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El Brexit amenaza el proceso de paz y la economía en Irlanda

Theresa May, primera ministra de Reino Unido, y Enda Kenny, primer ministro de Irlanda. (Getty Images)

Theresa May, primera ministra de Reino Unido, y Enda Kenny, primer ministro de Irlanda. (Getty Images)

El Brexit (la salida de Reino Unido de la UE) amenaza con restablecer una frontera estricta en la isla de Irlanda, donde la pertenencia al club comunitario ha protegido al proceso de paz y ha forjado una estrecha relación económica entre sus dos jurisdicciones.

Todo eso está en juego cuando el gobierno de Londres se siente a negociar con los Veintisiete los términos del Brexit, que convertirá a la frontera de Irlanda del Norte con la República de Irlanda, de unos 500 kilómetros, en la única barrera terrestre entre Reino Unido y la Unión Europea (UE), además de la de España con Gibraltar.

Aunque la primera ministra británica, Theresa May, parece que se ha decantado por la opción de un Brexit duro, lo que dejaría a su país fuera del mercado único y la unión aduanera, sus consecuencias sobre la libre circulación de bienes, servicios y personas en Irlanda “son todavía inciertas”, explica David Phinnemore, profesor de Política Europea en la Queen’s University de Belfast.

“De todas maneras, tendrá un impacto significativo en la frontera porque nadie sabe si se podrá mantener tal y como es ahora, una división apenas señalizada, muy fluida, prácticamente invisible”, apunta el experto.

La libre circulación entre el norte y sur de la isla de Irlanda ha sido natural desde la creación en la década de 1920 de la llamada Área de Circulación Común (CTA), si bien el pasado conflicto obligó desde finales de la década de 1960 hasta 1998 a establecer controles policiales y militares para hacer frente a la amenaza terrorista.

El restablecimiento de una frontera estricta no provocaría inevitablemente la vuelta de los uniformados, precisa Phinnemore, pero sí tendría “un número importante de implicaciones”.

“En materia de comercio, llevará más tiempo lidiar con los controles aduaneros y fronterizos, lo que elevará los costes por el aumento de la burocracia.”

Las pérdidas para la República de Irlanda serían cuantiosas, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas, pues casi el 40% de todas las exportaciones nacionales van a parar al país vecino, lo que reporta unos 1,000 millones de euros semanales.

“También habría consecuencias políticas. Cualquier manifestación de una frontera sería vista por la ciudadanía como un paso atrás en el proceso de paz. Aunque quizá no afectase demasiado a su día a día, tendría un impacto psicológico sobre la idea de la reconciliación entre las dos comunidades históricamente enfrentadas”, señala Phinnemore.

Dublín, Londres y Bruselas coinciden en que nadie quiere el restablecimiento de una barrera estricta en Irlanda, pero la UE advierte de que la libre circulación de bienes y servicios también conlleva la de ciudadanos, a pesar de que May aspira a controlar la inmigración para cumplir con las promesas que provocaron, entre otras, el triunfo del Brexit en el referéndum del pasado junio.

“Los desafíos que rodean a la cuestión de la frontera no afectan solo a Irlanda del Norte, sino también a la República. No creo que el resto de socios comunitarios quiera ser demasiado duro con Reino Unido, ya que perjudicaría a uno de sus miembros. Hay margen de maniobra para diseñar una solución imaginativa”, sugiere Phinnemore.

Los Gobiernos irlandés y norirlandés sostienen que la UE podría conceder a la provincia británica un “estatus especial”, después de haber “invertido tanto tiempo y dinero” durante las últimas dos décadas en su proceso de paz, recuerda el académico.

De cara al comienzo de estas negociaciones, el primer ministro irlandés, Enda Kenny, también ha planteado la necesidad de que cualquier acuerdo de divorcio contemple el ingreso automático de Irlanda del Norte en la UE si su electorado se pronunciara en el futuro a favor de la reunificación de Irlanda, tal y como sucedió con la República Democrática Alemana tras la caída del Muro de Berlín.

El dirigente democristiano ha recordado que ese supuesto está recogido en el acuerdo del Viernes Santo (1998), que puso fin al conflicto norirlandés y cuyo texto es “vinculante internacionalmente”, por lo que su “lenguaje” podría incorporarse al pacto de separación definitivo entre Reino Unido y la UE.

La reunificación irlandesa, tan lejana hace apenas un año, no lo parece tanto ahora en el contexto del Brexit, después de que el electorado norirlandés lo rechazase con un 55.8% de votos en la consulta de junio.

La mayoría de esos “noes” se registraron en las circunscripciones más próximas a la frontera con la República de Irlanda, donde reconocen la importancia de la ausencia de barreras físicas y psicológicas en la isla.

 

 

tfo

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