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¿Qué pasará con Cuba después de los Castro?

Raúl castro va a cumplir una década al mando de Cuba. En su gobierno muchas cosas han cambiado… y muchas otras han permanecido igual.

Ahora, con el fin de su mandato en 2018, parece que la nación comunista se enfrenta a un reto mayúsculo: ¿Quién podrá continuar con el legado monumental de los Castro?

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Fotografía de Cuba. (Getty Images)

Luto en La Habana por la muerte de Agustina del Carmen Castro Ruz, hermana menor de Fidel y Raúl Castro (Getty Images/archivo)

El segundo al mando

En 2008, cuando Fidel Castro se apartó del poder por motivos de salud, era evidente que Raúl Castro tomaría las riendas del país. Porque Raúl siempre fue el segundo al mando, el hombre de confianza, el confidente y cómplice de Fidel.

En 1953, Raúl encabezó uno de los tres grupos que asaltaron el cuartel Moncada en un primer intento, fallido, por derrocar la dictadura proamericana de Fulgencio Batista. Raúl sobrevivió al sangriento encuentro y, poco después, fue capturado. Se le condenó a trece años de cárcel y se le envió a una prisión junto a Fidel, su hermano mayor.

Fue el mayor de los Castro que describió, con su elocuencia habitual, los días de horror después del asalto al cuartel de Moncada:

No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros”

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(Photo by Keystone/Getty Images)

Dos años después, los hermanos Castro fueron perdonados y salieron exiliados a México desde donde planearon la revolución que finalmente sacaría del poder a Batista. Raúl se entrenó militarmente en un terreno a las afueras de la Ciudad de México. También se alimentó de la doctrina comunista sobre la que fundarían, años después, los dos hermanos, el régimen cubano.

Raúl siempre estuvo cerca del pensamiento soviético. De hecho, cuando Fidel militaba en el Partido Ortodoxo, Raúl era ya miembro del Partido socialista. Con apenas veintidós años, viajó a Berlín y Bucarest para el IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. El evento, de corte socialista, denunció el anticomunismo de la Guerra Fría en pleno conflicto de Corea.

Cuando fueron expulsados de la isla y llegaron a México, Raúl ya había conocido a Nikolai Leonov, agente de la KGB con el que formó una sólida amistad y que luego ayudaría a fortalecer los lazos entre el régimen de Fidel y el bloque soviético. También, en México, forjó una relación durable con el que sería el gran compañero intelectual de Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara.

Al triunfar la revolución, Raúl permaneció eternamente al lado de su hermano. Se encargó de supervisar ministerios, de regir los asuntos del partido, de ser la mano derecha, siempre fiel, de Fidel Castro.

A diferencia de Fidel, Raúl nunca fue bueno en los estudios. Expulsado de la preparatoria, la vocación de Raúl siempre fue de veta militarista e ideológica. Al mismo tiempo, resultó ser un líder mucho más pragmático que Fidel Castro. Cuando el presidente de Cuba dimitió en 2008 por razones de salud, se respiró un nuevo aire en la isla: Raúl parecía querer cambiar las cosas.

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(GettyImages/Archivo)

El mensaje se lo habría dado el propio Castro a Ju Yong-gil (GettyImages/Archivo)

Las reformas de Raúl

Tras la muerte de Fidel Castro, Raúl comenzó a implementar distintas reformas. Estas reformas eran impensables con su hermano en vida. Porque, a pesar de ya no tener funciones oficiales, Fidel siempre fue muy crítico de las políticas de Raúl.

El hermano menor de los Castro habló de relajar las medidas prohibitivas del régimen; medidas que se habían implementado “para combatir la desigualdad” y que ahora ya no tenían mucho sentido.

Finalmente, comenzaron los pequeños cambios: se permitió el acceso a internet, se empezaron a vender teléfonos celulares y, sobre todo, se abrió la posibilidad a todos los habitantes de la isla, para empezar un pequeño negocio propio. Empezaron a surgir, en todas partes, los cuentapropistas, nuevos dueños de microempresas florecientes.

Y, con los cambios, vinieron también los debates. Como un gesto de buena voluntad para restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Raúl Castro liberó a 52 presos políticos y acordó entablar un diálogo con Barack Obama. La reunión fue fructífera y dio pie a cambios históricos: la embajada de Estados Unidos volvería a abrir en La Habana.

Castro nunca quedó del todo contento con el discurso de Obama. Cuba sigue siendo particularmente sensible en el tema de los derechos humanos. El régimen sigue encarcelando y sigue manteniendo presos políticos. Y esa es la gran mancha internacional que ha ocultado los logros en combate a la pobreza, alfabetización y salud.

En cualquier caso, la reunión con Obama mostró la doctrina de política internacional de un presidente estadounidense que siempre quiso crear relaciones multilaterales. Al reanudar las conversaciones diplomáticas con la isla caribeña, Obama abrió las puertas a un cambio radical: se olía el fin del doloroso embargo económico que, desde 1962, aisló a Cuba del mundo.

Como bien dijo una analista, de Fidel se esperaban las viejas ilusiones, la mítica imagen de la revolución; de Raúl Castro se esperaban solamente mejoras económicas.

Pero todavía quedaba un camino largo para lograr el fin del embargo. Mientras, el trato de Obama relajaba las condiciones de un bloqueo arcaico. El entonces presidente estadounidense entendió un hecho sencillo: la URSS ya no existe, no hay misiles soviéticos apuntando a Miami en cuba y, sobre todo, la estrategia de aislamiento no ha hecho nada para destruir al régimen de Castro en más de cincuenta años.

Por decirlo rápidamente, Obama entendió que si una estrategia falla miserablemente en cinco décadas, tal vez es porque no es la mejor estrategia.

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(AP Photo/Ramon Espinosa)

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Trump y el cambio cubano

La elección de Trump a la presidencia de Estados Unidos se transformó completamente el panorama. Durante la campaña presidencial, el magnate neoyorquino, cambió de postura, una y otra vez, sobre la posible política de su gobierno para tratar con el régimen de los Castro.

Finalmente, Rex Tillerson salió, esta misma semana, a decir que las políticas de Obama sólo habían ayudado a alimentar a un régimen que no tiene ningún respeto por los derechos humanos. Y Donald Trump decidió, pocos días después, cancelar completamente todos los acuerdos logrados en la administración anterior.

El argumento de Trump es que el acuerdo que estableció Obama era completamente unilateral y que no comprometía lo suficiente al régimen cubano para que implementara medidas de protección a los derechos humanos. El mismo candidato republicano que dijo apoyar la tortura y el asesinato a familiares de yihadistas es ahora un paladín de los derechos humanos. Claro, la congruencia nunca ha sido el fuerte del presidente americano.

En cualquier caso, el regreso al endurecimiento del embargo económico puede causar exactamente lo mismo que ha causado en cinco décadas: darle nueva fuerza discursiva y política al régimen comunista en Cuba. Porque no hay nada que haya servido más, políticamente, a Fidel Castro y su régimen, que las políticas punitivas estadounidenses.

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(Reuters)

Raúl Castro, presidente de Cuba. (Reuters, archivo)

Y frente a este colapso de los acuerdos llega, finalmente, el último año en la gestión de Raúl Castro. Porque hace cinco años, cuando fue ratificado como presidente, Castro explicó que no buscaría la reelección en 2018. Parece que el fin de la cuba castrista se acerca. Y el futuro está lleno de misterio…

Por ahora se espera que Castro implemente algunas reformas más antes de partir y cimente la fuerza de su postura en el partido para lograr una transición fácil. Y la transición parece inclinarse, justamente, hacia un relevo generacional.

Castro ya había dicho, en distintas ocasiones, que no debería tener más de sesenta años ningún miembro nuevo del partido. Y, es verdad, la cúpula alta del politburó está conformada por compañeros de armas octogenarios. Con una excepción, claro: Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez.

Díaz-Canel es el vicepresidente de Castro y fue el encargado de recibir a Obama en su llegada a Cuba. Es un maestro de profesión, electricista, que no tiene ninguna formación militar y, lo que es aún más importante, que sólo tiene 52 años. Eso quiere decir que Díaz-Canel no había ni siquiera nacido cuando Raúl Castro se abalanzaba, arma en mano, sobre el cuartel de Moncada.

El relevo generacional de Díaz-Canel podría traer una nueva ola de reformas que encaminarían a Cuba hacia una posible apertura económica como la de China. También podrían cambiar cuestiones de derechos humanos, acceso a la información y libertad de prensa.

Pero toda esta especulación queda al margen de Trump. Si el presidente de los Estados Unidos tira a la basura todo lo logrado por el gobierno de Obama, el camino evidente hacia mayores libertades en Cuba puede empantanarse por la soberbia americana. Sólo el tiempo nos mostrará el futuro que escogerá una isla aislada por la atención especial de un imperio.

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