Qué hacer cuando estás harto de tu trabajo pero no quieres renunciar

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(CC0 Public Domain)

Seguro conoces a esa persona entre tus amigos que tiene un nuevo trabajo pero temes que solo es cuestión de tiempo para que renuncie o se las arregle para ser despedido. Quizás esa persona eres tú.

Digamos que acabas de empezar en un nuevo empleo.

Estás muy emocionado. Conoces nuevas personas y todos te dan la bienvenida. Tienes que aprender cómo usar las nuevas herramientas, pero lo aceptas como un nuevo reto y te enfocas. Tus jefes aceptan tus errores y te dan nuevas oportunidades de mejorar.

Ah, pero tres meses después:

Como todos tus compañeros ya te conocen ya nadie te recibe con los brazos abiertos. Ya estás más que familiarizado con tus herramientas de trabajo; de hecho, ya no hay reto alguno y todas tus tareas te aburren. Comienzas a pensar que tus jefes no merecen la autoridad que gozan y todo lo que dicen te irrita, especialmente si se meten contigo. En otras palabras, estás harto.

En inglés le dicen burnout.

Burnout no quiere decir que uno esté cansado. Si estás cansado es solo cuestión de cambiar tu rutina, te duermes más temprano y comes alimentos más saludables.

Burnout es un tipo de agotamiento más bien psicológico cuyos síntomas son parecidos a los de la depresión clínica. Este agotamiento suele ser asociado al estrés derivado de la jornada laboral, aunque en realidad es mucho más grave.

El estrés en el trabajo no es un fenómeno raro y casi nadie se salva de éste. Cuando tenemos que lidiar con un problema que rebasa nuestras aptitudes o tenemos que terminar varias tareas a la vez antes del cierre, el estrés es lo que sucede.

Pero vaya, al día siguiente hay “borrón y cuenta nueva” y aquél día terrible que tuvimos puede quedar en el olvido.

¿Pero qué ocurre cuando la sensación de estrés es crónica, o sea, cosa de todos los días?

Quizás el consejo más recurrente es que te tomes unas vacaciones o que pidas incapacidad por unos días. Pero hay estudios que señalan que, aunque el agotamiento reduzca en los primeros días de vuelta en la oficina, esta sensación retornará con fuerza posteriormente. Las vacaciones son solo una solución a corto plazo.

El problema es más bien psicológico, no físico, por lo que debemos abordarlo desde ese ángulo.

El principal factor que nos lleva al estrés crónico es el pesimismo. Cuando crees que te has condenado a un empleo donde no hay posibilidades de ascenso, o piensas que tu trabajo carece de valor, o te sientes abrumado por todas las responsabilidades que te han asignado, en tales casos se impone un punto de vista pesimista sobre tus expectativas laborales.

Es probable que hayas escuchado la frase “el cambio está en uno mismo” y es probable también que no estés de acuerdo con dicha frase. Pero puede que haya algo de verdad en este cliché.

Ya que el pesimismo es una cuestión de perspectiva, parece que la solución común es la de optar por ser más optimistas. ¡Y listo! Problema resuelto.

Sin embargo, esta idea puede parecer demasiado irreal para alguien que ha sido condicionado por circunstancias de la vida a mirar el vaso “medio vacío” en lugar de “medio lleno”.

Dar el brinco del pesimismo al optimismo puede ser una noción muy radical para muchos que sufren de burnout, por lo que lo más aconsejable es encontrar el punto medio, o sea, el realismo.

1. HAY QUE SER REALISTAS.

Por ejemplo: en el trabajo no es raro que resuene en nuestra mente aquella vieja frase del típico libro de auto-ayuda que dice “¡Tú puedes lograr todo lo que te propongas!”

Esto suena muy alentador pero en la práctica no podemos hacerlo todo, y entre más tareas y responsabilidades nos asignemos a la vez, más difícil nos hacemos la vida.

La gente que se propone como meta ser un experto en algo en específico es más realista que aquella que piensa que puede ser un experto en todo lo que tiene por delante. Digamos que trabajas en una agencia de publicidad. ¿Qué te hace pensar que puedes ser el experto en copywriting, diseño gráfico, edición de video, community manager, trafficking, ejecutivo de cuenta y manager de proyecto?

2. TU TIEMPO LIBRE IMPORTA

Tal vez si te lo propones, puedes ejecutar con excelencia las funciones de todo el personal de una agencia… ¿pero a costa de qué? Se trata de encontrar un balance entre tu vida laboral y tu vida privada y aquí es donde entra el siguiente punto:

Al querer invertirle tanto tiempo y esfuerzo a nuestro empleo desde el arranque, estamos quemando horas importantes de nuestro tiempo libre y la atención que le debemos a nuestros amigos y familiares.

No es sorpresa que los países donde trabajan menos horas a la semana sean más felices (y como consecuencia, más productivos) que los habitantes de países donde se matan más de 40 horas a la semana en la oficina. Si, como en México.

Ahora bien, digamos que no trabajas más de las 40 horas reglamentarias y aún así estás harto. Entonces incrementa tu vida social. Haz más amigos, sal a más fiestas, diviértete con la gente con más frecuencia. Una vida social saludable contrarresta los efectos de una vida laboral angustiosa.

Y si eres un retraído o si hacer amigos no es lo tuyo, entonces sal de viaje con regularidad. La idea consiste en borrar la sensación de estrés. Un cambio de escenografía hace maravillas en lo relativo a despejar la mente.

3. ENCUENTRA EL VALOR EN LO QUE HACES

Por último, la actitud pesimista recibe un golpe tremendo cuando logramos encontrar el valor en lo que estamos haciendo. ¿Qué quiere decir esto exactamente?

Hazte la siguiente tu pregunta:

¿Cómo describirías tu trabajo?

Si respondiste: “8 a 10 horas de tortura con una miserable hora de comida. Una prisión. Debo convivir con gente que me cae mal. Hago cosas sin propósito alguno. Solo estoy ahí para cobrar un cheque. Ni siquiera me gusta…” entonces vale la pena reflexionar.

La gran mayoría de empleos exige tiempo y esfuerzo, eso es inevitable. Después de todo, estás recibiendo dinero a cambio de tus servicios dentro un esquema construido por un empleado y un empleador.

Lo que uno si puede cambiar es la percepción del valor que uno tiene por lo que hace 8 a 10 horas al día.

Reporteros, meseros, maestros, choferes, barrenderos, empresarios, administradores públicos, policías, médicos, cocineros, científicos, niñeros, operadores telefónicos, y un largo etcétera… todos ellos aportan un valor a la sociedad.

Si puedes encontrarle un sentido a tu trabajo, entonces todas esas horas en la oficina ya no tendrán la sensación de ser un desperdicio. El trabajo se vuelve un llamado y eso nos ayuda a salir del egoísmo del hartazgo.

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