¿Quién es César Chávez, el héroe hijo de migrantes?

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Chavez habla en un mítin de la United Farm Workers, Delano, California, 1974. (Joel Levine/Wikimedia/CC)

La historia de César Chávez es una historia compleja: éste fue un hombre lleno de aristas que logró lo impensable y cayó bajo su propio peso.

El 31 de marzo, las oficinas del estado de Arizona no abrirán sus puertas. En California, los niños no irán a la escuela. Este día, en más de cinco estados (sobre todo en el sur de Estados Unidos) se considera como una celebración oficial. Y este año, esa celebración es especial porque se conmemoran los 90 años del nacimiento de César Chávez.

¿Pero quién fue César Chávez y por qué es tan importante su legado?

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Mural en honor a César Chávez en la escuela de gramática Mission Dolores (Jay Galvin/Flickr/CC)

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El hijo de migrantes

Chávez era hijo de migrantes mexicanos. Nació en Arizona y creció con sus padres en una humilde casa de adobe. A los doce años, vio, junto a sus hermanos y hermanas, cómo demolían parte de la casa en donde creció: el banco les quitó, después de la gran depresión de los treinta, todo lo que tenían.

La familia Chávez se mudó entonces a California. Ahí empezarían a ejercer la pizca; a recolectar aguacates al norte de Los Ángeles, chícharos en Pescadero, lechuga en invierno, uvas y maíz en verano, algodón en otoño, frijoles y cerezas en la primavera…

Chavez y sus hermanos saltaron de escuela en escuela, vieron carteles para prohibirles la entrada a todo tipo de lugares -carteles que rezaban ”Whites only”- y fueron castigados por hablar en español. En secundaria, César decidió abandonar los estudios que lo señalaban como alguien diferente, que lo segregaban y que, finalmente, no le enseñaron nada sobre la vida migrante del recolector.

Pronto empezó a trabajar él mismo para ayudar a sus padres. Pronto entendió, en carne propia, las injusticias a las que se enfrentaban los recolectores, tanto ilegales como estadounidenses: los patrones daban salarios bajísimos, no les proporcionaban agua ni servicios de baño, entre muchas otras vejaciones.

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Primeras colonias de braceros en California, 1917.

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Tampoco había muchas posibilidades de mejorar estas condiciones de trabajo. En 1935, se pronunció la Ley Nacional de Relaciones Laborales que creaba un marco para arreglar disputas laborales en Estados Unidos. El problema fue que, para que se firmara esta ley, se necesitaba el apoyo de los estados del sur y ninguno de estos estados podía dar su apoyo a una ley que facilitaría la formación de sindicatos campesinos.

Así, los trabajadores del sector privado podían formar sindicatos… con la única excepción de los trabajadores del campo. Así, los agricultores recibían salarios miserables, no tenían ningún tipo de seguro médico, vivían en condiciones cercanas a lo inhumano. En medio de estas condiciones deplorables, Chávez formó un movimiento sindical en los años sesenta.

Se trataba del National Farm Workers Association (la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo) que luego se convertiría en la Unión de Trabajadores del Campo Unidos o UFW por sus siglas en inglés. Éste fue un sindicato poderoso, que logró mejorar considerablemente las condiciones de los campesinos en Estados Unidos, que frenó al país con la huelga de las uvas, que logró crear nuevas legislaciones y convocó marchas con más de 50.000 asistentes.

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César Chávez, 31 de marzo 1972 (CC)

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Este sindicato fue mucho más que un movimiento social y pronto se convirtió en un símbolo cultural imponente. Y el rostro de este símbolo era siempre César Chávez. El hijo de migrantes había logrado lo imposible: transformar un movimiento sindical en un símbolo cultural. En los mítines había compañías de teatro; sobre los campos, Chávez volaba en una avioneta gritando consignas; todo era festivo, espontáneo y enérgico.

El movimiento se convirtió en algo icónico y tuvo resonancia en todo el país. Pero nunca llevó a Chávez a la cima de un sindicato nacional de trabajadores del campo. De hecho, sus esfuerzos no salieron mucho más allá de algunos estados del sur. Y todo apunta a que el movimiento creció y declinó por la misma razón: el carácter impetuoso de Chávez y la inestabilidad de sus caprichos.

El héroe y el hombre

Chávez puede ser recordado bajo diferentes ángulos. Es evidente que el activista chicano se ha convertido en un héroe nacional. Obama lo señaló en varias ocasiones como un gran defensor de la justicia social y le fueron otorgados, en vida y póstumamente, los más altos honores. La película que de él hizo Diego Luna se plantea, también así, como la biografía de un hombre intachable.

Pero, como todo hombre, Chávez cometió errores y tuvo una parte oscura. Al mismo tiempo que dotó a los chicanos de una identidad propia, de un orgullo y de una causa, el líder sindical atacó duramente la migración ilegal que venía de México.

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Brasero esperan ser contratados en Estados Unidos 1954 (Archivo fotográfico de Los Angeles Times, Librería de la UCLA – Los Angeles Times/Wikimedia/CC)

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De hecho, fue quien se opuso fervientemente al programa bracero que permitió la llegada de 5 millones de trabajadores migrantes a 24 estados de Estados Unidos. Y, finalmente, fue bajo su presión que el programa acabó por cancelarse en 1964.

Es evidente que Chávez defendía los derechos de los trabajadores norteamericanos y que era imposible lograr huelgas si los dueños de las plantaciones seguían recurriendo a una fuerza de trabajo inagotable y barata proveniente de México. Pero ahora, este tipo de precedentes, nos recuerdan, en un contexto muy distinto, los argumentos en contra de la migración de Trump.

Esto no quiere decir que Chávez discriminara a los migrantes como lo ha hecho el actual gobierno. Ni que sus argumentos no fueran importantes para el momento histórico que vivían los trabajadores agrícolas en su tiempo. Sin embargo, esto muestra que hay siempre dos caras en toda lucha… y que estas caras pueden parecer contradictorias.

Chávez fue una figura complicada y, al final de su vida, mientras decrecía el movimiento al que dio vida, se volvieron evidentes los problemas que representaban, para la organización, sus decisiones como líder. Porque Chávez tenía una voluntad inmensa y la demostraba trabajando 15 horas consecutivas, sin descanso, a la cabeza del sindicato. Pero, por eso, nunca delegó nada.

Cesar Chavez, 15 de septiembre 1974 (Photo by Tim Graham/Evening Standard/Getty Images)

Cuando el sindicato que lidereaba llegó a los 200.000 miembros, Chávez empezó a perder el control. Y, al aferrarse como líder único, empezó a perder el apoyo de sus ayudantes más cercanos. Acusó a muchos de sus colaboradores más cercanos de ser “comunistas” o “espías del gobierno”.

Sin el apoyo de importantes líderes debajo de él, el sindicato empezó a perder peleas. Y el enfoque de Chávez cambió: pronto se hablaba más de religión en sus discursos que de justicia social. En algún momento, sus seguidores gritaban “¡Adelante soldados cristianos!” y sus famosas huelgas de hambre sólo se rompían por misas.

El centro de sus actividades sindicales, un terreno llamado La Paz, aislado en las montañas Tehachapi, se convirtió también en un lugar para practicar las enseñanzas de un culto reciente llamado Synanon. Las prácticas incluía poner a un seguidor sindical en medio de un círculo de personas que le gritaban insultos.

Chávez había logrado modificar las condiciones de trabajo de los agricultores estadounidenses en distintos estados y, pronto, se quedó sin la enorme figura del enemigo visible: los dueños de los cultivos. Algunos opinan que la adopción del culto Synanon fue para inyectarle vida a un movimiento en decadencia y crear confrontaciones ahí en donde ya no había enemigos inmediatos.

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César Chávez visita el Colegio César Chávez en 1974

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En cualquier caso, para la última huelga de hambre de Chávez, en 1988, era evidente que su movimiento tenía toda la atención mediática sin el mismo poder. Todo parecía confuso, no se sabía bien por qué se luchaba y el único punto de unión de toda la lucha era el liderazgo cada vez más estrafalario de Chávez.

Al mismo tiempo, en esa huelga, el reverendo Jesse Jackson, Martin Sheen y Whoopy Goldberg estuvieron junto al gran líder. Un hijo de migrantes que había sufrido las peores condiciones laborales, que había sido sistemáticamente discriminado en la escuela, se encontraba, ahora, junto a la élite americana.

Como bien apuntó el maravilloso artículo de Nathan Heller para The New Yorker, Chávez había dejado de ser un líder moral para convertirse en un héroe americano. Y todo héroe tiene las manos sucias, se ha equivocado y está sujeto a interpretación.

Chávez es entonces un héroe lleno de contradicciones. Pero nadie puede negar lo que logró y lo que llegó a simbolizar bajo un lema que no parece olvidarse. En medio de las injusticias, en medio de la miseria, en medio del recuerdo contradictorio de un gran hombre, se sigue oyendo ese distante grito que nació de un agricultor chicano y que fue legado al mundo: “Sí se puede”.

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Celebración del Día de César Chávez en El Paso, Texas, 2000 (Getty Images/Photo by Joe Raedle)

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