El hombre de las 2,797 llaves del Vaticano

Gianni Crea, encargado de abrir los Museos del Vaticano

Gianni Crea, encargado de abrir los Museos del Vaticano. (Noticieros Televisa)

Son las 5 de la mañana, como todos los días, Gianni Crea, el llamado clavero del papa, abre la puerta, de más de 500 años, que da acceso a los Museos del Vaticano, y se dirige al cuarto en el que se encuentran las 2,797 llaves que abren todas las puertas de estos museos.

“Estamos en el búnker de las llaves, en el que se encuentran las 300 llaves que sirven para abrir las secciones abiertas al público”, dice Gianni Crea, el clavero del papa.

Empezamos un recorrido único, sumergidos en la oscuridad. Subimos escaleras y llegamos a las galerías superiores.

“Aquí estamos en el ingreso del Museo Pío Clementino y tenemos la llave 401 que es la llave más histórica que tenemos en los museos”, puntualiza Gianni Crea y añade:

“Aquí tenemos salas llenas de historia, cultura, misterio, que nos rodean como pueden ver”.

La luz se prende en la galería de los mapas de la antigua Italia.

“Ésta es la galería de los mapas, en mi opinión una de las más bellas galerías del mundo, para mí es un privilegio abrir e iluminar esta belleza”, son las palabras de Gianni.

Gianni Crea abre una ventana. Afuera sigue oscuro, pero ya se entrevé la cúpula de San Pedro envuelta en tinieblas.

Seguimos nuestro recorrido para llegar a la puerta más cargada de historia: la de la Capilla Sixtina.

El clavero del papa explica: “Llegamos al ingreso de la Capilla Sixtina, tenemos un ritual diario, que es el de verificar que el sobre que contiene la única llave de la Capilla Sixtina esté sellado. Somos dos los colegas que verificamos que el sobre esté cerrado y luego se escribe en este registro el motivo por el cual se ha tomado la llave. La llave de la Capilla Sixtina es una llave fascinante, misteriosa, que contiene tantos secretos únicos e indescriptibles”.

Al entrar, el clavero del papa no olvida que se encuentra en un lugar de culto, se persigna y se hinca.

“Esto es un privilegio para mí, único y extraordinario porque el poder abrir la Capilla Sixtina es un privilegio único, te sientes transportado por una emoción única, y aunque si lo hacemos cotidianamente te quedas siempre maravillado, entrar propio en el centro de la cristiandad es un privilegio único”.

Entrar a solas, al amanecer, en esta capilla en la que Miguel Ángel pintó el Juicio Final es realmente una emoción única y pensar que aquí se elige al papa, aumenta la emoción.

Durante el Cónclave los claveros ya no tienen acceso a la Capilla Sixtina. A ellos les toca sellar todas las puertas alrededor de esta capilla.

“Después tomamos las llaves y se las volvemos a entregar al Cuerpo de la Gendarmería, que las sellan y después de la elección del nuevo papa nos las devuelven a nosotros, a los museos”. Acota Gianni Crea.

Al fondo de la Capilla Sixtina se encuentra la puerta que da acceso a la Sala Regia. No le toca a los claveros abrirla porque del otro lado se encuentra la Guardia Suiza. Gianni Crea pide permiso y nos la abre.

“Ésta es la puerta que se encuentra entre la Sala Regia y la Capilla Sixtina, por aquí vienen en procesión los cardenales para entrar dentro de la Capilla Sixtina durante el Cónclave, una vez que todos estén adentro, el maestro de las ceremonias pontificias cierra esta puerta y dice ‘Extra Omnes’ (fuera todos)”.

El hombre que conoce las llaves de los museos que guardan más de 70 mil obras, únicas en el mundo, como las llaves de su casa, nos depara otras sorpresas, nos abre la puerta que da acceso a la escalera del gran arquitecto Bramante y nos lleva, luego, hasta la Terraza del Nicchione para compartir con nosotros un secreto más.

“Durante los dos últimos cónclaves, mis colegas y yo estábamos aquí para ver todas las fumatas y con la fumata blanca nos enteramos de la elección del papa”, narra y añade: “Es una emoción única, porque desde aquí vamos hacia la Plaza para rendir homenaje al nuevo papa”.

Cuando como joven estudiante universitario le propusieron ser uno de los porteros auxiliares de la Basílica de San Pedro, nunca se imaginó que un día ganaría un concurso para ser vigilante de los Museos Vaticanos y al cabo de 20 años llegaría a ser el hombre de las 2797 llaves.

 

Con información de Valentina Alazraki

 

AAE

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