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Stanley Kubrick y las teorías de conspiración: ¿Llegó en verdad el hombre a la Luna?

Stanley Kubrick no nada más fue uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos sino que, también, fue un misterio viviente. Por su enorme capacidad de revolucionar las imágenes visuales, Kubrick se ganó, de pronto, un aura de alquimista: sus película resultaban tan reales, tan pasmosas, que pronto el mito del hombre que podía crear la realidad tomó un nuevo matiz.

Y así se crearon las más descabelladas teorías de conspiración alrededor de su persona.

Después del terrible escándalo de Watergate que sacudió la administración de Richard Nixon, las teorías de conspiración se convirtieron en algo absolutamente común: en Estados Unidos resultaba difícil creer en la sinceridad de los hombres en el poder.

Así, en 1976, se publicó un libro que marcaría profundamente una nueva era de desconfianza y paranoia entre el pueblo estadounidense y sus gobernantes: We Never Went to the Moon: America’s Thirty Billion Dollar Swindle de Bill Kaysing.

El libro de Kaysing hablaba, sin gran conocimiento científico, de las remotas probabilidades de poner un hombre en la luna y sugería que era más fácil filmar un falso alunizaje que realizarlo. Este principio parece bastante evidente y, en todo caso, se grabó profundamente en la cultura popular estadounidense.

Pero ¿qué tiene que ver Kubrick con todo el alunizaje del Apollo 11?

APOLLO 11 Kubrick conspiración Luna
(AP Photo/NASA)

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El genio técnico de Kubrick

En 1968 Kubrick estrenó una película que sacudiría para siempre la industria cinematográfica. Porque 2001, A Space Odissey no nada más fue una cinta compleja, llena de reflexiones intrincadas sobre la relación de los hombres con una inteligencia extraterrestre incomprensible, sino que se convirtió en un enorme proeza técnica.

Al punto, claro, de ser la única película que le dio un Oscar directo a Kubrick en virtud de sus excelsos efectos visuales.

Pueden volver a ver las veces que quieran esa película y, fuera de las preguntas insistentes del final, el grado de complejidad de los ballets espaciales, las maravillosas tomas claustrofóbicas y el absoluto silencio de las secuencias en el vacío siguen creando una sensación única de realidad.

Porque Kubrick era un obsesivo y siempre llevaba al límite nuevas formas de realizar cine.

Después de 2001, A Space Odissey, el cineasta retó las capacidades cinematográficas de la época con el uso del steadicam y los travellings en The Shining y, antes que eso, revolucionó al mundo del cine con la cinematografía imposible de Barry Lyndon. En esta cinta, el director estadounidense quiso retratar, lo más fielmente posible, la realidad percibida por los hombres en el siglo XVIII.

Y, para lograrlo, propuso una tarea imposible: filmar toda la película con luz natural.

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The Country Dance de Hogarth (1745)

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Así, el cineasta tuvo que recurrir a medios técnicos jamás utilizados, en particular a los lentes CarlZeiss Planar 50 mm f/0.7. Estos lentes solo se habían producido por Zeiss para las muy complejas condiciones de luz de la NASA. Y la agencia espacial tenía el monopolio de estas bellezas.

Kubrick, obsesivo como era, descubrió la existencia de esos lentes y compró tres directamente a la NASA. Los adaptó, con muchas dificultades, a sus cámaras y logró una de las más grandes proezas cinematográficas de todos los tiempos.

Pero, de nuevo, ¿qué tiene que ver esto con la llegada del hombre a la luna?

El documental que enloqueció la realidad

En 2004, la productora ARTE contrató a un documentalista francés que había trabajado, durante muchos años, produciendo cintas sobre la vida política estadounidense: William Karel. La consigna que le dieron fue filmar un proyecto sobre la capacidad de manipulación de las imágenes televisivas. Pero Karel hizo algo mucho más juguetón y sorpresivo.

En 2002 sacó entonces el falso documental llamado Opération Lune (y traducido como Dark Side of the Moon en inglés) en el que trataba el tema de la manipulación mediática de las primeras tomas recibidas desde la luna por el Apollo 11. Y el documental parece ser una cosa absolutamente seria.

La película empieza con un tono tradicional de documental televisivo. Se trata de una retrospectiva sobre la carrera espacial y la guerra fría en la que se mezclan diferentes presupuestos históricos (que la carrera por el espacio no era más que un asunto militar, que en realidad fue una forma de otorgar contratos que beneficiarían a las familias Kennedy, Bush y Nixon, que no era una prioridad real para el gobierno estadounidense sino una simple locura ideológica, etc).

Pero, de pronto, el documental toma un giro inesperado.

Al hablar de los lentes Zeiss que consiguió Kubrick para filmar Barry Lyndon, Karel comienza a tejer una narrativa paranoica preguntándose cómo pudieron darle a un civil lentes que eran utilizados para filmar objetivos soviéticos en completa oscuridad.

La teoría que se propone entonces es que, ante el miedo del fracaso del Apollo 11, Nixon había mandado hacer un plan alternativo: filmar en los estudios de Londres en los que Kubrick había hecho los maravillosos paisajes lunares de 2001, A Space Odyssey, un falso alunizaje.

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(AP Photo/NASA/Neil A. Armstrong)

A partir de ahí todo se vuelve más descabellado en los supuestos del documental. Karel comienza a tratar la persecución de la CIA hacia todos los implicados en la filmación, habla de asesinatos, de búsquedas alocadas de hombres en Vietnam y Sudamérica, de complots políticos a gran escala para ocultar la verdad y, finalmente, termina con el préstamo de los lentes Zeiss a Kubrick.

Así, la teoría que propone Karel es que la NASA nunca hubiera permitido el uso de esos lentes si Kubrick no los hubiera chantajeado con decir la verdad sobre la llegada del hombre a la Luna…

De ahí, también, que Kubrick se haya refugiado en Inglaterra con su familia los últimos años de su vida, que haya huido de la luz pública y que haya tenido tantos sueños paranoicos de persecución internacional.

Manipula y vencerás

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(NASA/Wikimedia)

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Con toda la locura descabellada del documental, Karel quería probar un punto: si manipulamos las imágenes de cierta forma, podemos crear un efecto de realidad que muy pocos cuestionan. ¿Y cómo se logra ese efecto? A través de todos los medios a los que nos tiene acostumbrados la idea de realidad televisiva: entrevistas con gente que emana autoridad (y el efecto de testimonio que dan las llamadas Talking Heads), montajes dramáticos con música, imágenes de archivo, un narrador en voz en off con una voz segura y decidida…

Y eso fue, exactamente, lo que hizo Karel. Superpuso imágenes que había conseguido en entrevistas anteriores con cuatro de los principales consejeros de Nixon (Henry Kissinger, Donald Rumsfeld, Alexander Haig y Lawrence Eagleburger) con testimonios de los astronautas Buzz Aldrin, David Scott y Jeffrey A. Hoffman y de cabezas de la CIA como Richard Helms y Vernon Walters.

Todos estos personajes son reales y dan opiniones reales. Sin embargo, todas sus declaraciones son sacadas de contexto para narrar una historia absolutamente falsa.

Para redondear la sensación de realidad, Karel logró incluir el testimonio truqueado de la viuda de Kubrick y de una de sus hermanas además de contratar a varios actores para que dieran opiniones precisas sobre la creación fílmica del alunizaje.

Así, mientras que las entrevistas con personajes reales hablan de otras cuestiones y nunca mencionan directamente la luna, los actores contratados hablan explícitamente de la misión del Apollo 11. El efecto es impresionante y, en muchos momentos, uno se deja engañar con toda inocencia.

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Christiane Kubrick, viuda de Stanley Kubrick en Cannes, 2011 (AP Photo/Joel Ryan)

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Claro, al final del documental las cosas aparecen cada vez más trucadas: por ejemplo, mientras la voz en off habla de un asesinato en el que ahogan a un hombre en su alberca, vemos tomas de una persona aventando un perro a un río. Y, finalmente, mientras pasan los créditos, aparecen, riéndose, los actores que dieron falso testimonio y la viuda de Kubrick da a entender que todo fue una buena broma.

El nacimiento de una conspiración

Luna conspiración Kubrick 2001
Toma de 2001, A Space Odissey (Wikimedia)

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Karel logró algo que se le fue de las manos. Porque, poco después de la salida de este documental, muchos vieron en él la confirmación de viejas paranoias. Así, todavía existe mucha gente que basa sus teorías sobre la conspiración de Nixon, la NASA y Kubrick en que Donald Rumsfeld -y todos los implicados en el documental- aceptaron haber creado esta gran estafa.

En realidad, todas las entrevistas de grandes mandos del gobierno y de la CIA fueron filmadas años antes y trataban, más bien, el escándalo del Watergate. Pero, una vez que se montan las imágenes con cierto efecto de realidad y que se dicen verdades a medias como posibilidades abiertas, el trabajo está hecho. En la era de internet, este tipo de experimentos sobre la manipulación televisiva cobran vida propia. Y las teorías de conspiración se multiplicaron.

Ahora, por ejemplo, el documental Room 237 sobre las pistas simbólicas escondidas en The Shining, nos muestra cómo muchas personas ven esta joya del horror como una confesión de culpa. El cuarto 237, tan importante en la película, resulta ser una referencia a la distancia entre la tierra y la luna: 237.000 millas; el suéter de Andy no es una casualidad y muestra una imagen bordada del Apollo 11; el Tang en la alacena del hotel sugiere la bebida de los astronautas; cuando Jack Torrence escribe “All work and no play..” las primeras tres letras simulan A11, es decir, Apollo 11…

The Shining Luna conspiración Kubrick
El Great Lounge del hotel Ahwahnee, inspiración para The Shining (David Berry/Wikimedia)

Y, justamente, la proliferación de estas teorías muestra qué tanto podemos leer detalles para construir realidades posibles. Porque, junto a todas estas lecturas de The Shining, encontramos muchas otras: que la película habla del genocidio de indios americanos o del holocausto; que el hotel representa el infierno y Torrence al diablo; que todo es un sueño plagado de referencias sexuales de profundo trauma psicológico; que todo representa el mito griego del minotauro; que Kubrick trabajaba para los Illuminati…

Ninguna de estas teorías puede descartarse… pero ninguna, tampoco, puede comprobarse.

Y esa es la maravilla de la interpretación. Kubrick realizó películas tan finamente fabricadas, llenó de amplia simbología tantos recovecos de sus creaciones y maravilló con su realismo meticuloso a tantos espectadores que provocó un vuelco en la realidad. De pronto, su cine se convirtió en un mapa para descubrir conjuras ocultas, esquemas de poder prohibidos, verdades detrás de la verdad convencional que todos conocemos.

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Módulo lunar del Apollo 11 (NASA/Wikimedia)

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Karel se aprovechó de eso para mostrarnos que el cine puede imitar realidades como la realidad puede imitar al cine. Este juego entre verdad y ficción es, finalmente, algo de lo cual Kubrick hubiera estado orgulloso.

Y sí, finalmente, años después de su muerte seguimos viendo el gran cine de este hombre para intentar descubrir los misterios del mundo que nos rodea.

En realidad, ya no importa si el hombre llegó o no llegó a la Luna sino todas las lecciones que este viaje paranoico nos deja: las imágenes siempre son una manipulación de la realidad, no hay documentales inocentes, siempre hay alguien detrás de la cámara y nada de lo que vemos en televisión es una transmisión sin filtros del mundo.

Con Kubrick, tantos años después, seguimos aprendiendo, entonces, que la ficción siempre se entromete con la realidad y que, finalmente, el cine cambia radicalmente la forma en que creemos en el mundo.

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(AP Photo/NASA)

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