El amor en las letras: los poemas eróticos de Sor Juana

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Hace más de 300 años, vivió en México una de las mentes más prodigiosas que han pisado sus calles: Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, conocida popularmente como Sor Juana Inés de la Cruz. Y para recordarla, aquí les pondremos algunos poemas de amor de su autoría.

Juana fue una niña prodigio, aprendió a leer a muy corta edad (se dice que a los 3 años) en una época en la que no era tan fácil para las mujeres acceder a la educación. Para que la dejaran en paz, y no tanto por convicción religiosa, Juana se volvió monja, sólo así pudo dedicar su vida al estudio y no se tuvo que ver obligada a estar casada. A pesar de eso, Juana sabía y escribía sobre el amor. Juana era humana y una humana erudita, así que sabía tanto lo que otros pensadores habían escrito sobre el tema amoroso como había sentido el amor en su propio pecho. Es por eso que sus poemas eróticos son tan universales.

La celda de Sor Juana fue una gran biblioteca y de su pluma emanaron algunas de las piezas literarias más profundas y mejor manufacturadas escritas en lengua española. Pero esto no lo podría haber logrado sin el abrigo de los virreyes, en especial de la Virreina de México: María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, condesa de Paredes y protectora de Juana Inés.

Poesía y amor

En sus poemas, Juana le puso el cariñoso nombre de Lisi a la virreina y es hacia ella que dedica muchos poemas amorosos en los que hizo gala de sus habilidades con la palabra para hablar de uno de los temas que más ha interesado a la humanidad: el amor.

En este fragmento se puede leer una hermosa exposición sobre lo que provoca la virreina en ella:

(…)

Pues desde el dichoso día
Que vuestra belleza vi,
Tal del todo me rendí,
Que no me quedó acción mía.

Con lo cual, señora, muestro,
y a decir mi amor se atreve,
Que nadie pagaros debe,
Que vos honréis lo que es vuestro.

Bien se que es atrevimiento
Pero el amor es testigo
Que no se lo que me digo
Por saber lo que me siento.

Y en fin, perdonad por Dios,
Señora, que os hable así,
Que si yo estuviera en mí
No estuvierais en mí vos.

Sólo quiero suplicaros
Que de mí recibáis hoy,
No sólo el alma que os doy,
Mas la que quisiera daros.

En este otro, Juana explica como le pertenece a la virreina:

Divina Lisi mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.

A esto, no osadía
es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.

Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.

Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.

Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.

(…)

Este soneto es uno de los más citados a la hora de hablar del amor de Juana por la virreina:

Yo adoro a Lisi, pero no pretendo
que Lisi corresponda mi fineza,
pues si juzgo posible su belleza,
a su decoro y mi aprehensión ofendo.

No emprender, solamente, es lo que emprendo;
pues sé que a merecer tanta grandeza
ningún mérito basta, y es simpleza
obrar contra lo mismo que yo entiendo.

Como cosa concibo tan sagrada
su beldad, que no quiere mi osadía
a la esperanza dar ni aun leve entrada:

pues cediendo a la suya mi alegría,
por no llegarla a ver mal empleada,
aun pienso que sintiera verla mía.

Los amores literarios vs. los amores reales

No hay manera de saber a ciencia cierta la sexualidad de Sor Juana. Tampoco sería muy fructífero obsesionarse con saber si sí amaba a la virreina o si sólo fue un recurso retórico el suyo. Tal vez lo más provechoso sería leer sus poemas a la luz de lo que ellos mismos indican en la construcción de su yo lírico (la poeta que escribe), es decir, en ese yo que ama, que está tan profundamente enamorado y que aclama y engalana sus amores tan bellamente.

Y no sólo cuando le canta a Lisi sino que con varios otros poemas suyos muchas veces hemos querido usar sus palabras para describir lo que nos está sucediendo a nosotros mismos.

Aquí mismo, Juana nos escribe un hermoso poema en el que el dios Amor la ayuda a expresar sus sentimientos:

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

Este poema habla sobre el sentimiento de ser rechazado y el único consuelo de vivir en la fantasía:

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Este otro poema habla sobre aquellos triángulos amorosos:

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento empleo;
que, de quien no me quiere, vil despojo.

En este fragmento habla del amor a alguien que está lejos:

Amado dueño mío,
Escucha un rato mis cansadas quejas,
Pues del viento las fío,
Que breve las conduzca a tus orejas,
Si no se desvanece el triste acento
Como mis esperanzas en el viento.

Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.

(…)

Por último, este poema es sobre un amor al que no se le corresponde:

Dos dudas en que escoger
Tengo, y no se a cual prefiera,
Pues vos sentís que no quiera
Y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado
Quiero inclinarme, es forzoso
Quedando el uno gustoso
Que otro quede disgustado.

Si daros gusto me ordena
La obligación, es injusto
Que por daros a vos gusto
Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien
Apruebe sentencia tal,
Como que me trate mal
Por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento
Que es también mucho rigor
Que lo que os debo en amor
Pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece
Este rigor, pues se infiere,
Si aborrezco a quien me quiere
¿qué haré con quien aborrezco?

No se como despacharos,
Pues hallo al determinarme
Que amaros es disgustarme
Y no amaros disgustaros;

Pero dar un medio justo
En estas dudas pretendo,
Pues no queriendo, os ofendo,
Y queriéndoos me disgusto.

Y sea esta la sentencia,
Porque no os podáis quejar,
Que entre aborrecer y amar
Se parta la diferencia,

De modo que entre el rigor
Y el llegar a querer bien,
Ni vos encontréis desdén
Ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja,
Pues con esta conveniencia
Ni yo quedo con violencia
Ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco;
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante
A ajustarnos, si os contenta,
Que vos me logréis atenta
Sin que yo pase a lo amante,

Y así quedo en mi entender
Esta vez bien con los dos;
Con agradecer, con vos;
Conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse
En este gusto cumplido,
Ver que es igual el partido
Servirá de resignarse.

@Filosofastrillo 

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