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Por: Raymundo Pérez Arellano Fuente: Noticieros Televisa

Adictos a Cristo

  • Ex miembros del crimen organizado buscan de manera gratuita rehabilitación a través de terapias ocupacionales

Adictos a Cristo

SALTILLO, México, ene. 24, 2014.- Es la colonia Guayulera, al sur poniente de la ciudad de Saltillo, Coahuila, una de las más marginadas de la ciudad.

Hasta aquí llegan los integrantes de la Casa de Rescate Cristo Vive, quienes venden burritos y difunden las enseñanzas de la Biblia.

Ellos son personas en rehabilitación que buscan a adictos en las calles de Saltillo para invitarlos a recuperarse, siguiendo el ejemplo de Carlos Pacheco, el pastor fundador de Cristo Vive.

“A partir de ese momento en el año 96 empezamos a ir por los barrios de Saltillo, empezamos a ir por los pandilleros, en aquel entonces todavía no había carteles en el país”,  dijo Carlos  Pacheco, fundador de Casa de Rescate Cristo Vive en donde  cerca de 600 personas comen y duermen de manera gratuita mientras buscan su rehabilitación.

Hoy son 17 casas en todo el país y una más en El Salvador.

El método para cambiar a los internos es a través de terapias ocupacionales, disciplina y oración.

“Algunos de ellos desafortunadamente andaban en las drogas y otros andaban ya en la violencia, pero aquí les estamos enseñando valores y principios que van a cambiar su mentalidad y van a cambiar su corazón ya no andan con droga en las manos, ya no están armados, ya no andan con un radio pasando claves”, señaló Carlos Pacheco.

“Esta es el área de disciplina, cada uno de estos muchachos en algún momento cometen alguna falta, o quieren pelear o agarraron algo ajeno o empezaron a echar mentiras o dijeron groserías a otro”, detalló.

Pacheco apunta que la disciplina que dan consiste en lavar platos, lavar ollas, lavar trastes. “Este es el grupo que está en disciplina”, dijo.

En los últimos años el perfil de las personas internas en la Casa Cristo Vive ha cambiado.

“He encontrado muchachos que yo les hable de Jesús hace algún tiempo en las calles que solamente eran adictos en la esquina, que solamente llegaban a ser pandilleros, con una navaja, con un tubo, con una cadena, pero han pasado los años y ahora traen droga, venden droga, andan en carros en camionetas de lujo muchas de ellas robadas y andan armados”, reveló Pacheco.

Además de rehabilitar a los adictos en la casa Cristo Vive se ha logrado lo que en las calles era imposible: Reconciliar entre sí y hacer convivir a miembros de distintos cárteles que operan en el país.

“Todos tienen el común, están cansados de la vida que han vivido, están arrepentidos, han puesto su fe en Jesucristo como la única respuesta y solución a sus problemas, le han rendido su corazón y ahora son personas totalmente transformados, han dejado ese estilo de vida”, apuntó Carlos Pacheco.

Gregorio, un ex miembro de la delincuencia organizada dijo que a través de los años que estuvo en el ejército fue involucrado en un grupo armado de la ciudad de Monterrey.

“Enseñaba armas, estrategias de guerra, antisecuestro, les enseñaba balística, como armar y desarmar armas y a través de ellos me invitaron y la ambición más que nada el dinero”, apuntó.

Desde hace cinco años Gregorio está en la casa Cristo Vive. Luego de hacerse adicto al crack sintió que necesitaba un cambio en su vida.

“Tenía dinero, tenía posición, tenía buen trabajo teníamos todo posiblemente todo lo que un hombre pueda desear, mujeres, dinero, posición, pero había vacíos en nuestro corazón, vacíos que ese tipo de cosas no lo puede llenar”, reveló Gregorio.

Asegura que en este lugar llegó el arrepentimiento y las ganas de ser una persona nueva.

“Cuando yo leí en el nuevo testamento de un hombre como Pablo que mataba a los cristianos y después testificaba de Cristo, dije, si Dios pudo perdonar a este hombre porqué no me puede perdonar a mí, si los hombres que yo maté no eran cristianos.  Ya no tengo deseos de odiar a la gente, ya no tengo deseos de matar”, recordó Gregorio.

Abel, otro ex miembro de la delincuencia organizada dijo que a los 13-14 años entró al crimen organizado. “Entré simplemente cobrando cuotas,  yo decía yo voy a ser el mejor criminal de México, que cuando la gente diga ahí viene fulanito de tal, cállate, porque ese hombre es temido, ese era mi deseo, sembrar el terror en la gente”.

Hace tres años Abel dejó la delincuencia organizada. Su adicción a la cocaína y una balacera donde estaba presente su esposa e hijo lo hizo dejar su anterior vida.

“Ya ir a un enfrentamiento donde va tu familia de promedio es una cosa totalmente diferente, ahí en ese momento viene la escena donde te das cuenta de que la andas regando”, afirmó.

Llegó a Cristo Vive para acompañar a su hermana, quien se rehabilitaba de una adicción y se quedó.

“Cuando llegue me encontré con gente de diferentes organizaciones, cuando llegue me encontré con gente de ciertos carteles contrarios a mi organización y dije a qué me vine a meter será una trampa o algo. Al principio yo decía x persona de tal organización pertenece a esa organización y esa organización secuestró a mi familia, secuestró a mi madre, secuestró a mis familiares, no era fácil al principio asimilarlo para mí, pero aquí se nos ha enseñado a perdonar a nuestros enemigos”,  indicó Abel.

Roberto, también ex miembro de la delincuencia organizada trabajaba para una organización en el golfo de México.  “Yo vivía en la ciudad de Reynosa Tamaulipas, yo ahí empecé trabajando para esta organización”.

A los 13 años, Roberto ingresó a una organización criminal.

“Me mandaron a la sierra de Oaxaca a prepararme, a aprender a usar armas, luego me enviaron a otras partes de la república al último terminé en ciudad victoria Tamaulipas y de ahí me pasaron a la ciudad de Reynosa Tamaulipas”.

Luego de hacerse adicto a la cocaína buscó dejar el grupo delictivo.

“Yo llegue a la casa de rescate sinceramente porque la primera vez me querían matar, fueron y me sacaron para que volviera a trabajar, me acuerdo que tenían a tres hombres, yo era uno de ellos, nos tenían amarrados nos iban a matar. Yo escuche una voz, una voz del cielo que me dijo si yo te salvo tu me vas a servir”, apuntó.

Desde entonces sirve en la casa Cristo Vive y convive con otros ex miembros de la delincuencia.

“Convivir aquí al principio no era fácil porque llegamos llenos de orgullo, que yo allá era tal y tal, pero el amor de dios tranquiliza nuestras vidas y nos dice que ahora somos uno con Jesús. Sabes que fue lo que pasó, es que yo perdoné, yo odiaba pero perdoné”, afirmó.

Es domingo y hay 3 mil personas listas para escuchar la predicación que cada semana da Carlos Pacheco dentro del templo de Cristo Vive.

Ahí se reúnen cada semana para orar por el perdón de los pecados.

“Aquí en este grupo hay gente que pertenecieron a los carteles de los zetas, a los carteles del golfo, a los carteles del alinea de la familia michoacana, de la línea de los aztecas, de la Mara Salvatrucha, pero ahora levanten sus manos a Jesús. Han sido limpiados por la sangre del mismo Jesús, somos libres”, dijo Carlos Pacheco.

“Pedimos por nuestros gobernantes, pedimos por nuestras autoridades, pedimos que ellos entiendan que la respuesta no son mas prisiones, que la respuesta no son más armas, que la respuesta no es violencia contra violencia, que la respuesta es amor tuyo padre”,  añadió Pacheco.

“Ahora soy 100 por ciento adicto a Cristo”, concluye Gregorio, el ex miembro de la delincuencia organizada.



LLH