La herencia hippie a la tecnología que hoy conocemos

“Hazlo tú mismo”: Do it Yourself

En los años sesenta surgió, como parte de la naciente contracultura hippie, un nuevo hábito en los hogares estadounidenses: reparar las cosas por mano propia o emprender proyectos creativos sin ayuda de profesionales. Con el paso del tiempo, el término Do it yourself (DIY, ‘hazlo tú mismo’) comenzó a usarse no sólo como referencia a una habilidad manual de bajo costo, sino a una forma de vida que altera las prácticas de producción y consumo propias del mercado capitalista.

Aunque resulta un término de difícil clasificación — debido a que no es propiamente una teoría o un movimiento —  DIY es una manera de hacer las cosas y de relacionarse con el entorno representativa de numerosos movimientos culturales, desde su comienzo.

Lo principal de la lógica DIY es descubrir e incentivar las habilidades que cada persona tiene para solucionar problemas sin recurrir a grandes estructuras corporativas (como las empresas trasnacionales o las instituciones estatales) o a productos de difusión masiva. Desde trabajos básicos de carpintería, plomería y construcción hasta la elaboración, distribución y difusión de bandas musicales, todo puede ser hecho por uno mismo.

(AP Photo/Noah Berger)

(AP Photo/Noah Berger)

Para entender las raíces contraculturales de este modo de vida, es necesario remontarse casi cincuenta años. En 1968 un hombre llamado Stewart Brand lanzó una pequeña publicación (hecha con una máquina de escribir y una cámara Polaroid) bajo el título Whole Earth Catalog, dedicada a reseñar productos y a difundir artículos y ensayos centrados en temas como la educación alternativa, la ecología, la autosuficiencia y la lógica DIY. En la primera página de la revista puede leerse este texto introductorio:

Función: El Whole Earth Catalog funciona como un dispositivo de evaluación y acceso. En él, el usuario sabrá qué vale la pena obtener, dónde y cómo obtenerlo. Cada elemento listado en el catálogo está sólo si se considera:
1. Útil como herramienta
2. Relevante para la educación independiente
3. De alta calidad o de bajo costo
4. Que no es de conocimiento común
5. Fácilmente obtenible por correo

Además de ser uno de los primeros documentos en expresar claramente parte de los principios del DIY, el catálogo resultó imprescindible para el desarrollo posterior de la tecnología enfocada en el bienestar individual. Steve Jobs dijo en una ocasión que para él, este catálogo “fue una especie de Google en papel, 35 años antes de que Google llegara a existir: era idealista y abundante en herramientas eficientes y grandes nociones”.

La iniciativa editorial de Brand puso sobre la mesa varias preguntas sobre las dinámicas del consumo: las razones por las que escogemos ciertos productos sobre otros, la información que tenemos previa a la transacción y las necesidades que creemos cubrir con lo que compramos eran sólo algunas de las cuestiones implícitas en ella.

(Photo by Scott Olson/Getty Images)

(Photo by Scott Olson/Getty Images)

Aunque la tendencia a hacer cosas por uno mismo es, en cierta medida, la base del desarrollo de cualquier civilización, es un hecho aceptado que el catálogo fue el documento fundador de la lógica DIY como un ejercicio consciente. Asimismo, algunos consideran que el tipo de preocupaciones sobre el consumo y la forma de abordar el problema en publicaciones como el Whole Earth Catalog fueron antecedentes importantes para el desarrollo del Internet.

La idea de tener un repositorio donde saberes múltiples y diversos pudieran estar disponibles para todo aquel con conexión a la red es coherente con el impulso de la autogestión sustentable. El Internet, como catálogo colectivo de información, puede impulsar un tipo de vínculos entre las personas distinto al que alientan las empresas y el mercado, debido a que ofrece la posibilidad de compartir el conocimiento entre todos sus usuarios. Buen ejemplo de ello son las decenas de sitios dedicados a explicar cómo hacer casi cualquier cosa (desde cómo hacer una mesa hasta cómo hacer que un tomate brille en la oscuridad o cómo factorizar trinomios).

Por otro lado, los avances tecnológicos relacionados con el Internet y la computación han permitido la elaboración de proyectos cooperativos que trascienden la interacción virtual, tales como los siguientes:

  1. Fablab. Los laboratorios de fabricación surgieron a raíz de un proyecto del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) cuyo objetivo es proporcionar herramientas de fabricación digital a sus usuarios.
  2. Redes colaborativas en línea. Gracias al Internet se hizo posible la formación de grupos de trabajo entre personas (que quizá jamás se han visto y nunca lo harán) con un proyecto común que las beneficia también a nivel individual. Wikipedia, la enciclopedia libre o el desarrollo de software libre son ejemplos de los resultados de este tipo de redes.
  3. Plataformas de financiación colectiva. Se trata de transacciones financieras en las que pequeños inversores aportan medios económicos para la puesta en práctica de proyectos arriesgados pero prometedores, sin recurrir a intermediarios como bancos o empresas de inversión.

(Photo by Denis Doyle/Getty Images)

(Photo by Denis Doyle/Getty Images)

Además de la transformación de la vida cotidiana, DIY ha tenido fuerte resonancia en ámbitos más especializados, como la subcultura punk. En los años setenta, por ejemplo, la banda Death grabó sus primeros materiales discográficos en una casa sin equipo profesional y fueron los mismos integrantes del grupo quienes elaboraron mercancía promocional e hicieron todo el trabajo de distribución. Esta agrupación no fue la única en actuar así, muchos más comenzaron a apropiarse de las formas de producir su material artístico. Poco a poco, la industria de la música se vio amenazada por todo aquel con material suficiente para hacer, a su manera, el trabajo de una gran disquera sin tener que atravesar por el doloroso camino de la lógica del mercado en el arte.

Desde las últimas décadas del siglo pasado, DIY se convirtió en una alternativa de vida que incluye hábitos como el aprendizaje de habilidades manuales suficientes para coser un suéter roto o reparar una bicicleta, la recolección, el reciclaje y el autoconsumo. DIY persigue la idea de que las personas sean capaces de encargarse de sí mismas con el menor gasto posible. El fondo de la cuestión ha sido, desde un principio, reducir los niveles de consumo, ya sea para mejorar una economía comunitaria o para debilitar las grandes industrias del mercado. Algo que surgió como parte de una contracultura que buscaba prescindir de las promesas del sueño americano terminó convirtiéndose en una posibilidad para resistir frente a las dinámicas del mercado capitalista.

(AP Photo/Carlos Osorio)

(AP Photo/Carlos Osorio)

Es posible que en un futuro no tan lejano sea posible hacer más cosas por uno mismo: hasta el momento es difícil negar que, con el tiempo, han aumentado la cantidad de programas web de diseño y herramientas para hacer desde la comodidad del hogar cosas que hace algunos años sólo podían elaborarse en lugares especializados.

Quizás el ejemplo más escalofriante de esto sea la fabricación digital, que uno de sus desarrolladores más preeminentes describe como “un manojo de capacidades para volver los datos en cosas y las cosas en datos”, es decir, la posibilidad de que, con las instrucciones adecuadas una máquina pueda elaborar productos complejos a petición de un usuario. La pregunta ante esta situación hipotética es, dice Neil Gershenfeld, “¿cómo vamos a vivir, aprender, trabajar y jugar cuando cualquier persona pueda hacer cualquier cosa en cualquier lugar?”. ¿En qué medida el mundo, tal y como lo conocemos, se transformaría si cada quien pudiera hacer todo por sí mismo?

comentarios