¿Tener hijos mata el planeta?

(Photo by Reg Speller/Fox Photos/Getty Images)

Relaciones entre el crecimiento poblacional y el mundo sustentable

Hay quienes piensan que tener hijos podría acelerar la destrucción del planeta. ¿Será cierto? Simon Ross, integrante de Population Matters, opina que sí. De acuerdo con él, elegir no tener hijos puede contribuir a cuidar el planeta. Sus argumentos son básicamente tres:

  1. Tener hijos aumenta el consumo de recursos naturales finitos y eso impide el desarrollo sustentable.
  2. Criar a un hijo es muy caro.
  3. Renunciar a la procreación ha dejado de ser un tabú en la sociedad occidental.

Parece algo absurdo sugerir que la mejor forma de conservar el mundo y mejorar nuestra experiencia en él sea dejar de reproducirnos. Sin embargo, dado que el cambio climático y el deterioro del planeta son verdades incontrovertibles, es necesario desmenuzar una por una las razones sugeridas.

¿Menos personas, mejor planeta?

Una forma simple de definir el desarrollo sustentable es como la “administración eficiente y racional de los recursos naturales”. Su objetivo es permitir que el modo de vida de las personas en la actualidad no disminuya la calidad de vida de la gente en el futuro. Según Population Matters, la manera más eficiente de contribuir a un desarrollo sustentable es “tener una familia pequeña y reducir los niveles de consumo personales”. ¿Es cierto que un cambio de actitud individual puede provocar una transformación global?

En el 2016, el Banco Mundial dio a conocer la lista de los diez países que consumen más energía a nivel mundial: China, Estado Unidos y Japón encabezan el conteo; seguidos de Alemania, Corea del Sur, Canadá y Francia. Reino Unido, México e Italia ocupan los últimos tres lugares. Lo grave de esta situación es que los dos primeros países de la lista son también los que más contaminan a nivel mundial.

A finales de la década de los ochenta, el término “desarrollo sustentable” fue usado por primera vez en el informe “Nuestro Futuro Común”. En aquel momento, más de 180 países se comprometieron a actuar responsablemente en relación con el medio ambiente. Julia Carabias, bióloga mexicana de la UNAM, explica que, desde esa época:

La implementación de un modelo de desarrollo sustentable ha fracasado en todo el mundo y no porque el concepto en sí mismo sea obsoleto -por el contrario, sigue siendo pertinente-, sino, sobre todo, por la falta de voluntad política de los gobiernos, la tendencia a planear considerando sólo el corto plazo en la planeación y la incapacidad de la política económica para incorporar el concepto y asumir sus implicaciones.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) volvió a tomar cartas en el asunto desde el 2007 cuando hizo el compromiso de “medir, reducir y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero que no pueden evitar”. El enfoque de la campaña se centró en crear programas que involucraran programas nacionales de control de impacto ambiental.

A pesar de que un cambio en los hábitos individuales (como apagar las luces de la casa que no estén en uso o decidir no tener hijos) puede contribuir al desarrollo sustentable, esto tendrá un efecto relevante sólo si está acompañado de políticas públicas comprometidas con la conservación del medio ambiente. En opinión de Carabias:

El reto sigue siendo erradicar la pobreza, reducir las desigualdades, promover el crecimiento económico incluyente y la producción y consumo más sustentable al tiempo de combatir el cambio climático y respetar otros límites planetarios.

El problema es que el desarrollo que han seguido las economías mundiales hasta el momento ha provocado un desequilibrio fuerte en el medio ambiente y, aún así, una quinta parte de la humanidad no tiene cubiertas sus necesidades básicas. Por esto es necesario, asegura Carabias, crear una visión común entre la comunidad científica, los políticos, las empresas y la sociedad en general para echar a andar acciones que contribuyan, desde varios frentes, a la creación de un desarrollo sustentable.

¿Cuánto cuesta tener un hijo?

El segundo argumento de Ross sostiene que el gasto que implica tener un hijo es tan alto que conviene más no hacerlo. Según la revista Forbes, en el 2014, se necesitaban 260 mil pesos para solventar el embarazo y los primeros nueve meses de vida de un bebé en México. Con la tasa de salario mínimo actual (que es de $80.00 de pago diario), una persona necesitaría 3 mil 250 días de trabajo para lograr juntar esa cantidad. Desde luego, la cifra de costo puede variar según sean los servicios médicos que el embarazo requiera, así como el nivel de comodidades materiales que se otorguen a la llegada de un recién nacido.

En efecto, resulta alarmante la relación entre el gasto que implica la paternidad y los ingresos del salario mínimo. Sin embargo, ¿ése es un argumento para dejar de tener hijos? Quizás sería más conveniente abogar por aumentos salariales. En este sentido, se estaría defendiendo el cumplimiento del artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que dice:

Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.

Sugerir que este derecho debe restringirse en aras de preservar el medio ambiente resulta, por lo menos, extraño. Es verdad que el hombre ha causado un deterioro ambiental acelerado, pero invitar a abandonar la procreación como medida de cuidado del planeta implica una mala valoración de la repercusión que tienen acciones individuales en el asunto. Como decíamos en el apartado anterior, los cambios necesarios para reducir los daños ecológicos tienen que venir de varios sectores al mismo tiempo: mientras no haya una buena coordinación entre programas de gobierno, investigaciones científicas y lógicas mercantiles será difícil que la situación mejore, independientemente de las personas que decidan no reproducirse.

No tener hijos ha dejado de verse mal

Desde hace algunos años se popularizó en inglés el término childfree, para hacer referencia a las personas que no tienen hijos por elección propia. En 2013 la revista Time publicó un número dedicado al tema que causó gran polémica. La mayoría de textos hacen énfasis en que la elección de no tener hijos debe ser totalmente libre, no por causas socioeconómicas o de salud. En esa edición se coleccionaron testimonios de diversas personas que narran las consecuencias benéficas que ha tenido en sus vidas profesionales y amorosas la decisión de permanecer sin progenie.

Existen, por supuesto, posturas más radicales que invitan a no tener hijos para provocar una desaparición humana gradual. Ejemplo de ello es el Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria, que hace un llamado al cese de la procreación mundial desde 1991, año de su fundación. El argumento principal de ese grupo es similar al de Population Matters: la existencia y la propagación del hombre ha provocado un deterioro ambiental irreversible que, de continuar a ese ritmo, acabará con el planeta.

Si pensamos que hay formas de cuidar el medio ambiente que no implican la desaparición del hombre, probablemente encontraremos formas de organización común para contrarrestar el daño que el desarrollo desmedido y rapaz ha provocado en el entorno y en nuestras vidas. Una posible respuesta, que abogue por la vida humana y no por la extinción, se está construyendo en trabajos colaborativos entre científicos, gobiernos nacionales, empresas comerciales y una sociedad consciente de sus repercusiones en su entorno.

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