La matanza en el bar Pulse de Orlando y las heridas que no cicatrizan

Recuerdan a víctimas de la matanza en el bar Pulse de Orlando, Florida, a un año de los acontecimientos

Recuerdan a víctimas de la matanza en el bar Pulse de Orlando, Florida, a un año de los acontecimientos. (AP, archivo)

Los actos en recuerdo de los 49 asesinados en la matanza de la discoteca Pulse, en Orlando (Estados Unidos) el 12 de junio de 2016, suponen todavía a familiares y supervivientes un gran “dolor” y el reabrir sus heridas, por lo que muchos optaron por dejar estos días la ciudad.

La trabajadora social Nancy Rosado, agente de policía de Nueva York durante 21 años, aprovecha la experiencia adquirida tras los atentados de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 para estar cerca de las familias y víctimas de Pulse e intentar dar “sentido a lo que no lo tiene”.

Rosado, que forma parte de la comunidad LGBTQ y es además puertorriqueña, como buena parte de las víctimas de aquella noche, explica a Efe que este aniversario es un momento difícil para muchos de los afectados por este hecho, que dejó además 58 heridos.

La trabajadora social explicó que estos días están siendo “muy duros” porque ha pasado un año y el “dolor es igualito”, y de hecho con tanto homenaje la madre de una de las víctimas mortales llegó a decirle: “Es como si quisieran darme a mi hijo a pedacitos”.

“Recuperarse de los traumas toma tiempo, va despacio”, dice Rosado, porque las víctimas ven que la gente, la ciudad, va “echando para adelante” y ellos siguen anclados en el temor y en la tristeza, lo que les genera “coraje” al preguntarse por qué ellos siguen “detrás”.

Un ejemplo de este “conflicto” puede ser Víctor Alberto Báez, que salió ileso de la matanza ocurrida en la discoteca de ambiente gay, que esa noche celebraba una fiesta latina, pero perdió a dos amigas, Amanda Alvear y Mercedes Flores.

Aunque ileso, las secuelas psicológicas todavía perduran y no ha podido aguantar la idea de estar en Orlando durante estos días tan emotivos.

Su madre, Iris Febo, comenta a Efe que su hijo tomó la decisión de salir de la ciudad después de ver los vídeos que la policía local divulgó a finales de mayo pasado, con las imágenes que captaron las cámaras de los uniformes de los agentes que intervinieron en la operación y hasta la muerte del asesino, Omar Mateen.

En esos videos aparece el propio Báez, que salvó la vida al refugiarse durante más de una hora en un pequeño almacén del local, donde se escondió debajo de un tablón de madera y permanecer totalmente a oscuras, en “negro”, mientras oía los disparos y los gritos de las demás víctimas.

Por eso, en estos días la familia entera viajó “muy lejos” de Orlando, para evitar que el joven tuviera que revivir los trágicos momentos sufridos hace un año.

Como él, otros supervivientes optaron por dejar la ciudad, mientras que 29 de ellos viajaron a Boston (Massachusetts) donde este fin de semana se celebraba la tradicional marcha de Orgullo Gay y se les rindió homenaje.

Desde la matanza, Báez ha intentado mantener una vida lo más normal posible y ha seguido trabajando y estudiando, lo que, en opinión de su madre, ha contribuido a “pasar este tiempo” de la mejor manera posible.

“Ha sido muy duro. Ha habido momentos buenos, pero otros donde ha habido recaídas ¿Si las he tenido yo, imagínese él que lo vivió?”, explica Febo.

Comenta que la psicóloga que atiende a su hijo está “impactada” por los recuerdos tan vividos que Báez todavía tiene de aquellas trágicas horas y que no ha querido refrescar estos días en Orlando.

Rosado comenta que, a pesar del miedo que generó la matanza de Pulse, los más jóvenes de la comunidad LGBT salen y llenan los clubes nocturnos, quizás porque son más “bravos”.

Mientras tanto, y tras estos doce meses, las víctimas directas de lo sucedido están más “tranquilas”, van perdiendo el miedo y paulatinamente van dejando de mirar por “el rabo del ojo”.

Una cierta tranquilidad que comparte la familia de Eric Iván Ortiz-Rivera, una de las víctimas mortales de Pulse a sus 36 años.

Su hermana Frances explica a Efe que su madre se encuentra “bastante bien y, dentro de todo, tranquila” y “ha llevado todo el proceso bastante en paz”.

Ese espíritu es el que le ha permitido viajar esta semana desde Puerto Rico para participar activamente en los actos en recuerdo de su hijo y de las otras 48 víctimas inocentes de Pulse.

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