100 años de Mandela: Así funcionó su política del perdón y la reconciliación

Madiba, Nelson Mandela, nos demostró que las reconciliación pacífica en una sociedad profundamente rota, es posible.
julio 18, 2018

Madiba nos demostró que las reconciliaciones pacíficas son posibles.

Nelson Mandela pasó 27 años encerrado en una prisión con un contacto con el exterior muy controlado por el cautiverio carcelario. Sin embargo, eso no le impidió ser uno de los más importantes representantes de la lucha por la libertad y la democracia en Sudáfrica. Su labor le mereció el Premio Nobel de la Paz en 1993 y su elección como presidente en las primeras elecciones universales (con la participación de toda la población sin distinciones) en Sudáfrica. La lucha de Mandela es una historia de más de 67 años de resistencia y engloba la colaboración de muchas personas que se organizaron contra la violencia racial.

El apartheid fue un sistema legal de discriminación racial, instituido en Sudáfrica de 1948 a 1992, que promovía el odio contra la población negra (80% del total). Dentro de esa organización política, los negros no tenían permitido votar, habitar los mismos espacios públicos que los blancos, ni ejercer sus derechos civiles a plenitud. Según la Organización de las Naciones Unidas, el apartheid fue uno de los crímenes de lesa humanidad más largos de la historia moderna. ¿Cómo le hizo una nación para recuperarse de una violencia tan extendida y sistemática?, ¿qué podemos aprender las otras naciones de su política del perdón?

El silencio y los mecanismos de control del apartheid

Mandela visitó en 1994 su celda en la isla Robben, donde pasó 18 de sus 27 años en prisión (Getty Images)

De acuerdo con el antropólogo Alejandro Castillejo, el apartheid fue básicamente un “régimen de silenciamiento”, que empleó todos los mecanismos a su disposición para perfeccionar técnicas de control. El asesinato, la desaparición forzada, el confinamiento, la prohibición de reuniones públicas, la destrucción masiva de archivos y la vigilancia estrecha fueron algunas de las estrategias de dominación empleadas en el periodo.

El problema comenzó a partir de la dominación de Reino Unido sobre la región, puesto que la colonización despojó de sus tierras a los propietarios y generó mecanismos para evitar la liberación de las regiones conquistadas. Para eso, se prohibió la participación política de los originarios en votaciones o en cargos públicos y se fortaleció un sistema de valores que despojaba a los negros de su libertad y fortalecía la dominación blanca. Con el tiempo, los protocolos de exclusión se incrementaron y permearon muchos aspectos de la vida cotidiana de las personas: los espacios públicos más frecuentados estaban divididos. Había diferentes transportes, escuelas, entradas a edificios públicos, oficinas de correos y juzgados, que podían ser usados exclusivamente por personas de piel clara. El trato hacia ese grupo racial era preferente aunque conformaban una minoría (20%) de la población total.

Al maltrato público de las personas negras y a la violencia generalizada, se sumaron agresiones más severas como desapariciones forzadas, tortura y asesinatos. La dimensión del problema era tan grande y el odio acumulado tan poderoso que el gobierno de Nelson Mandela tuvo que idear una forma de ejercer la justicia que no resultara en más muertes y sufrimiento. Por esa razón, se mandó crear la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en 1995. Desmond Tutu, presidente de la Comisión, expresó así su misión:

Nosotros (los miembros de la Comisión Sudafricana) hemos estado interesados en lo que muchos pueden consideran como un aspecto de la justicia. Ciertamente, la amnistía (individual) no puede considerarse como justa, si creemos que la justicia sólo puede tener una naturaleza retributiva y punitiva. Sin embargo, creemos que hay otro tipo de justicia, una justicia restaurativa que refiere no tanto al castigo como con corrección, significa restaurar las relaciones rotas - con la sanación, armonía y reconciliación.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica: la vía del perdón y la reparación

(AP Photo/John Parkin, File)

El objetivo de la Comisión de la Verdad era negociar un acuerdo pacífico entre dos bandos: el grueso de la sociedad civil que había sufrido décadas de violencia y los perpetradores en el poder. Se trataba de dar satisfacción a las demandas de justicia por los crímenes cometidos contra los derechos humanos de miles de personas y, a la vez, evitar la ruptura de las alianzas que dieron fin al apartheid.

Los trabajos de la Comisión quedaron registrados en siete volúmenes de reportes, que documentaron un gran número de testimonios y confesiones. Ésa fue la base para formar una versión oficial, basada en las experiencias concretas de las víctimas y los verdugos, que pudieron hablar sobre lo que pasó en lugares seguros para la escucha.

De acuerdo con María del Rayo Ventura, la Comisión fue un mecanismo creado durante la transición democrática en Sudáfrica para establecer un nuevo proyecto oficial de nación. Se necesitaba atender la demanda por la reconstrucción de los hechos (verdad) y dar continuación a los acuerdos de paz (reconciliación). La primera acción de la Comisión fue investigar a profundidad las violaciones a derechos humanos, cometidas con fines políticos entre 1960 y 1994.

El modelo de justicia restauradora buscaba recuperar la palabra silenciada de las víctimas y sus familiares sin sacrificar el proceso de reconstrucción nacional. Sin embargo, era necesario dar sustento a los testimonios consignados y esa fue una labor muy ardua, debido a que hubo instituciones oficiales que no estaban dispuestas a cooperar por su implicación en los crímenes. Así lo explica Ventura:

Los testimonios recopilados por la Comisión no sólo fueron útiles en la construcción de la memoria oficial. Se requirió además contar con pruebas escritas por medio de las cuales se pudieran reforzar dichas narrativas. No obstante, esta labor fue entorpecida en muchos de los casos por la falta de cooperación de las instituciones gubernamentales, como el Ejército, la Agencia Nacional de Inteligencia y la Policía debido a que estas habían jugado un papel crucial en la represión de la población. Asimismo, muchos documentos del viejo régimen fueron destruidos, lo cual influyó en la manera cómo se construyó la llamada verdad factual (hechos) de la Comisión.

Este retrato de Mandela fue creado con miles de mantas realizadas por todo el mundo y fue extendido sobre el patio de una cárcel de máxima seguridad cercana a Pretoria, Sudáfrica. (EFE)

La Comisión tuvo que recurrir a conceptos propios del discurso religioso para lograr cierta reparación de los daños. Nombrar lo que había sucedido y llamar al perdón y la reconciliación fueron dos de las principales acciones para avanzar en la instauración de un nuevo régimen político más libre y democrático. La Comisión estableció algunas “recomendaciones” para lograr la reparación de los daños. Entre ellas estuvieron realizar un resumen de los reportes para su difusión y dar una reparación económica y simbólica a los sobrevivientes.

Por este motivo, se hizo una reinterpretación de la historia sudafricana por medio de vehículos de la memoria específicos, como monumentos, estatuas y objetos museográficos para honrar a todos los sudafricanos que han contribuido al proceso democrático del país.

El trabajo de la Comisión ha recibido duras críticas con el paso de los años, pues su modelo de justicia no era penal ni su fin último, el castigo. Sin embargo, el organismo se encargó de aclarar muchos crímenes (como desapariciones y asesinatos) que no hubieran podido resolverse de otro modo y fundó un modelo de resolución de conflictos que han retomado muchos otros países en situaciones análogas.

Además, puso fin a la lógica imperante de terror al permitir que las personas pudieran contar sus historias y, en algunos casos, preguntarle directamente a los perpetradores qué hicieron con sus familiares. Hablar (romper el silencio del apartheid) fue la única forma de sanar una humanidad rota. En palabras de Castillejo:

La curación y la voz -una voz que siempre hace memoria de un pasado traumático- son conceptos centrales para entender la Sudáfrica de hoy; son horizontes de sentido en torno de los cuales gira el proceso de reconstrucción en muchas organizaciones de base.

(Imagen tomada de twitter.com/unesco).

En las audiencias que se organizaron tenían derecho a hablar tanto las víctimas y sus familiares, como los perpetradores. De esa forma, la naciente memoria colectiva no excluía ni silenciaba la palabra de nadie. El único bien a intercambiar en esas reuniones era el perdón. La amnistía se construyó con más de 22 mil testimonios de víctimas que dieron cuenta, por primera vez, del dolor que impuso el régimen autoritario sobre sus vidas.

Sin la existencia de la política de la reconciliación, es probable que Mandela no hubiera podido unificar Sudáfrica. Él fue la prueba viviente de que las personas, sin importar su color de piel y con una grave historia de violencia a cuestas, pudieron ponerse de acuerdo para crear colaborativamente el país en que querían vivir.

Imagen principal realizada por José Aguilar @esepe1