Peter Sellers, el único comediante que Stanley Kubrick respetó

Peter Sellers, Stanley Kubrick, comediante, actor, películas, comedia

Peter Sellers en su papel de Dr. Strangelove, un científico nazi que trabajaba para el gobierno estadounidense (Foto: Facebook)

Quizá la nueva generación no haya escuchado mucho del comediante  Peter Sellers, ¿quién era él? ¿para que gastar tiempo en conocer la obra de un comediante muerto? Quizá una razón para recordar quién era este sujeto es comenzar diciendo que es un comediante que el mundo de ahora necesita.

¿Es este un comentario arrogante? Un buen comediante desafía a su audiencia, la hace pensar, la reta porque no la menosprecia, tiene fe en ella para que lo acompañe en caminos no explorados… y las risas que provocan, esas risas que uno ríe cuando se da cuenta de que no fue el único en pensar un tema, son las más reconfortantes.

Peter Sellers murió en 1980, el siglo pasado, historia antigua. Sin embargo, el señor tenía un arsenal de herramientas que siguen manteniéndose vigentes. Porque, a pesar de la tecnología, las redes sociales y que estés leyendo esto en un celular, los principales problemas y actitudes de la humanidad siguen siendo los mismos.

Sellers gustaba de interpretar a diversos personajes en la misma película, desde personajes idiotas que se tomaban demasiado en serio como el Inspector Clouseau de La Pantera Rosa hasta intelectuales que, sin embargo, eran ineptos en otras áreas de sus vidas como el Doctor Strangelove, el científico nazi que había sido absorbido por el gobierno estadounidense para continuar su carrera armamentista en la guerra fría.

Su capacidad para ser expresivo y dominar distintos tipos de acentos extranjeros, lo llevaron a resaltar en la radio con el programa Goon Show, mismo que vivió el raro fenómeno de pasar de las ondas de radio a la señal televisiva. En el show se realizaban interpretaciones musicales acompañadas en vivo con una orquesta junto con sketches y radio novelas de tono cómico.

Sellers, un inglés de origen judío, era un comediante extremadamente agudo, conseguía disolverse en sus papeles al punto en que, en ocasiones, los directores y actores que estuvieron en contacto con él llegaban a cuestionarse en dónde acababa una interpretación y donde iniciaba Sellers. Algunos, incluso, decían que el verdadero actor no existía.

Peter Hall, director de teatro, cine y televisión se expresó de esta forma sobre del actor:

Peter tenía la capacidad de identificarse completamente con otra persona y creo que en su forma física, mental y emocionalmente en sus pieles. ¿De dónde viene eso? No tengo ni idea. ¿Es una maldición? En este negocio para tener talento tienes que tener talento para gestionar el talento. Y eso creo que Peter no lo tuvo.”

Quizá esa capacidad para desprenderse de su personalidad real haya sido la única herencia que le dieron sus padres, un par de actores quienes, en vez de llamarlo por su verdadero nombre, Richard Henry, le llamaban “Peter” en honor a un hermano que había muerto hace años… y ese morboso nombre fue con el que el mundo lo conoció hasta el fin de sus días.

Tenía un talento natural para el humor físico pues conocía a la perfección el principio básico de que, no es el pastelazo lo que hace reír a la gente, sino lo que la gente sabe que el personaje está pensando cuando sucede.

El carácter del comediante siempre fue un tema aparte, neurótico como muchos de su profesión, inestable, era también bastante celoso, combinación explosiva cuando todo esto se mezcla con su tendencia a abusar de las sustancias psicotrópicas.

No es fácil convivir conmigo”, dijo alguna vez.

Era muy supersticioso, consultaba periódicamente al astrólogo Maurice Woodruff, quien ejerció una influencia impresionante en el actor, al punto en que los productores supieron que para que el actor tomara un papel, tenían que sobornar a su astrólogo para que él se lo aconsejara. Peter tenía una aversión enfermiza por los colores verde y púrpura.

Su fuerte personalidad le llevó a vivir fuertes discusiones con otros actores y directores, entre ellos su amigo Blake Edwards, director de La Pantera Rosa (The Pink Panther) y La fiesta inolvidable (The Party). Fue en esta último film que la relación entre ambos se quebró, logrando separarlos durante siete años.  Sin duda, se necesitaba tener un carácter así para poder conseguir que Stanley Kubrick decidiera observarlo y grabarlo, sin meterse en sus escenas, en dos películas distintas.

Le preocupaba, incluso le obsesionaba, su trabajo. Vivió depresiones terribles debido al fracaso de algunas de sus películas y para salir de esas bajas a veces recurrió a diversas drogas. Algunos creen que el abuso del nitrito de amilo, utilizado para controlar los dolores de pecho ocasionado por la angina, contribuyó a una serie de ataques cardiacos que sufrió en 1964.

Pese a su falta de sapiencia para manejar su vida personal, el trabajo y los sentimientos que Sellers logró plasmar en pantalla son un testamento digno de verse y disfrutarse por la sencilla razón de que este comediante se tomó su comedia muy en serio. ¿Cuántos comediantes no recurren fácilmente a los chistes “políticamente incorrectos” en vez de trabajar en una comedia más profesional que aborde los problemas actuales?

No es tan fácil ser un astro de la comedia, tal vez la dura vida y el carácter difícil de Sellers lo demuestre pero ¿no son los verdaderos genios los que sufren profundamente por la perfección de su trabajo?

 

CARGANDO...