¿La Luna tiene precio?

El señor que posee la luna… y la vende

El sinsentido de la apropiación de la tierra

Desde el momento en que comenzó el proceso acelerado de colonización del planeta y sus habitantes por las potencias europeas hace 525 años, en 1492, el concepto de terra nullis, cobró sentido e impulsaba la práctica. La expresión latina que significa «tierra de nadie» permitía a los colonialistas europeos apropiarse de tierras fuera de su continente, en la totalidad del continente americano, africano, parte del asiático y la totalidad de Oceanía. La total expansión imperialista de las potencias colonialistas dividió con fronteras arbitrarias el mundo — algunos ejemplos son la Franja de Caprivi en Namibia, la división arbitraria de La Española entre Haití y República Dominicana, la artificial salida al mar de la República Democrática del Congo que divide Angola, entre decenas de otros — . A partir de la acumulación originaria de capital extraído de varios y diversas partes del mundo — el Potosí en Bolovia, Ouro Preto en Brasil, las minas de Zacatecas en México, las maderas y metales preciosos del centro de África, entre decenas de otros— la propiedad privada capitalista comenzó a fragmentar la tierra ya fragmentada.

Hoy en día prácticamente la totalidad de la superficie terreste está fragmentada por fronteras nacionales que a su vez están fragmentadas por fronteras que demarcan terrenos de propiedad privada (propiedad de alguien de la cual se priva a los demás). Sólo algunas partes de la superficie de la Tierra permanecen sin dueño:

  1. Bir Tawil: una porción y franja de tierra entre Egipto y Sudán. Este territorio está, sin embargo, bajo el control de facto de Egipto.Tierras entre Eslovenia y Croacia.
  2. Tierras a lo largo del Río Danubio, entre Croacia y Serbia. En estas tierras de nadie fue donde el político checo de derecha Vít Jedlička declaró la creación de la República Libre de Liberland de 7 kilómetros cuadrados.
  3. Algunas partes de Antártica.

Durante la colonización de América del Norte, en lo que hoy Estados Unidos, se arrasó con millones de búfalos y de personas que vivían de esa tierra. Cuando la invasión imperialista llegaba hasta la costa occidental del contiente, el Jefe Seattle, líder de las tribus suquamish y duwamish, se percató de la inevitable fragmentación y destrucción de la tierra. El entonces presidente de los Estados Unidos en 1854, Franklin Pierce, ofreció comprar las tierras en las cuales vivían estos pueblos. El Jefe Seattle respondió a la oferta con una carta llena de sabiduría, sencillez y, sobre todo, sentido común. Algunos pasajes de esa carta leen de la siguiente manera:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

(Photo by Hulton Archive/Getty Images)

(Photo by Hulton Archive/Getty Images)

¿Qué sentido o lógica tiene para las personas que habitaron y habitan lugares colonizados la división arbitraria de las tierras y la división privada dentro de esas fronteras? ¿Las personas que habitan y habitaron las «tierras de nadie» realmente habitaban una tierra que estaba disponible para la explotación capitalista colonialista? ¿Tiene sentido que los colonialistas hayan declarado propiedad sobre tierras habitadas? Sentido común o una lógica de vida no tiene, pero ese sinsentido ciertamente es necesario para el desarrollo del sistema de producción capitalista. Los efectos de estas fragmentaciones fueron vaticinados por el Jefe Seattle hace más de 160 años. Dejó claro que viene la destrucción de las tierras.

Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Qué verdad dicha con tanta fuerza y realidad. Las personas que sufrieron y sufren la colonización de sus cuerpos y de la tierra de la cual viven fueron y son ultrajados respecto a la forma en la cual cohabitan con tierra. El sistema capitalista homogeneiza las relaciones sociales y las relaciones del hombre con la naturaleza al hacer todo susceptible de intercambio lucrativo y susceptible de ser apropiado. Así ha sucedido con cada rincón de la superficie terrestre, pero ¿qué hay de lo que se encuentra más allá de la Tierra? Si en la Tierra ya se dividió y repartió la superficie, ¿qué queda para dividir y repartir? Estas fragmentaciones, no obstante, sólo tienen sentido en el capitalismo.

El sinsentido de la apropiación de la Luna

(Photo By Nasa/Getty Images)

(Photo By Nasa/Getty Images)

A partir de la escalada en la carrera espacial a mediados del siglo XX en el marco de la legislación internacional en materia de propiedad y derecho internacional del espacio, se incluyó un tratado que parecía ser necesario, el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes. El Tratado que entró en vigor en octubre de 1967, hace prácticamente 50 años, regula la utilización de los cuerpos celestes por parte de los Estados con fines pacíficos y de investigación científica. Declara en el Artículo II que:

El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.

Por la coyuntura de la época, varios de los artículos en el tratado prohiben la utilización del espacio ultraterrestre con fines militares y/o armamentistas.

Sin embargo, una persona de origen estadounidense se dio cuenta que el Tratado omite una restricción. El Tratado no prohibe a ninguna persona o empresa apropiarse de los cuerpos celestes, incluso la Luna. En 1980 Dennis Hope se declaró a sí mismo propietario de la Luna, lo cual le permite vender lotes y terrenos en el satelite natural. Registró la Luna como propiedad suya en una notaría en San Francisco. Dennis Hope también declara lo siguiente:

Soy el presidente electo del gobierno galáctico. Tenemos relaciones con gobiernos que no tienen su base en la Tierra. No puedo decir mucho, pero sí tengo contacto con entidades en este planeta que no son de este planeta.

Parece que las elecciones del gobierno galáctico tuvieron poca presencia en medios. Querido lector, ¿votó usted por el actual presidente del gobierno galáctico? El gobierno galáctico tiene relaciones diplomáticas con 30 países en la Tierra.

Bandera del Gobierno Galáctico

Bandera del Gobierno Galáctico

No sólo Dennis Hope reclamó propiedad sobre la Luna, sino que también declaró suyos todos los planetas del Sistema Solar menos la Tierra.

Comenzó vendiendo lotes lunares en centros comerciales y a partir de 1995 vende terrenos a través de su página web de la Embajada Lunar. Hasta ahora, más de 6 millones de compradores, entre los que se encuentran los expresidentes de Estados Unidos, Jimmy Carter, Ronald Reagan y George Bush y las compañías hoteleras Marriot y Hilton, han adquirido terrenos en la Luna.

Dennis Hope se regocija cuando dice que es el hombre más rico del mundo y del Sistema Solar. Las reservas lunares del isótopo helio-3, que puede usarse como combustible, tienen un valor de 6 cuatrillones de dólares (USD$6,000,000,000,000,000,000,000,000). En la tierra, una onza de helio-3 cuesta alrededor de 125 mil dólares. El «presidente del gobierno galáctico» también ha intentado hacer reconocer al Fondo Montario Internacional los Deltas, el tipo de cambio que, según él, se utiliza en la Luna y en los otros planetas que posee.

Según Dennis Hope, se podrá poner en marcha la construcción de la primera ciudad lunar en 2020. La ciudad será una píramide como las de Giza, de 3 kilómetros de superficie en la base y 2.5 de altura. Habrá plantas destinadas a la agricultura y la ganadería y a depuradoras de oxígeno. La ciudad está planeada para albergar 70 mil personas.

Algunos detractores de Dennis Hope también pretenden vender lotes en la luna. Sin embargo, el sitio web de la Embajada Luna dice:

La Embajada Lunar es LA ÚNICA COMPAÑÍA en el mundo que posee una base legal y de derechos de autor [copyright] para la venta de propiedades lunares y extraterrestes dentro de los confines de nuestro sistema solar.
NOSOTROS, LA EMBAJADA LUNAR, somos la única autoridad reconocida en el mundo para la venta de bienes raíces lunares y planetarias en el sistema solar. Por favor, tome en cuenta que hay otras compañías imitadoras que carecen de autoridad y que solicitan dinero suyo a cambio de productos no autorizados.
¡Asegúrese de sólo comprar tierra extraterrestre a través de un agente autorizado de la Embajada Lunar!

Toda esta empresa y este aviso en particular puede parecer ridículo para muchas personas. La pregunta es si este aviso es muy distinto a lo sucedido con las decenas de colonias de potencias europeas en el pasado. Si bien en la luna no hay seres humanos a los cuales esclavizar, si hay recursos que pueden extraerse para traerlos a la tierra y contribuir a la destrucción de la misma. Más aún, es preocupante la postura antropocentrista del asunto. ¿Desde cuándo el ser humano es dueño de satelites naturales? Si la propiedad de mercados y tierras lleva peléandose siglos en la Tierra, ¿qué tan absurdo es declarar propiedad fuera de nuestra atmósfera? Para el colmo, es sólo una manera de organizar la economía que ha permitido la fragmentación del planeta Tierra y ahora la comercialización de la Luna: el sistema de producción capitalista. Es absurdo que la manera en que se organiza la economía hoy en día, con el respaldo de legal y jurídico de varias instituciones, permita sinsentidos como la venta de lotes en la Luna. Es alarmante que este ejemplo absurdo cause risa, pero la realidad es que la Tierra en la que vivimos se ha dividido de la misma manera, a partir de la arbitrariedad y la fuerza.

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