Mueren 4 trabajadores en incendio; sus patrones los tenían encerrados bajo llave

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Los bomberos han luchado durante cinco días para apagar el incendio de las galerías Nicolini

El incendio en una galería comercial dejó expuesto a los ojos del mundo la forma en que muchos trabajadores peruanos son forzados a trabajar bajo condiciones que asemejan la esclavitud. Un incendio en Lima cobró las vidas de varios jóvenes que no pudieron huir porque sus patrones los mantenían encerrados bajo llave.

El pasado jueves, 22 de junio, se originó un incendio masivo en la galería comercial Nicolini. Cerca de 300 bomberos voluntarios repartidos en 60 unidades cumplieron este lunes el quinto día de trabajos ininterrumpidos para intentar sofocar el fuego, el cual, hasta el momento ha dejado un saldo de 4 muertos y 15 heridos.

Las llamas y el daño dejaron al descubierto las precarias condiciones en que los trabajadores son expuestos en dicho lugar. Los empleados permanecían encerrados bajo llave en contenedores de metal, lo cual es ilegal.

Nicolini es uno de los principales centros de venta de productos de ferretería de la capital peruana, con cerca de 1500 comercios. Parte del problema para controlar la propagación de las llamas fue por una explosión de varios contenedores con materiales inflamables como cloro, pintura, telas y materiales sintéticos.

Cuando el incendio amenazó con expandirse a un mercado vecino, muchos de los vendedores quisieron ingresar para sacar sus productos, pero la policía lo impidió.

Mientras que la primera planta de la galería pertenecía a un grupo de comerciantes, quienes habrían desembolsado más de siete millones de dólares por el terreno y contaban con todos los permisos y las licencias correspondientes, no pasaba lo mismo con los niveles superiores y con el sótano.

Según el ayuntamiento de Lima, las plantas superiores y el sótano pertenecían a Inversiones JEPG SAC, una empresa propiedad de José Enrique López Ramírez y Juan Manuel Polar De Rivera, cuyo paradero se desconoce hasta el momento.

En junio de 2016, las autoridades clausuraron un taller de JEPG SAC, ubicado en el tercer piso del local. En respuesta, los responsables de JEPG SAC trasladaron dicho negocio a uno de los pisos superiores en donde construyeron una colmena de 20 contenedores metálicos, repartidos en bloques de tres y cuatro niveles, que sobresalía de la azotea. Además de ser ilegales, las construcciones albergaban a empleados jóvenes en condiciones infrahumanas.

Entre los que han sucumbido en la tragedia se encontraban Jorge Luis Huamán Villalobos, de 19 años, y Jovi Herrera Alania, de 21 años, ambos trabajadores de JEPG SAC quienes tenían como labor adulterar etiquetas de tubos fluorescentes de mala calidad, mismos que después empaquetaban en cajas de marcas conocidas. Estas falsificaciones eran posteriormente vendidas en las galerías y centros ferreteros de la vecindad.

La norma para los trabajadores albergados en los contenedores era trabajar jornadas de sol a luna, todos los días de la semana. Permanecían encerrados con llave durante toda la jornada para impedir su escape o que fueran descubiertos por inspectores o clientes. En los contenedores no había baños y solo tenían un descanso de 30 minutos a mediodía para comer. Ganaban menos de un dólar por hora de trabajo.

Aunque no se han hallado los cuerpos de Jorge Luis y Jovi, videos de un canal local muestran que los jóvenes llamaron a sus parientes durante el incendio. Las víctimas explicaron que habían sido abandonados en el quinto piso y no tenían cómo abrir la puerta del contenedor. Los familiares pidieron ayuda a las autoridades pero no pudieron alcanzarlos a tiempo. Los jóvenes sacaron sus brazos por la rendija del contenedor, mostrando tubos fosforescentes para indicar que se encontraban en el quinto piso. Se piensa que otros dos muchachos, incluido un menor de edad, perecieron en condiciones semejantes.

Con información de: El País

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