¿Qué es ser ateo?

¿En qué creen los que no creen en Dios?

Es cierto que la vida nos pone en muchas circunstancias difíciles y nuestra tendencia es siempre a superarlas ya sea por nuestros propios medios o buscando la respuesta en manos de alguna intervención divina.

Por un lado, en el mundo están aquellas personas que se plantean una idea de divinidad y se reconocen como miembros de alguna de las miles de religiones del mundo.

También existen muchos tipos de ateísmos, prácticamente tantos como ateos hay en el mundo y para ellos, esta postura es la que da la mejor respuesta a las preguntas más profundas de la existencia.

El ateísmo se define como la postura crítica frente a las creencias de cualquier religión. En la práctica, el ateísmo rechaza la creencia en la existencia de algún dios sin importar de qué religión venga. Un ateo, en consecuencia, es una persona que no cree que dios exista y menos en que el destino de su vida se encuentre manipulado por la intervención de esta idea.

Así, muchos ateos recurren a la razón y teorías éticas para encontrar la mejor manera de conducir su vida y convivir armoniosamente con los otros.

Esto quiere decir que eligen los conocimientos científicos y humanistas para tomar las decisiones que afectan su vida y el comportamiento que tendrán para convivir con los demás, para esto se pueden servir de diferentes teorías éticas que se han ensayado en los miles de años que hay de filosofía occidental o de otras latitudes.

Ateismo y agnosticismo

(AP Photo/Tsafrir Abayov)

(AP Photo/Tsafrir Abayov)

La postura ateísta es fácil de confundir con otros tipos de posturas no creyentes, por ejemplo, el agnosticismo. A diferencia del ateísmo, el principio fundamental del agnosticismo no es el rechazo a la creencia de la existencia de algún dios sino la suspensión del juicio sobre si esa creencia es verdadera o falsa. En este sentido, el agnosticismo es un tipo de escepticismo.

El agnosticismo como postura crítica dice que no hay fundamentos racionales suficientes para justificar (positiva o negativamente) alguna creencia. Para una persona que se considera agnóstica, la noción de dios es una noción a priori (es decir, se conoce antes de la experiencia) y por ello no es posible tomar partido en el debate de su existencia. Si se diera el caso en el que en este debate se probara con evidencia suficiente, un agnóstico estaría dispuesto a aceptarlo.

Entre las personas no creyentes también podemos identificar una postura que no tiene fundamento teológico sino evolucionista. Para un evolucionista no existe tal cosa como la creación divina sino que cree que el origen de las cosas, tal como las conocemos, es un proceso de evolución biológica por selección natural.

En el debate sobre religión vs. ateísmo, la ciencia es un factor importante y se han dado extraños casos de combinaciones de posturas, tales como el evolucionismo teísta.

Somos mexicanos y somos ateos

(AP Photo/Ivan Pierre Aguirre)

(AP Photo/Ivan Pierre Aguirre)

En nuestro país, la situación del catolicismo no ve sus mejores días a pesar de que en las estadísticas México sea uno de los países con más católicos en el mundo. Después de la década de los 60 la propagación de otras religiones por el país fue en aumento.

Por otro lado, muchos grandes personajes mexicanos se han declarado ateos: Luis Buñuel, por ejemplo. Él se consideraba un católico ateo pues no tuvo elección sobre la doctrina con la que fue criado desde pequeño, y hasta los 14 años fue católico practicante. Para los 17, decía, ya no creía en nada: “Ateo por la gracia de dios.” resume toda su acción religiosa.

En 1836, uno de los artífices más importantes de la fundación del estado laico mexicano, Ignacio Ramírez (mejor conocido como El Nigromante) puso histéricos a todos los católicos cuando en su discurso de bienvenida a la academia de San Juan de Letrán — una de las academias literarias más reconocidas del país — pronunció su famosa tesis: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”.

El Nigromante llevaba en el pseudónimo la causa. A pesar de que no practicaba magia negra (una de las acepciones de nigromancia), sus acciones políticas contra la imposición de un estado religioso y el abuso de las instituciones clericales de algún modo sí hace referencia a una actividad que la religión condena.

Para 1947, Diego Rivera presenta su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central en donde El Nigromante se convierte en una pieza central. En el mural aparecía este personaje sosteniendo un letrero que reza: “Dios no existe”.

La obra fue colocada en lo que (antes del terremoto de 1985) fuera el Hotel del Prado y las reacciones no se hicieron esperar. En primer lugar, el arzobispo de México que fungía entonces, Luis María Martínez, se negó a bendecir el hotel y poco después manifestaciones católicas llegaron hasta el lugar para tachar la consigna liberal. En su lugar sólo dejaron la palabra “Dios”.

Rivera, también era ateo y cuando por fin accedió a quitar la leyenda del librepensador Ramírez, declaró que: “Para decir que Dios no existe, no tengo que esconderme detrás de don Ignacio Ramírez; soy un ateo y considero la religión una forma de neurosis colectiva. No soy enemigo de los católicos, así como no soy enemigo de los tuberculosos, los miopes o los paralíticos; uno no puede ser enemigo de alguien enfermo, sólo su buen amigo para ayudarlos a curarse”.

Figuras más cercanas a nuestros tiempos como el periodista Jorge Ramos se ha proclamado como escéptico de la existencia de algún dios. En una entrevista hecha por Ismael Cala, Ramos se declara agnóstico.

El Subcomandante Marcos y Guillermo del Toro también comparten la negación de la creencia en la existencia de un ser divino. Del Toro, incluso ha contado una anécdota increíble sobre un exorcismo hecho por su abuela: la hermana del cineasta lo acusaba de dibujar monstruos todo el tiempo (personajes que alimentan ahora la fantasía de casi todas sus películas) por lo que su abuela decidió exorcizarlo. La abuela le lanzaba agua bendita y esto hacía que Guillermo se riera muchísimo por lo que no tuvieron duda de que el demonio estaba dentro del cuerpo del niño.

¡Ayúdame, Pascal!

Blaise Pascal (Wikimedia/ CC BY 3.0)

Blaise Pascal (Wikimedia/ CC BY 3.0)

El filósofo (matemático, escritor y físico francés), Blaise Pascal planteó un argumento interesante en el debate sobre la existencia de dios. El argumento dice que si la existencia de dios es una cuestión de azar y además no se conoce de modo seguro que dios exista lo más racional es creer en que dios sí existe. Las ventajas de creer en la existencia de dios acarrearían grandes beneficios, por ejemplo, la gloria eterna o el cielo, si crees en él y no existe no pierdes nada. pero si (por muy remoto que parezca) dios existe y no tú rechazas su existencia entonces puedes perder la entrada al cielo.

Sin duda, la religión es uno de los componentes sociales más fuertes entre grupos, pero contradiciendo lo que dice Pascal, muchas veces las religiones han traído consecuencias negativas: en nombre de algunas se han levantado guerras horribles, se persigue a personas, se limita la vida de la gente e incluso se modifican las leyes según los prejuicios de gente religiosa que afectan la vida de gente que no comparten la misma religión o no es religiosa en lo absoluto.

Así que el argumento de Pascal no es del todo correcto, porque si bien, por un lado podríamos salvar nuestra alma (de existir), por el otro, podríamos estar condenando nuestra existencia en este planeta.

Un principio básico de la lógica dice que dos proposiciones contrapuestas no pueden ser verdaderas simultáneamente: es una o la otra. Al final se trata de una visión del mundo y cada quién es responsable de cómo decide mirarlo y lo que hace en consecuencia.

Por otro lado, para los que se identifican con el modo de pensar del ateísmo está la Ateos y Librepensadores Asociación Civil, el primer espacio en México que les da voz y en el que se incentiva a pensar fuera de los límites de cualquier religión.

Ya sea que te identifiques con alguna de estas dos posturas o no, la verdadera aventura del pensamiento es hacer preguntas, sólo así uno podrá ir formando su verdadero criterio y ser dueño del sendero que elige para encaminarse en esta vida.

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