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La elección francesa y el futuro de Europa

Torre Eiffel, Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Elecciones en Francia

Una pancarta en la Torre Eiffel recuerda los ideales de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. (Getty Images)

La moneda francesa está en el aire y todavía pueden suceder muchas cosas, pero los observadores esperan que Emmanuel Macron sea el próximo presidente de Francia.

Con una victoria de Macron, Europa se alejaría de la diáspora. Si Le Pen ganara, estaría un paso más cerca el fin de la Unión Europea (UE). Sacar a Francia de la eurozona, como ha prometido Le Pen, conduciría al colapso del euro. El mercado común y otras instituciones centrales de la UE caerían por efecto dominó. Europa se sumergiría en el abismo y se perderían 60 años de progreso político, económico y social, de acuerdo con Joschka Fischer, ex vice canciller alemán, en el texto The French Election and Europe’s Future, publicado en Project Syndicate.

Le Pen ha advertido que retiraría a Francia de la OTAN y buscaría mejorar la relación con Vladimir Putin, presidente de Rusia. Esto haría que los acuerdos de seguridad en Europa se sumieran en un caos, lo que posiblemente alertaría a los inversionistas, generando una crisis económica en el continente, “con consecuencias políticas apenas predecibles”, afirma el ex ministro de asuntos exteriores.

Si gana Emmanuel Macron, Europa eludiría ese escenario por los próximos cinco años, pero es momento de que los líderes europeos “aprendan las lecciones correctas a partir de la elección francesa de este año”.

Para empezar, afirma Fischer, a Europa le interesa que Macron, si gana la elección, no fracase. “El futuro de la UE, particularmente el de Alemania, depende de una presidencia exitosa de Macron que saque a Francia de su prolongado malestar económico y resuelva su crisis de identidad.”

Una Francia débil, económicamente estancada y políticamente insegura plantea un peligro para todo el proyecto europeo, porque una Francia que permanezca en ese estado sucumbirá al tipo de nacionalismo antieuropeo que representa Le Pen. “Una Francia fuerte y segura es necesaria para la supervivencia a largo plazo de la UE”, redondea.

Fischer explica que el éxito de la posible presidencia de Macron “dependerá de su capacidad para curar las divisiones sociales de Francia, restablecer su dinamismo económico y enfrentar su alto desempleo, especialmente entre los jóvenes”. No se debe perder de vista que “casi la mitad del electorado francés votó por candidatos euroescépticos y anti sistema en la primera ronda. La UE no puede sobrevivir muchas más elecciones con ese tipo de resultado, de manera que una actitud de ‘no pasa nada’ no es opción”.

De manera prioritaria, el próximo presidente francés tendrá que restablecer el crecimiento económico. “Y lo mismo puede decirse para los otros estados que conforman la eurozona. Después de la elección general de Alemania en septiembre, el gobierno tendrá que implementar una política económica más robusta”, a menos que quiera ceder el escenario a nacionalistas que destruyan la Unión Europea, advierte el político alemán.

Si bien Alemania ha presentado argumentos válidos en defensa de su excedente fiscal y externo, su modelo económico actual no ha logrado estimular un crecimiento suficiente en la eurozona como para estabilizar la moneda única. Lograr este objetivo exigirá un nuevo consenso entre el norte y el sur de Europa, liderado por Alemania y Francia.

También exigirá que Alemania finalmente tome algunas medidas decisivas en cuanto a satisfacer las necesidades económicas de Francia, y disipe la ilusión de que la UE puede sobrevivir bajo un régimen de liderazgo exclusivamente alemán. La UE es una entidad complicada que sólo puede ser dirigida por un eje franco-alemán fuerte que trabaje en concierto con otros estados miembro. Esa también es una lección perdurable que los líderes europeos deberían extraer de la elección francesa.

Macron, dice Joschka Fischer, tendrá que evitar una trampa en la que cayeron Nicolas Sarkozy y Francois Hollande, que “intimaron con la canciller alemana, Angela Merkel, y no pudieron confrontar al gobierno alemán cuando fue necesario. Por ejemplo, yo apostaría que, si Francia hubiera desafiado la oposición de Alemania a los eurobonos, los populistas antieuropeos de la izquierda y de la derecha no habrían ganado el impulso político que ganaron en los últimos años”. Un conflicto constructivo en Europa a veces es necesario, para que aquello que la Unión Europea representa no se mantenga oscuro.

Fischer concluye en su texto que, “a medida que la elección presidencial francesa se acerca a su conclusión, la descripción de Europa como una ‘comunidad de destino’ sigue siendo válida, inclusive después de 60 años. El 7 de mayo, Francia decidirá no sólo su propio destino, sino también el de la UE. Los europeos deberían regocijarse, pero luego deben ponerse a trabajar”.

 

 

(Con información de Project Syndicate)

tfo

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