¿Por qué hay tan pocos anticonceptivos para hombres?

Breve historia de los anticonceptivos

La anticoncepción humana es una parte fundamental de la propia historia de la humanidad. En la antigüedad, la fertilidad era considerada una bendición por algunas religiones y sociedades y la infertilidad, al contrario, era vista como una maldición.

Los tiempos cambian y los esquemas sociales y familiares también. En 1974, año en el que mediante una reforma a la Ley General de Población nació el Consejo Nacional de Población (CONAPO), surgieron los primeros programas de planificación familiar con el fin de controlar el crecimiento indiscriminado de seres humanos. En ese mismo año, la población de nuestro país rebasaba los 59 millones de habitantes y en el mundo la cifra alcanzaba los cuatro mil millones.

Los programas de planificación familiar engloban una serie de métodos anticonceptivos que permiten que las familias tengan el control sobre cuándo y cuántos hijos van a tener, y siempre están asociados a la salud reproductiva y sexual de las parejas. Antes, los hijos veían cuando dios (de cualquier religión) los mandara pero la vigencia de esa creencia se vio amenazada con la llegada de la revolución sexual en donde se reforzó la diferencia entre reproducción y sexualidad.

Los métodos anticonceptivos, a diferencia de la concientización de la planificación, surgieron mucho tiempo antes. En el primer texto médico de la historia, que data de 1850, se encontraron algunas recetas para evitar el embarazo, por ejemplo: una mezcla de excremento de cocodrilo que se ponía dentro de la vagina. Aristóteles, en su Historia de los animales, proponía un ungüento de plomo con incienso o un aceite de cedro dentro de la matriz, la Biblia, por su parte, el coitus interruptus y la abstinencia como métodos preventivos.

Con el tiempo, los avances médicos y los tecnológicos, las mujeres tuvieron acceso a otro tipo de métodos que cuidaban su salud física (pues en muchas ocasiones las ridículas acciones preventivas provocaban su muerte). Así, los espermicidas, el diafragma, el DIU, el condón femenino y los métodos hormonales como pastillas, implantes e inyecciones fueron las opciones disponibles para evitar el embarazo a pesar de que la mayoría de ellos tienen efectos secundarios.

Feminismo y anticonceptivos

“Tu puedes decidir cuántos hijos quieres tener.” (Photo by H. William Tetlow/Fox Photos/Getty Images)

“Tu puedes decidir cuántos hijos quieres tener.” (Photo by H. William Tetlow/Fox Photos/Getty Images)

El control de la natalidad siempre ha sido una cuestión socialmente importante, sin embargo, la conciencia y el control de la vida sexual fue la piedra de toque que permitió el surgimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Aletta Jacobs, a mediados del siglo XIX y con una carrera en medicina, entendió la diferencia entre reproducción y sexualidad y luchó para que esa diferencia fuera reconocida y tratada como tal. Ese mismo entendimiento la llevó a impulsar el uso de anticonceptivos — como el diafragma de Mensinga que ella misma perfeccionó — sí como método de control pero también como método de prevención.

Cuando la posibilidad de disfrutar del sexo sin prejuicios se abrió, la identidad de las mujeres dejó de enfocarse en su aspecto biológico y natural. Jacobs, además de ser pionera en clínicas de planificación familiar, también luchó por los derechos civiles de las mujeres pero a pesar de todo la carga de la anticoncepción recae, en la mayoría de las veces, en los hombros de la mujer.

(Photo by Getty Images)

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Margaret Sanger fue otra figura importante en la lucha de los derechos reproductivos de las mujeres. Como enfermera, Sanger fundó en 1921 la American Birth Control League y que ahora es conocida como Planned Parenthood Federation of America — PPFA. Su lucha se concentró en la maternidad libre, es decir, su lucha se concentró en legitimar la decisión de una mujer sobre si tenía hijos, o no, una forma de vida que, en aquella época era mal vista.

A la fecha, el papel del hombre en el proceso de anticoncepción se encuentra limitado efectivamente por dos opciones: el uso de condón y, como medida definitiva, la vasectomía. A diferencia de los efectos secundarios que provocan los anticonceptivos femeninos, los masculinos no tienen repercusiones de salud; la vasectomía, a pesar de ser una intervención quirúrgica, no presenta complicaciones. ¿Por qué a pesar de que el uso de anticonceptivos en hombres es más fácil y menos riesgoso para su salud hay tan pocas opciones en el mercado? El destino reproductivo de una pareja debería cargar responsabilidades hacia ambos lados.

La esperanza de un cambio social viene en una inyección

(Photo by Christopher Furlong/Getty Images)

(Photo by Christopher Furlong/Getty Images)

Involucrar a los hombres en la dinámica de planificación familiar de manera médica y proactiva es una de las ventajas que vemos en el reciente descubrimiento de la efectividad del Vasalgel.

Vasalgel es un producto de la Fundación Parsemus en el que la ciencia ha descubierto efectividad real para la anticoncepción. Vasalgel es un gel polímero que se administra a través de una inyección en los conductos seminales, el gel actúa como un filtro por el que se permite pasar fluído pero no espermas lo que hace posible la eyaculación pero no la fecundación del óvulo.

El producto fue probado hace algunos años en conejos, uno de los animales con la mayor tasa de reproducción, y resultó exitosa. Después de estos experimentos, las pruebas se hicieron con 16 monos y durante dos años de análisis ninguno de ellos pudo procrear. La cercanía entre el hombre y el mono hace pensar a los científicos que el polímero de larga duración podría funcionar al cien por ciento también en los humanos. El diagnóstico es bastante optimista si se considera que en los monos, a diferencia de los hombres, la vasectomía es una de las cirugías más arriesgadas.

Otra de las ventajas de la inyección anticonceptiva es que, a diferencia de la vasectomía, el gel puede ser disuelto en cuanto el hombre decida que quiere tener hijos, es decir, es un procedimiento reversible. Esta decisión coloca al hombre dentro del juego de la planificación y legitima el acto propio de formar una familia.

CC0.

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El producto todavía no se encuentra disponible como recurso para el control de la fertilidad masculina pero se piensa que para el 2020 sea una opción real para la anticoncepción. Sin embargo, algunos investigadores señalan que si Vasalgel u otros productos anticonceptivos masculinos no han sido puestos a disposición del público es porque las grandes compañías farmacéuticas no los ven como un negocio rentable. La ciencia, dicen, es capaz de desarrollar los productos pero ninguna farmacéutica se ve interesada pues los anticonceptivos femeninos son más redituables.

Al parecer la respuesta a la pregunta que abre nuestro texto es que si no existen más métodos anticonceptivos para hombres es porque las farmacéuticas tienen puestos sus intereses en otro sector del mercado y no porque de hecho sea imposible desarrollarlos.

Esperamos con ansias las pruebas en humanos que la fundación Parsemus proyectó para el año 2018. Otra pregunta queda al margen de este texto: ¿es ético seguir haciendo pruebas en animales?

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