos sigue siendo hasta el día de hoy el sello característico del personaje.

Edad de Plata: Imaginación desbordada

Muchos de los superhéroes más populares actualmente iniciaron en sus cómics con personalidad y tácticas bastante estridentes y solo con el paso del tiempo y la popularidad se reformaron para convertirse en modelos a seguir para sus jóvenes lectores.

El Spider-Man de Stan Lee y Steve Ditko continuó siendo un adolescente escuálido, depresivo e inadaptado mucho tiempo después de que su tío Ben muriera; solo hasta la universidad se convirtió en un tímido galán en cuyo carácter cabía el altruismo y el autosacrificio. Los Fantastic Four de Lee y Jack Kirby comenzaron como una familia altamente disfuncional con personalidades conflictivas en constante choque; no era raro que alguno de sus integrantes amenazara con dejar el equipo.

Superman fue, quizá, el primer justiciero en “hacerse decente”. La crisis económica y la guerra habían terminado, ahora venía el tiempo de la bonanza y la propaganda del “American way of life”. Es así como el hombre de acero se convirtió en una figura paternal que protegía a Estados Unidos de Lex Luthor y extraterrestres que amenazaban la supuesta normalidad norteamericana, inmortalizada en el ideario colectivo por los medios masivos de comunicación.

Para que publicaran su trabajo, Siegel y Shuster vendieron a Superman a la editorial Detective Comics (ahora DC) por tan solo 130 dólares, así que el control legal sobre el personaje ya lo habían perdido. Algunos años después también perdieron las riendas creativas. Es en ese entonces llegaron otros guionistas e ilustradores, de estos últimos, el más destacado fue Curt Swan, el Norman Rockwell de los cómics. Su trabajo caracterizado por gente blanca, “chapeada”, en ambientes coloridos reforzaba la noción de un próspero estilo de vida americano.

Sin embargo, no todo fue conservadurismo durante esos años; la Edad de Plata se caracterizó por una enorme creatividad: múltiples nuevos cómics, personajes y en el caso de Superman, la creación del primer gran universo ficticio estadounidense, varios años antes de Star Wars. La Fortaleza de la Soledad, los criminales de la Zona Fantasma, kryptonitas de múltiples colores y efectos, el Planeta Bizarro, la Legión de Superhéroes; múltiples conceptos poblaron el mundo de Superman e interactuaron unos con otros para dar las próximas décadas de historias. Es esta etapa se consolidó la saga del último hijo de Krypton.

Asismismo, la identidad de Superman deja de ser exclusiva de un hombre. Una joven sobreviviente del planeta Krypton, Supergirl; el sabueso, Krypton; Streaky, el superfelino; el simio de acero, Beepo… Por si fuera poco, el hombre de acero experimenta múltiples transformaciones: puede ser un bebé, un anciano, un león o incluso un hombre hormiga. Grant Morrison atribuye esta multiplicidad de formas al uso del LSD y sus efectos en la percepción de sus consumidores. El autor recuerda que aunque los cómics de aquel entonces eran escritos para niños, los autores eran escritores y artistas con vidas bohemias.

En muchas ocasiones, estos cambios suceden en un entorno “onírico”, como lo llama Umberto Eco; historias imaginarias que no dejan huella en la saga de Superman. En cualquier tomo de esa época, Superman se podía casar, transformarse en un monstruo, duplicarse y hasta morir; y al siguiente número aparecer como si nada hubiera pasado, de vuelta al statu quo.

Por otro lado, una tendencia de la Edad de Oro que se consolidó durante la Edad de Plata es la idea de que Superman es una especie de guardián de la modernidad. Por un lado, protege a Metropolis de robots y experimentos fallidos; pero a pesar de todos esos errores del progreso, siempre está dispuesto a apoyar a científicos probando tecnología nueva. Probablemente por eso lleva el mote de ‘el hombre del mañana’. Una total confianza en la ciencia como motor de un futuro mejor.

Un ejemplo muy elocuente es “La sorprendente historia de Superman Rojo y Superman Azul” (“The amazing story of Superman Red and Superman Blue”) en Superman #162. El hombre de acero sabe que tiene varias cuentas pendientes con la humanidad, una de ellas es erradicar el crimen del mundo, ni más, ni menos. Superman se ve rebasado ante retos como ese, así que se somete a un experimento ideado por él para aumentar su inteligencia; no solo obtiene el resultado deseado sino que además se divide en dos superhombres, uno de disfraz rojo y otro que viste de azul. El duo resuelve uno a uno los problemas de su antecesor. En el clímax del relato, inventan un “rayo antimaldad” que, tras ser  disparado por todo el planeta, hace que los ladrones devuelvan el dinero que robaron a sus dueños y que los dictadores de todo el mundo liberen a los prisioneros políticos que tienen en su cárceles. Como si la solución a cualquier crisis estuviera en la tecnología.

Edad de Bronce: Un Superman de carne y hueso

De esta época un autor sobresale de los demás, firma con el nombre de Elliot S! Maggin, famoso no solo por sus cómics, sino también por sus novelas Last Son of Krypton (1978) y Miracle Monday (1981).

Entre las historietas de su autoría, la más recordada es “Must there be a Superman?” (“¿Debe haber un Superman?”) en Superman #247 (1972), ilustrado por el aún activo Curt Swan. En la historia, Superman es cuestionado por unos seres casi omnipotentes, los Guardianes del Universo, una raza de sabios que observan y regulan las relaciones entre los seres de distintos planetas. Los Guardianes observan que, al salvar a los terrícolas de todas sus grandes crisis, ha frenado su crecimiento como sociedad.

“¡Por años he jugado a ser el hermano mayor ⦋’big brother’⦌ de la raza humana! ¿Me habré equivocado? ¿Dependen de mí demasiado… demasiado seguido?”, reflexiona Superman.

El tenas justiciero que en su etapa inicial fue un feroz izquierdista que iba hasta las últimas consecuencias por ayudar a los desfavorecidos queda indefenso ante el pensamiento individualista de los setenta.

La reflexión de “Must there be a Superman?” contrasta con el pensamiento que Umberto Eco hace desde la esfera académica. Para el filósofo, Superman hace muy poco por la humanidad con el inmenso poder que tiene; no va más allá de lo que las leyes y la autoridad dictan. En cierto sentido, encontrar el equilibrio entre la postura de Maggin y la de Eco se volverá el tema central de varias de las historias del hombre de acero de ahí en adelante.

No obstante, una vez más Superman es definido más por sus aventuras contadas en medios electrónicos y no por las historietas. En 1978 se estrena en las salas cinematográficas una película que cambiará por completo la forma en que se hace cine de superhéroes. Superman de Richard Donner es un film ambicioso que presenta al superhéroe en locaciones reales de Estados Unidos y Canadá, y con un guión que trata a los personajes de los cómics con una autenticidad nunca antes vista.

Por si fuera poco, Donner consiguió al Superman perfecto para su película, Christopher Reeve. No solo la apariencia lo hacía parecer como salido de los cómics, sino que además su interpretación relajada y benevolente se convirtió en la versión definitiva del personaje en todos los medios.

El director Christopher Nolan declaró que la cinta de Donner fue su inspiración para la trilogía de Batman; dijo que, cuando vio Superman en el cine, de niño, era la primera vez que parecía que un superhéroe existía en el mundo real. En la Metropolis ahí retratada se mostraba la vida caótica de las grandes ciudades, mezclada con las reacciones de asombro ante las hazañas del hombre de acero.

Edad de Hierro: Muerte, resurrección y matrimonio

Desde el periodo de la posguerra, las ventas de cómics fueron cayendo con los años; la radio y sobre todo la televisión se convirtieron en los medios predilectos para el entretenimiento en todo el mundo. Y para agravar aún más las cosas, para el final de los sesenta, los cómics de Marvel habían destronado a los de DC en la preferencia del público. Era urgente un cambio radical.

A mediados de los ochenta, la editorial de Superman, Batman y la Liga de la Justicia, entre todos títulos, tomó dos medidas extremas que aún el día de hoy son discutidas entre los fans: comenzó de cero las historias de todos sus personajes, lo que ahora llamamos un reboot; y además, contrató a los talentos más importantes de la escena del cómic estadounidense de ese momento, guionistas e ilustradores incluso de Marvel.

El extraordinario John Byrne, quien ya había tenido una corrida histórica en Uncanny X-Men, fue el encargado de revitalizar a Superman, junto con algunas atinadas contribuciones Marv Wolfman.

La mayoría de las cambios que Byrne hizo fueron acertados, algunos fueron atinados solo para la época y otros persisten hasta el día de hoy. En lo superficial, el origen de Superman parece intacto; los pequeños detalles hicieron la diferencia.

Para la personalidad de Superman, Byrne simplemente calcó la impecable interpretación de Christopher Reeve en las películas. Relajado, compasivo y sin el paternalismo autoritario de anteriores entregas. La novedad fue el cambio de la relación entre las personalidad de superhéroe y su identidad secreta de periodista. Originalmente, Clark Kent era una personalidad fabricada con la que Superman podía coexistir con la gente de Metropolis y así saber qué pasaba y cómo podía ayudarlos. Luego, la dinámica se invirtió: Clark Kent pasó su juventud creyéndose un humano con habilidades extraordinarias y Superman es un personaje que él actúa ante el público.

Pero el cambio que tuvo mayores repercusiones tiene que ver con su orígen. Antaño, el planeta de donde provenía Superman, Krypton, era una una utopía tecnología. Con toda razón, Superman lo recuerda con tanto cariño, era un mundo perfecto que solo un desastre natural podría haber destruído. Byrne tiró por la borda esa versión; la suya es un planeta avasallado por el desarrollo tecnológico hasta el punto de que la naturaleza y la individualidad humana han desaparecido, hombres y mujeres que visten ropas negras viven en grandes torres hechas con tecnología futurista, alejados de parajes desérticos. Las terribles aberraciones tecnológicas creadas ahí regresarán a la vida de Superman años después como si fueran la materialización de los pecados de sus ancestros obsesionados con el avance tecnológico.

Por su parte, Lex Luthor también fue actualizado. El archienemigo de Superman cambió con los años para reflejar a los villanos del mundo real. En su orígen, por los días de la Segunda Guerra Mundial, Luthor era un vendedor de armas; durante la posguerra fue un científico sin ética; ahora, Wolfman lo escribió como un empresario multimillonario. En la primera aparición de esta versión, el hombre de acero lo salva de un grupo guerrillero venezolano que buscaba venganza por “robarse el petróleo de su país”.

Byrne y Wolfman estuvieron pocos años escribiendo las historias del superhéroe de Metropolis; en la década de los noventa un grupo de guionistas e ilustradores, entre los que destaca Dan Jurgens, tomaron las riendas de los cómics de Superman. Su estrategia fue hacer realidad muchas de las “historias imaginarias” de la Edad de Plata. Es así como Superman murió, fue sustituido, resucitó, perdió sus superhabilidades, se casó y hasta tuvo un nuevos poderes y traje. Fue una época de extraordinarias ventas, La Muerte de Superman fue un hecho que marcó la década como ningún otro cómic. Sin embargo la calidad de los relatos decayó con el tiempo.

Renacimiento: Deconstrucción y reconstrucción

A principios de los noventa, nuevos superhéroes como Spawn, Cable, Youngblood, entre otros, fueron introducidos a la escena del cómic estadounidense. Eran más radicales, capaces de matar sin piedad a sus enemigos. En un primer momento lograron gran popularidad y le ganaron las ventas a personajes más tradicionales, como Superman. Sin embargo, su racha de fama fue efímera.

Los justicieros clásicos fueron los protagonistas de cómics extraordinarios que marcaron un época caracterizada por la incorporación de procedimientos posmodernos a la narrativa del cómic. Deconstrucción, pastiche, collage y muchos otros.

Es en este contexto que las mejores historias de Superman, no solo de esta época, sino tal vez de toda su vida editorial, fueron realizadas. El truco estaba en que esos relatos no estaban en los títulos convencionales, Action Comics o Superman, sino en “historias imaginarias”, contadas en tomos aparte, clásicos como Kingdome Come, Secret Identity, Red Son y All Star Superman. También se pueden leer verdaderas joyas de pastiches hechos por otros sellos editoriales, como Mr. Majestic en Wildstorm y Supreme en Image.

Superman. (Foto: Tom Woodward/Flickr)

Superman. (Foto: Tom Woodward/Flickr)

Red Son, de Mark Millar y Dave Johnson, plantea un escenario hipotético: qué pasaría si la nave de Superman no hubiera aterrizado en el Estados Unidos capitalista, sino en la Unión Soviética comunista. Un magistral ejercicio literario de Millar que nos demuestra cómo la política condiciona nuestras ideas de lo que está bien y lo que está mal.

Otra enorme obra es All Star Superman, del multicitado Grant Morrison y Frank Quietly, cuenta una “historia imaginaria” en la que Superman salva del desastre a la primera misión tripulada al Sol. Su exposición tan intensa al astro rey, la fuente de sus poderes, provoca una lenta enfermedad terminal en el hombre de acero. La serie de doce tomos cuenta los últimos días del superhéroe haciendo un paralelismo con los últimos días de la modernidad. El trabajo de Morrison y Quietly fue ganador de varios Eisners durante el tiempo que se publicó, demostrando que todavía quedan historias valiosas que contar con el último hijo de Krypton.

Por otro lado, en el aire seguía la pregunta acerca de para qué sirven los superhéroes en un mundo que ya no cree en mesianismos ni soluciones definitivas. En JLA #4, los integrantes de la Liga de la Justicia discuten su rol en el mundo actual. ¿Para qué nos necesitan?, pregunta Flash. Y Superman responde: “Para cacharlos si caen”. Una frase que no va dirigida a la población ficticia del universo DC, sino a los lectores. No se trata de que los superhéroes resuelvan los problemas del mundo real, sino de su potencial como mito: un referente de inspiración en un mundo moderno secularizado.

Época actual

Hoy existe un esfuerzo editorial por parte de Marvel y DC en reflejar la diversidad racial y sexual de nuestro mundo. Títulos como Ms. Marvel, de G. Willow Wilson y Adrian Alphona, y Batwoman, de Greg Rucka y J.H Williams III son brillantes ejemplos de representación de mujeres, gente no blanca o pertenecientes al mundo LGBT.

Podría parecer que en este contexto, un hombre blanco heterosexual como Superman no tiene cabida; sin embargo su historia es la de un migrante que llega a la Unión Americana a dar lo mejor de sí mismo. Sin duda, todavía se ve lejana la última historia por contar del hombre de acero.

Guionistas, ilustradores y otros creativos del mundo de los cómics, caricaturas y el cine continúan dándole nueva vida a Superman por sus distintos medios. Los tiempos y la percepción de la justicia cambian, pero persiste una maravillosa idea de un individuo con el poder para lograr lo que sea, pero que dedica su vida a apoyar a los desprotegidos.

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