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Los dreamers se organizan ante la amenaza de deportación

Dreamers en acción en Arizona, desde 2012 organizaciones abogan por los derechos de los inmigrantes (AP, Archivo)

Dreamers en acción en Arizona, desde 2012 organizaciones abogan por los derechos de los inmigrantes (AP, Archivo)

DACA es un permiso especial para que hijos de migrantes indocumentados puedan estudiar y trabajar.

“Yo soy María Gracia Ghio, vine aquí a los cuatro años y medio. Mi familia es de Perú”, dijo la dreamer María Gracia Ghio.

María cursa el primer año de la carrera de Antropología. Es una de los 36 mil alumnos de la Universidad de Arizona, una de los 80 dreamers que estudian ahí.

En unos meses vence su permiso DACA y debe empezar el trámite de renovación, pero los golpes de timón que ha dado Donald Trump en sus primeros días la Casa Blanca la hacen dudar.

“Tengo miedo porque siempre el presidente dice que no sabe lo que va a hacer, siempre cambia de parecer”, afirmó María.

Según Trump, los 800 mil dreamers que hay en todo el país no deben temer por las órdenes ejecutivas, su discurso ha sido contradictorio:

“Vamos a ponerle fin de manera inmediata a esas dos órdenes de amnistía ilegales del presidente Obama que desafían las leyes federales y la constitución”, dijo Donald Trump el 31 de agosto de 2016

El 25 de enero de 2017, Trump como presidente de Estados Unidos afirmó: “No deberían preocuparse mucho. Están aquí ilegalmente. No deberían preocuparse mucho. Tengo un corazón grande”.

El programa DACA, resultado de una orden ejecutiva firmada por Barack Obama, no sólo ha beneficiado a los hijos de migrantes.

De junio de 2012 a septiembre de 2016 los dreamers han pagado al gobierno estadounidense más de 710 millones de dólares.

Cada solicitud cuesta 465 dólares y debe hacerse cada dos años, de acuerdo con cifras del Departamento de Seguridad Nacional, en esos 4 años se hicieron un millón 528 mil 479 trámites de primera vez y de renovación.

Si DACA termina, quedarían en el limbo 800 mil jóvenes, regresarían al estatus de ilegal y podrían convertirse en prioridad de deportación.

María está preocupada. Para inscribirse en el programa dio toda su información personal: dónde vive, con quién, dónde estudia y donde trabaja.

“Es muy delicado porque los padres de los dreamers son personas que mayormente son indocumentados se trajeron a sus hijos desde chiquitos y no necesariamente han arreglado su estatus migratorio”, señaló la abogada Doralina Luna.

Tiene vagos recuerdos del país donde nació y no conoce otra forma de vida más que la de Estados Unidos. Llegó a Virginia gracias a que su mamá obtuvo una visa para trabajar en una casa. Todo iba bien hasta que llegaron los malos tratos. Desde hace más de 10 años viven en Tucson, Arizona.

“Mi nombre es Karina Ruiz, soy originaria del Estado de México. Soy soñadora, llegué a Estados Unidos cuando tenía 15 años”, dijo Karina, dreamer presidenta de ADAC

Karina encabeza una organización en Phoenix, dedicada a ayudar a dreamers. Cuenta que desde el triunfo de Trump los teléfonos de ADAC han sonado más que de costumbre. Los jóvenes se están organizando y están tomando medidas para prevenir la deportación, una de ellas: casarse con ciudadanos estadounidenses.

“Si tienen la oportunidad de hacerlo, que lo hagan, pero que sea verídico, que no vaya a ser un fraude porque es algo muy penado por inmigración”, enfatizó Ruiz.

Sabe que Donald Trump es impredecible, aun así, espera que la decisión sea a favor de los dreamers.

“Tal vez sea algo que vaya con el Congreso en donde sea algo más permanente, es lo que estamos esperando, pero también estamos listos por si no es así como para nosotros mismos dar la batalla y defender nuestro derecho a trabajar”, concluyó Karina.

Con información de Ana Lucía Hernández

KAH

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