Cuando políticos como Trump sacan provecho de los tiroteos y las tragedias

¿Por qué cada que ocurre un atentado terrorista ejecutado por islamistas radicales, Donald Trump publica en Twitter la urgencia de aprobar su veto contra viajeros musulmanes, pero cuando ocurre un crimen perpetrado por un supremacista blanco, la Casa Blanca permanece en silencio?

La sociedad siempre ha tenido un interés por desenmascarar al culpable de un delito. Esta necesidad responde a uno de los fundamentos de la ley: todo responsable de un acto que viola las normas de un pueblo debe dar la cara por sus crímenes. Queremos ver los ojos del sujeto que se atrevió a alterar la armonía social establecida por nuestras leyes.

Hoy, sin embargo, las redes sociales han explotado nuestro morbo por averiguar la identidad del sospechoso de un crimen, especialmente si se trata de un tiroteo, una explosión, o un acto de terrorismo semejante a los ocurridos sobre el Puente de Londres a inicios de junio o en Lyon en 2015, donde un vehículo fue empleado como arma.

Ramos de flores lucen enel Puente de Londres, en honor a las víctimas del atentado del sábado
Ramos de flores lucen en el Puente de Londres, en honor a las víctimas del atentado. (AP)

Ramos de flores lucen enel Puente de Londres, en honor a las víctimas del atentado del sábado. (AP)

Pero nuestra curiosidad por la identidad ya no obedece tanto a esta necesidad de atribuirle un rostro humano a una fechoría, sino la obsesión actual reside en la revelación de su raza o religión, incluso a su ascendencia familiar (en Europa nunca dicen ciudadano francés a secas, sino que siempre recuerdan el origen de su familia sobre todo si es de algún país de Medio Oriente), así cada quien sabe si tal caso contribuye o no a su narrativa política.

Por ejemplo, varios simpatizantes de una derecha nacionalista ya estaban publicando en Twitter y Facebook diatribas contra migrantes y refugiados musulmanes inmediatamente después del atentado en la Manchester Arena, horas antes de que la policía diera a conocer el nombre de Salman Abedi; mientras tanto, los opositores estaban prácticamente “rezando” para que el principal sospechoso no tuviera un nombre de origen árabe.

La actitud de estos grupos es igualmente deplorable por las siguientes razones:

1. Desvía la atención de las víctimas.
Mientras la gente especula sobre la raza, religión, u orientación política del criminal, hay gente que se encuentra en situación de peligro o está buscando a sus seres queridos que andan desaparecidos. El ruido generado por cientos de tuits de odio solo ahogan los mensaje auténticos de ayuda.

2. Promueve las políticas de odio y medio.
Bien se ha dicho que una población con miedo es una población fácil de manipular, y esta técnica fue aprovechada por Trump para llegar a la Casa Blanca. El temor que circula en Europa por la migración musulmana y en Estados Unidos por la creciente población latina hace que las redes sociales sean terreno fértil para difundir el odio.

3. Genera desinformación.
Mucha gente se apoya en las redes sociales para buscar información sobre una emergencia; sin embargo, esta urgencia puede ser aprovechada por figuras que buscan promover su narrativa política y lo hacen divulgando imágenes apócrifas, publicando números engañosos, o exagerando los hechos. Lo único que logran es avivar el pánico y la confusión, y por su naturaleza sensacionalista, le restan visibilidad a la auténtica labor periodista.

4. Margina a un sector de la población. ¿Por las acciones de uno deben de pagar miles? A pesar de que todo criminal tiene nombre y apellido, la peor trampa en la que podemos caer como sociedad es la de culpar a todo un grupo por los pecados de uno. La psicosis colectiva generada por el bombardeo de desinformación retrata a todos los migrantes musulmanes como potenciales terroristas, o a los simpatizantes de Black Lives Matter como potenciales tiradores, incluso a cada mexicano en suelo estadounidense como posible ladrón o violador (como aseguraba Trump en campaña).

Aunque es fácil guiarse por las emociones a causa de un atentado terrorista, la razón dicta que no podemos asumir que la postura y el comportamiento de uno es la de todos. Los comentarios prejuiciosos de la gente común cuando se lleva a cabo un ataque suicida en un concierto de pop son problemáticos, pero cuando estos comentarios son publicados por gente de poder político, entonces hay motivo para inquietarse.

Pongamos como ejemplo el reciente tiroteo en las cercanías de Washington, donde un sujeto abrió fuego sobre varios legisladores republicanos.

Incluso cuando el tirador no pertenecía a una minoría, el debate sobre el tiroteo al poco tiempo adquirió un tinte político. Cuando los medios averiguaron que James T Hodgkinson era un seguidor y voluntario de la campaña presidencial de Bernie Sanders, las puertas se abrieron para que los líderes de opinión tuvieran a un grupo de culpables que encaja perfecto con su agenda política (no habían encontrado una mejor manera de pegarle políticamente a Sanders, un personaje problemático para el status quo de los poderosos en Estados Unidos).

Sanders tuvo que pronunciarse al respecto:

Me han informado que el presunto tirador en el entrenamiento republicano de béisbol es alguien que al parecer se ofreció como voluntario en mi campaña presidencial. Estoy asqueado por este acto despreciable. Déjenme ser lo más claro posible. La violencia de cualquier tipo es inaceptable en nuestra sociedad y condeno esta acción en los términos más fuertes posibles. El cambio real sólo puede producirse a través de la acción no violenta y cualquier otra cosa va en contra de nuestros valores estadounidenses más profundamente arraigados”.

Al parecer el senador Sanders no fue lo suficientemente claro, juzgando por esta muestra de comentarios en Twitter:

https://twitter.com/JackPosobiec/status/875136766180827136

Desde hace tiempo nos hemos resignado a la idea de las redes sociales como un podio gigante para que las voces de todo tipo alcance difusión a escala global, desde las mentes más brillantes hasta las ideas más destructivas.

Lo único que podemos hacer para combatir estas tendencias tan nocivas es el empleo de las mismas herramientas como antídoto. La sociedad debe estar consciente que todo intento de aprovechar una tragedia para promover una narrativa es un acto que carece de cordura y escrúpulos. ¿Qué clase de persona aprovecha el dolor de una comunidad para vendernos su plan político?

El mundo es un lugar complejo y la realidad consiste de claroscuros, no es el “blanco y negro” que nos pintan varios analistas. Por nuestra sed de información con palabras claras y figuras bien definidas, el debate ha cedido terreno a una síntesis de contenido sin matices.

Lo peligroso no es que un político aproveche una tragedia para impulsar un cambio (y mejorar su comunidad), el problema es cuando las aprovechas para hacer una narración fácil que siembra la discordia entre los miembros de dicha comunidad (y no hay ningún cambio sustancial que de verdad mejore la situación de dicha comunidad).

Es curioso cómo el incendio en la Torre Grenfell nos recordó que en el mundo real no hay ni buenos ni malo. Simplemente hay gente. Algunos ayudan, otros no.

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