Amenazas y agresiones de grupos criminales obligan a menores a cruzar la frontera a EU

El tren en el que viajan todos los migrantes que llegan hasta Apizaco, Tlaxcala, se ubica a tan solo cuatro metros de distancia del albergue (AP, archivo)

El tren en el que viajan todos los migrantes que llegan hasta Apizaco, Tlaxcala, se ubica a tan solo cuatro metros de distancia del albergue (AP, archivo)

Cada año, más de 60 mil niños y adolescentes son detenidos por la Patrulla Fronteriza al intentar cruzar solos a Estados Unidos, según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). La mayoría sale de Guatemala, El Salvador, México y Honduras. “Decidí salirme de mi país porque me dijeron que me iban a matar”, dice un menor migrante. Otro afirma que ha intentado cruzar varias veces, porque han intentado reclutarlo en organizaciones criminales. Los menores incluso tratan de cruzar por una de las zonas fronterizas más peligrosas: Tamaulipas.

Isabel tiene 16 años, nació en Honduras. Extraña a sus amigas y salir a bailar. Hace dos años dejó la escuela para hacer frente a la maternidad: a los 14 tuvo una niña.

La relación con un joven involucrado con el crimen organizado le cambió la vida. Isabel acabó pagando una venganza entre bandas rivales, así llegó su segundo hijo.

Por problemas de él tuve que salir de mi país, porque fui víctima de violencia. Me violaron y por eso tengo mi bebé, dice Isabel.

Salió con lo que traía puesto, con su hija de año y medio en brazos y 4 meses de embarazo. Quería llegar a Houston y ver a su mamá.

Me vine, iba a estar, me tocó venirme sola en autobuses, venir pidiendo dónde quedarme. Iba a estar un tiempo en Reynosa, en lo que pasaba del otro lado, pero no pude. Me agarró Migración.

Pidió asilo a las autoridades mexicanas mientras esperaba respuesta, su bebé nació en Matamoros.

Isabel, menor migrante y madre de dos niños, originaria de Honduras (Noticieros Televisa)
Isabel, menor migrante y madre de dos niños, originaria de Honduras (Noticieros Televisa)

Isabel, menor migrante y madre de dos niños, originaria de Honduras (Noticieros Televisa)

Desde su detención, el Centro de Atención al Menor Fronterizo (CAMEF) se ha hecho cargo de Isabel y sus hijos. Aquí, donde reciben y cuidan a niñas migrantes, Isabel sigue aprendiendo a ser mamá.

Va a quedarse en México y pronto será trasladada a un albergue para madres adolescentes.

Me dieron protección para un albergue. Voy a salir hasta que sea mayor de edad, hasta que tenga los 18, donde pueda estar en un lugar mejor para mis niños y para mí.

No pudo reencontrarse con su mamá ni con las dos hermanas que sí lograron cruzar sin documentos hace un par de meses. En México no tiene a nadie, pero se siente segura, para ella eso es ganancia.

Ricardo, menor migrante originario de Honduras (Noticieros Televisa)
Ricardo, menor migrante originario de Honduras (Noticieros Televisa)

Ricardo, menor migrante originario de Honduras (Noticieros Televisa)

Ricardo acaba de terminar la primaria y siempre ha estado al cuidado de sus abuelos, en Guatemala. Sus padres viven en California. “Cuando se fue mi abuelo, ni mira. Cuando se fue mi papá tenía dos meses y cuando se fue mi mamá tenía 2 años”, dice Ricardo.

Creció con uno de sus hermanos y con su tío, pero ambos fueron asesinados por la Mara Salvatrucha: ese fue el precio por no sumarse a sus filas.

Hace unos meses la amenaza le llegó a su salón de clases. “Me da miedo regresar, me decían que si no me metía a maras me iban a matar. Me da miedo porque lo que hicieron con mi tío, eso dijeron que iban a hacer conmigo”.

El 2 de marzo pasado, por decisión de sus padres, Ricardo salió de Guatemala rumbo a Los Ángeles. Cruzaría por Reynosa, Tamaulipas. Ahí, un familiar lo entregaría al pollero. Pero agentes del Instituto Nacional de Migración se les adelantaron.

Ricardo asegura que la detención les salvó la vida pues el engaño del pollero los puso en peligro: sólo les dio una clave para identificarse con traficantes que subirían al autobús.

Si no las damos… Gracias a Dios… Si no las damos nos bajan y nos secuestran. Gracias a Dios nos detuvieron, porque teníamos sólo una clave y éramos dos.

Ricardo no podrá volver a su casa, pero sí a su país. Por seguridad, será entregado a una tía que vive en otra ciudad. Está entusiasmado: por primera vez viajará en avión.

Reflejo en una ventana de un grupo de menores comiendo en el Centro de Atención a Migrantes de Matamoros (Noticieros Televisa)
Reflejo en una ventana de un grupo de menores comiendo en el Centro de Atención a Migrantes de Matamoros (Noticieros Televisa)

Reflejo en una ventana de un grupo de menores comiendo en el Centro de Atención a Migrantes de Matamoros (Noticieros Televisa)

Al Centro de Atención al Menor Fronterizo (CAMEF), que pertenece al DIF de Matamoros, llegan menores extranjeros en tránsito que son detenidos en Tamaulipas por el Instituto Nacional de Migración. También los menores mexicanos detenidos en Estados Unidos por la Patrulla Fronteriza.

“Nos llegan los menores. Nos llegan niños enfermos, que en el trayecto llueve, se mojan, pasan noches a la intemperie, llegan enfermos, llegan deprimidos, tristes, el sueño roto, el viaje interrumpido, el no reunirse con sus familias”, explica Lorena Villarreal, directora del CAMEF Matamoros.

Rafael es uno de ellos. Es originario de Tetela, Oaxaca. Tiene 17 años y dos veces ha intentado entrar a Estados Unidos.

Su padre se fue a Houston cuando su mamá estaba embarazada. Años después, lo alcanzó casi toda la familia. A Rafael lo dejaron por ser el más pequeño. Quiere volver a verlos pero sobre todo, quiere huir de la peligrosa y reiterada oferta del crimen organizado.

Que si yo, si no quieres, que si yo quería trabajar en el narco, que iba a ganar mucho dinero, que iba a tener muchos lujos, y les dije que no. Si no quieres trabajar, te vamos a recolectar a huevo, a fuerza, pues, dice Rafael.

Ha viajado solo. La primera vez fue el mes pasado.

Íbamos como 20 y entonces se quedó un niño, un niño chiquito. Lo puse en una orilla, donde se viera y ya vi que la Migración se lo llevó. Me agarraron y estuve un día encerrado, dice Rafael.

Lo regresaron a Oaxaca. Pero cuenta que las amenazas del narco subieron de tono y decidió intentarlo de nuevo.

Viajó a Reynosa, ahí se quedó de ver con el pollero que contrataron sus padres para que lo cruzara a Estados Unidos.

“Nos venimos caminando, tres días nos llevamos caminando, sin comer, sin dormir bien. Yo me quería entregar donde viera a la Migración, entregarme porque ya no aguantaba”.

La Patrulla Fronteriza los detuvo cuando estaban por subirse a la camioneta que los llevaría a Houston. Rafael se quedó a tres horas de reencontrarse con sus padres.

Con información de Ana Lucía Hernández

MLV

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