“Gracias a Dios que estamos vivos.” Más allá de Juchitán, miles lo perdieron todo… pero la ayuda no llega

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(AP Photo/Rebecca Blackwell)

La Ciudad de México corrió con suerte. La noche del 7 de septiembre, la capital del país fue golpeada por un sismo de magnitud superior al del terremoto de 1985, el cual cobró las vidas de más de 3 mil personas. Afortunadamente, las consecuencias en esta ocasión no se midieron por el número de muertos sino por el número de “memes”. En la CDMX, nadie perdió la vida y los daños no pasaron de algunos inmuebles afectados. Parecía que millones de capitalinos podían regresar a su rutina normal al día siguiente, presumiendo al mundo su inmunidad ante un sismo de 8.2.

Sin embargo, la Ciudad de México no equivale a todo el país y no todo el país salió tan bien librado. Una vez superado el susto, los ojos de la nación giraron hacia Juchitán. Varios videos circularon en redes sociales, resaltando los efectos de un temblor sobre una comunidad cercana al epicentro. Edificios en ruinas, postes de luz tumbados sobre los vehículos, árboles partidos a la mitad, personas heridas sobre la vía pública… no había forma de que el resto de la república pudiera ignorar estas imágenes que reflejaban las consecuencias reales de un desastre.

Pero algo curioso había ocurrido. La gente compartía los videos de un hotel desplomándose, se conmovía por la historia del hombre que rescató una bandera nacional del Palacio Municipal de Juchitán y se indignaba por las imágenes de un camión volcado en la carretera de Puebla, mientras los víveres para damnificados eran hurtados por vándalos. Pero era como si todo estuviera ocurriendo en un país lejano o en una película. Los videos en baja resolución no transmitían la urgencia de que esto era México y que las vidas de miles de personas habían cambiado de la noche a la mañana, literalmente.

La atención del gobierno se enfocó en Juchitán, Oaxaca. El ejército mexicano se movilizó para ejecutar operaciones de rescate, brindar primeros auxilios y repartir los primeros paquetes de apoyo. Pero no era suficiente. El presidente y parte de su gabinete viajaron a la zona para evaluar los daños personalmente, dar entrevistas y discursos, y estrechar las manos de los damnificados. Pero no era suficiente. Juchitán no era más que el primer punto de contacto con la crisis humanitaria que desató el sismo en las decenas de comunidades alrededor del istmo de Tehuantepec, al igual que en poblados más remotos de Oaxaca que permanecen completamente incomunicados. Y aún queda Chiapas.

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(AP Photo/Rebecca Blackwell)

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Mientras el número de muertos a causa del sismo se acerca a las 100 personas, no hay manera aún de registrar con números precisos a las miles de personas que lo perdieron todo: vivienda, transporte, trabajo… hay gente que no tiene para comer ni vestir. Pero la ayuda no llega. Y cuando llega es muy poca. Tal es el caso en Chicapa de Castro, comunidad cercana a la cabecera municipal de Juchitán. Tomás Pérez dice que los pobladores deben valerse por sí mismos, pero debido a la escasez de recursos, parece que las autoridades locales solo reparten ayuda entre los de su partido.

Necesitamos mucho apoyo, porque nos hacen llegar poco. De verdad, qué triste saber que es la misma gente que hace eso. Muchos de mis conocidos perdieron todo. Es momento de solidarizarnos y ayudar, no de hacernos daño.

En este pequeño pueblo de Oaxaca, se calcula que más de 200 casas se derrumbaron, mientras que el mismo número de viviendas están a punto de colapsar. Y como éste, hay muchos más o en peores condiciones.

Hay pueblos que se han vuelto más vulnerables a derrumbes a causa de las lluvias que siguen azotando la Sierra Norte de Oaxaca. El sismo del 7 de septiembre solo complicó el problema. Las inundaciones y los deslaves han agudizado la crisis en comunidades zapotecas y mixes, las cuales quedaron incomunicadas tras la destrucción de las vías de comunicación. El sacerdote Rodrigo Carrasco habla de casas sepultadas, personas desplazadas y gente desaparecida en referencia a San Juan Maninaltepec, La Ermita y Santa María Huitepec:

El pueblo desapareció, hay muchos daños, deslaves, y la gran cantidad de lodo cubrió la carretera y los hogares, una persona falleció, no sabemos si es un menor de edad o un adulto, aún no llegan los apoyos de este lado.

Por el momento, estas comunidades indígenas y campesinas no han tenido otro remedio más que valerse por sí mismas. Sí, ante la falta de apoyo, aquí también. A través de la iglesia, el sacerdote ha organizado colectas de víveres, medicamentos y ropa para ayudar a los más necesitados. Pero sus recursos son limitados.

Nunca es demasiado tarde para que el resto del país se percate de los problemas urgentes que miles de personas enfrentan en Chiapas y Oaxaca y pongan de su parte. A través de esta enlace, consulta los distintos centros de acopio donde puedes aportar lo necesario con el fin de brindarle a estas comunidades un día más de alimentos y salud. Solo será suficiente hasta que despertemos a la realidad del desastre.

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