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¿La Unión Soviética desarrolló la ecología?

No hay bien común si no hay planeta próspero

Quizá cuando una persona hoy piensa en la relación que la Unión Soviética mantuvo con la naturaleza, una de las palabras que le viene a la cabeza es «ecocidio». Es un lugar común en el mundo contemporáneo considerar al Estado socialista como depredador del medio ambiente, rapaz en su explotación de recursos naturales e indiferente ante los impactos ecológicos de la industrialización y del progreso tecnológico. Algunos sucesos sirven de ejemplos paradigmáticos para este tipo de juicio, como la contaminación del Lago Baikal — el lago con más volumen de agua y el más profundo del mundo — , la desecación del mar de Aral, el accidente nuclear de Chernóbil, la deforestación y la contaminación atmosférica. Sin embargo, como pasa con tantos otros temas de la historia de la Unión Soviética, esta visión simplista es producto de una perspectiva profundamente parcial fomentada por muchos años de propaganda e historiografía anticomunista en Occidente. La historia, como suele suceder, es mucho más interesante y compleja que eso.

Lenin y la protección del ambiente

Lenin. (Foto por Hulton Archive/Getty Images)

Para comprender qué tan poco conocida es la historia del ambientalismo y de la ecología en la Unión Soviética, tenemos que remontarnos al propio comienzo de este Estado. El 8 de noviembre de 1917, en el segundo día de la Revolución de Octubre, el Segundo Congreso de los Soviets aprobó el Decreto sobre la Tierra. Este escrito — en gran medida redactado por Lenin — hacía de todos las bosques, aguas y minerales del subsuelo propiedad de la recién nacida URSS, un requisito indispensable para el uso racional y planificado de los mismos. Con esto se inauguraba la primera etapa del ambientalismo soviético caracterizada por el desarrollo de iniciativas ambientalistas y de la ecología como ciencia sin precedentes en el mundo. Unos meses después del Decreto sobre la Tierra, habiendo iniciado la guerra civil y mientras los comunistas luchaban en contra del Ejército Blanco, el Sóviet de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), presidido por Lenin, promulgó el Decreto sobre los Bosques como respuesta a la deforestación y destrucción de la guerra civil y de los reinados zaristas. Esta ley distinguía entre los bosques explotables y los protegidos, cuyo papel era la prevención de la erosión, la protección de los depósitos de agua y la «preservación de monumentos de la naturaleza». No sólo la flora gozó del auxilio del gobierno revolucionario, sino que incluso en 1920 fue promulgada otra ley que protegía a alces y a cabras salvajes de la caza.

Primera etapa de la ecología soviética

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Arkhyz, región montañosa de Rusia. PxHere

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La ecología soviética temprana, periodo que duró hasta mediados de la década de 1930, también fue testigo de avances gigantescos en la ciencia ecológica en los trabajos de científicos destacados como Sukachev, Vernadsky, Oparin, Vavilov, Uranovsky y Stanichinskii. El Comisariado Popular de Educación (Narkomprós), cuyo cargo dirigente lo ocupó Lunacharskii desde su creación en 1917, tenía bajo sus responsabilidades la conservación natural y, con el apoyo de Lenin, creó reservas ecológicas llamadas «zapovétniks». Dichas reservas estaban dedicadas exclusivamente al estudio científico y a fungir como ecosistemas prístinos mantenidos al margen de la intervención humana, algo revolucionario y jamás visto en el mundo. Fueron creados diversos zapovétniks a lo largo de la década de 1920 y 1930. Hacia 1933 había 33 zapovétniks que cubrían un área de 2.7 millones de hectáreas. Esto de por sí fue una hazaña enorme, pero se vuelve todavía más admirable si consideramos las gigantes presiones económicas, las circunstancias políticas inestables y la riqueza material que contenían esas reservas. No debemos olvidar que no sólo habían pasado por una guerra civil, sino que parte del territorio también había sufrido las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. En 1924 fue fundada la Todo-rusa Sociedad para la Conservación de la Naturaleza (VOOP), que llegaría a tener en 1985 alrededor de 37 millones de miembros, constituyéndola en la mayor organización de protección de la naturaleza en el mundo.

Segunda etapa de la ecología soviética

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Bosque cercano a Moscú. PxHere

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La segunda etapa de la ecología soviética duró alrededor de dos décadas — entre mediados de la década de 1930 y mediados de la de 1950 — . La figura central de este periodo la ocupó Trofim Denisovich Lysenko, quien a pesar de aportar ideas que décadas después la ciencia retomaría, marcó una época de trabajo viciado, en el que científicos e intelectuales en desacuerdo con sus ideas y métodos — muchas veces poco éticos — eran rechazados e incluso eliminados. Su gran influencia en la ecología y agronomía soviética puede explicarse por la necesidad de la Unión Soviética de solucionar los problemas agrícolas, producto de las difíciles condiciones climáticas del país. Así, por ejemplo, a partir de 1927, Lysenko impulsó que los zapovétniks se convirtieran cada vez más en laboratorios y centros de «aclimatación», es decir, en centros de remoción de especies de sus hábitats originales y su introducción en otros con el fin de aumentar y mejorar la producción. Estas reservas se convirtieron en centros de transformación de la naturaleza, en vez de ser santuarios naturales y centros de investigación científica. Asimismo, una parte considerable de los zapovétniks fue liquidado durante esta etapa. El enfoque pragmático y antropocéntrico del lysenkoísmo, aunado a las purgas de parte de la comunidad científica, generó una reducción considerable de la acción de la VOOP, así como del número de miembros. Sin embargo, a pesar de los errores de Lysenko, saltan a la vista las diferencias entre esta perspectiva socialista, cuyo fin era la satisfacción de las necesidades de la población, y la perspectiva capitalista cuyo único fin es el lucro — tanto en el contemporáneo como en el de esas décadas. El impacto ecológico de una y otra difieren no sólo cuantitativa, sino, sobre todo, cualitativamente.

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Bosque en Siberia. PxHere

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Sin embargo, esta también fue la época de un gran auge de dos disciplinas: la climatología y la silvicultura. A principios de los años 40, Sukachev acuñó y desarrolló el concepto de biogeocoenosis (del griego koinos, «común», y de los prefijos bio, «vida», y geo, «tierra»), que consistía en una visión holística del ambiente considerando tanto las partes bióticas (vivas), como las abióticas (no-vivas). Este concepto hace más hincapié que el término «ecosistema» en la complejidad de la dinámica interna, de los procesos dialécticos y de los fenómenos internos ecológicos. Sobre todo, es más adecuado describiendo la inestabilidad de los mismos, su fragilidad, cosa que cobró cada vez más importancia a medida que la ciencia iba percatándose del desastre ecológico mundial provocado por el ser humano. Este punto de vista integral y holístico de la ciencia ecológica soviética fue el marco intelectual en el que se formó el Gran Plan para la Transformación de la Naturaleza de 1948, cuya finalidad principal era el revertir el cambio climático regional producto de la actividad humana, especialmente en relación con la deforestación y las cuencas hidrográficas. Si bien había bosques que eran utilizados de forma intensiva a lo largo del país, los bosques llamados primarios — es decir, que jamás han sido explotados por el ser humano — fueron protegidos, al comienzo formando una superficie equivalente al tamaño de Francia, y llegando a adquirir dimensiones equivalentes a las del área de México. Este plan se había creado para resarcir los daños catastróficos causados por la invasión nazi y la Segunda Guerra Mundial, era el plan de forestación más ambicioso de la historia y el primer intento explícito de revertir el cambio climático de origen humano. Si bien fueron forestadas 1 millón de hectáreas, luego de la muerte de Stalin el proyecto original, cuya meta inicial era plantar 6 millones de hectáreas, se vio frustrado.

Tercera etapa de la ecología soviética

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Moscú, Rusia (Photo by Oleg Nikishin/Newsmakers)

Moscú, Rusia (Photo by Oleg Nikishin/Newsmakers)

La tercera y última etapa de la ecología soviética se desarrolló desde finales de los 1950 hasta 1991. La década que siguió a la muerte de Stalin fue la peor de la historia soviética en términos de depredación ecológica. El Gran Plan para la Transformación de la Naturaleza fue abandonado, la conservación de los bosques pasó a un segundo plano, se intensificó la extracción de recursos naturales, comenzó la alteración ecológica del Lago Baikal y Kruschev inició en 1954 el programa de las «tierras vírgenes», que buscaba expandir en 33 millones de hectáreas el área de labrado para la agricultura y que genero diversos «dust bowls» (cuencos de polvo) a lo largo del país. También fueron desviados dos de los afluentes del mar de Aral para alimentar sembradíos de algodón, reduciendo el tamaño de lo que alguna vez fue un gran lago y que hoy sólo es un triste fantasma que nos advierte de las terribles consecuencias de la acción humana irresponsable.

A partir de la década de 1960 comenzó a aflorar con cada vez más fuerza un gran movimiento ambientalista y un desarrollo renovado de la ciencia ecológica. El trabajo científico de M. I. Budyko fue en gran medida revolucionario; fue él un pionero en la climatología física y la ecología global, y el líder mundial en el estudio del balance térmico terrestre y del efecto albedo de los cascos de hielo polares en el calentamiento global. Su trabajo, junto con el de G.S. Golitsyn constituyeron la plataforma para los climatólogos soviéticos quienes desarrollaron por primera vez (y una década antes de los científicos occidentales) la teoría del invierno nuclear, tan importante y determinante en propulsar el movimiento antinuclear y en evitar la catástrofe planetaria durante la Guerra Fría. Todo el análisis de Budyko apuntaba a realizar lo que Vernadsky había llamado décadas antes como la «noosfera», el medio ambiente regido por la razón. Durante este tercer periodo surgieron brigadas estudiantiles de conservación del medio ambiente, la VOOP se convirtió en la organización ambientalista más grande de mundo y el número de zapovédniks aumentó incluso en relación con los que existían antes de la eliminación de gran parte durante el periodo de Stalin. A partir del desastre de Chernóbil de 1986, el movimiento ambientalista cobró aún más fuerza e ímpetu.

(Foto por Daniel Berehulak/Getty Images)

Esta vista panorámica del ambientalismo y la ecología soviética presenta una imagen muy distinta a la del «ecocidio» tan difundida en los medios y la historiografía de los países capitalistas. Si bien se cometieron muchos errores, si bien se tomaron muchas decisiones antropocéntricas y reduccionistas, el punto de vista desde el que se realizaron era fundamentalmente diferente del capitalista. El mundo capitalista ha sido, cuantitativa y cualitativamente, mucho más destructor y depredador de la naturaleza. Para la ideología antisoviética y anticomunista, lo que en el mundo no socialista se individualiza y fragmenta como mera responsabilidad de un empresario, empresa o corporación, en el mundo socialista se achaca al sistema económico en su totalidad, al socialismo o, en su defecto, a toda la sociedad soviética. La realidad demuestra la falsedad de esta forma superficial de entender el problema ecológico, tan decisivo para la realidad del siglo XXI.

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