Entendamos: no hay problema con la adopción homoparental

Y la Asociación Estadounidense de Psicología acaba de reiterarlo

¿Es un problema que las parejas del mismo sexo adopten niños? La respuesta es no, de acuerdo con la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés). De acuerdo con un informe reciente de la Asociación, que evalúa numerosos estudios psicológicos y psiquiátricos concernientes al tema, no hay evidencia de que la adopción por parte de parejas homoparentales sea dañina para los niños. En realidad, el estudio arroja que no hay diferencias sustanciales entre el desarrollo de los niños con padres del mismo sexo y el de los hijos de parejas heterosexuales. La información no es nueva: un reporte del Seminario de Ética y Bioética de la UNAM menciona que no hay razones objetivas para conjeturar riesgos para los niños educados por parejas homoparentales.

No obstante, los prejuicios y temores persisten. Se piensa que un niño criado por padres del mismo sexo puede sufrir trastornos graves. Se piensa, claro, porque la literatura científica dice lo contrario. México, a pesar de sus políticas públicas en pro de la no discriminación, es un nicho de prejuicios de este tipo. ¿Por qué? Los factores son muchos. Uno de los más importantes, me parece, son ciertas instituciones y asociaciones de corte religioso.

La intención de la APA parece clara: desactivar los prejuicios que llevan a la discriminación. Sin embargo, ¿es la ciencia suficiente para dicha tarea?

Los datos

(Photo by Spencer Platt/Getty Images)

(Photo by Spencer Platt/Getty Images)

El informe fue coordinado y escrito por la doctora Charlotte J. Patterson. Después de una revisión de la bibliografía psicológica y psiquiátrica sobre el tema, la Asociación Estadounidense de Psicología llega a algunas conclusiones importantes. Sabemos de antemano que las parejas homosexuales y sus hijos suelen ser objeto de prejuicios que, en muchos de los casos, tienen efectos de discriminación. Sin embargo, estas creencias casi nunca se basan en experiencias personales, sino que son producto de transmisiones culturales.

Así pues, la investigación psicológica puede evaluar la exactitud o la precisión de dichas creencias. Para empezar, la homosexualidad fue descartada como desorden mental en 1973. Los reportes psiquiátricos sobre niños criados por padres homosexuales comenzaron a producirse durante la primera parte de los años 70. ¿Cuáles son los prejuicios existentes en torno a los padres homosexuales? La creencia de que la homosexualidad es una enfermedad mental, por principio; el pensamiento de que las madres lesbianas son menos maternales que las mujeres heterosexuales; la noción de que las relaciones amorosas y eróticas de los homosexuales los acaparan tanto que a ellos les queda poco tiempo para la interacción con los niños. Estos estereotipos no se sustentan con los datos recogidos en los estudios, es decir, no hay información empírica que los sustente.

De acuerdo con el informe, las mujeres homosexuales y las heterosexuales no han resultado distintas en cuanto a su aproximación a la crianza de los niños. Además, las relaciones románticas y sexuales de las mujeres lesbianas no resultan un impedimento en su habilidad para educar a sus hijos. Lo mismo sucede con los padres homosexuales: son capaces de dividir adecuadamente su tiempo de crianza y aquel que dedican a sus relaciones sentimentales. Uno de los estudios recopilados, llevado a cabo en 2002, demostró que las parejas de mujeres y hombres homosexuales usan mucho menos los golpes físicos como medida disciplinaria. Se muestra, además, que los padres y madres homosexuales son tan capaces de dar ambientes afectivos y de apoyo a sus hijos.

Hay otra serie de creencias sobre padres y madres homosexuales que hay que considerar. La primera de ellas concierne a si la identidad sexual del niño puede resultar ‘dañada’ debido a la preferencia de sus padres: ¿el infante se verá afectado en su identidad de género (escogerse hombre o mujer) o en los roles culturales que esta debería conllevar?, ¿es posible que estos niños se conviertan, ellos mismos, en personas homosexuales? Otro temor ahonda en la futura estabilidad mental de los niños: ¿serán vulnerables al colapso mental, mostrarán dificultades de adaptación o problemas de comportamiento, serán mentalmente saludables? Por otro lado, existe el temor de que estos niños sean estigmatizados y provocados. Y hay un miedo, una creencia particularmente preocupante: ¿los niños educados por padres o madres homosexuales son más vulnerables al abuso sexual por parte de sus tutores o los amigos de estos?

Los estudios evaluados son claros: todos los niños estudiados, hijos de padres homosexuales, estaban contentos con su género y no tenían deseo de pertenecer al sexo opuesto. Por otro lado, en cuanto a roles culturales de género, no se encontraron variaciones entre hijos de madres homosexuales y heterosexuales: todos ellos poseen las mismas preferencias de juguetes, actividades y ocupaciones. Además, los datos no sugieren índices elevados de homosexualidad entre los descendientes de padres y madres homosexuales. Ahora bien, ¿los hijos de homosexuales son más vulnerables al abuso sexual infantil? Es preciso mencionar, primero, que la evidencia muestra que los homosexuales no son más proclives al acto pederasta que los heterosexuales. El prejuicio del homosexual necesariamente pederasta es uno de los más agresivos que hay contra esta comunidad. Los estudios, por su parte, no han encontrado muestras de que padres o madres homosexuales hayan participado en actos de abuso sexual infantil.

Así, no hay evidencia que sugiera que hombres y mujeres homosexuales sean incapaces de ser buenos padres. De hecho, lo que se muestra es que no hay diferencias radicales entre sus formas de crianza y las de los padres heterosexuales. Sin embargo, vale la pena sopesar la cualidad de los prejuicios y creencias que estos estudios desmienten.

  • ¿De dónde proviene el miedo de que las familias homoparentales engendren, necesariamente, hijos homosexuales?, ¿se teme, acaso, la aparición o reproducción de la homosexualidad?, ¿por qué?
  • ¿En verdad existe aún el prejuicio de que el homosexual es proclive, por su sola preferencia, a la pederastia?

No sólo contamos con el informe de la APA. El Seminario de Investigación de Ética y Bioética de la UNAM dijo, en 2010, que no existen “razones objetivas ni científicamente fundadas para conjeturar riesgos para los menores criados y/o adoptados por parejas homosexuales”. Sabemos, además, que hay una relación íntima y específica entre el prejuicio y el acto de discriminación. De acuerdo con un artículo de Beatriz Montes Berges, el prejuicio es “una actitud negativa hacia un grupo social o hacia una persona percibida como miembro de ese grupo”. La discriminación es “el componente comportamental del prejuicio y, por lo tanto, su manifestación externa”.

Lo anterior, me parece, puede ponerse en una línea similar a la de otros dos conceptos: discurso de odio y crimen de odio. De acuerdo con la organización UNITED for Intercultural Action, el discurso de odio busca “degradar, intimidar, promover prejuicios o incitar a la violencia contra individuos por motivos de su raza, género, edad, colectivo étnico, nacionalidad, religión, orientación sexual, identidad de género […]”. El crimen de odio es una agresión concreta sobre una persona o grupo en razón, también, de su pertenencia a un grupo social, esto es, los mismos rubros mencionados arriba.

Los prejuicios sobre los padres homosexuales tal vez no constituyan, en sí mismos, un discurso de odio. Sin embargo, tenemos razones para pensar que dichos prejuicios pueden llevar a la enunciación ese tipo de discurso y, peor aún, a la ejecución de crímenes de odio. México tiene mucho que decir al respecto.

México y el odio

Letra S es una organización civil que difunde información sobre temas relacionados con sociedad, salud, género y sexualidad. Su lucha es contra la discriminación y el crimen de odio contra los miembros de la comunidad LGBTTTI. En un informe que publican desde 1998, encontraron datos alarmantes. Entre 1995 y 2015, se registran mil 310 asesinatos por homofobia en 29 estados del país. México está en el segundo lugar mundial en este tipo de agresiones. La Ciudad de México es el sitio donde más homicidios se han perpetrado, con 193. ¿Cómo pensar esta situación? Sabemos, para empezar, que el crimen de odio epidémico no es una situación espontánea. Para que surja, para que se dé con esta saña, es necesario un discurso que lo legitime. ¿Quién emite ese discurso aquí?

Hace poco, el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME) publicó un documento que se titula “¿Por qué la Iglesia se opone al ‘matrimonio gay’?”. Fue ampliamente criticado. Entre otros juicios, enunciados con la seguridad de una verdad científica, el texto dice:

Más del 50% de los homosexuales que sostienen relaciones sexuales contraerán algún tipo de enfermedad de transmisión sexual: VIH, herpes, papiloma humano, sífilis, gonorrea, etc. Es un grave problema de salud pública porque la mayoría de los homosexuales reconoce tener adicción al sexo, e inclinación hacia un estilo de vida promiscuo.

Suena familiar, ¿no?, o por lo menos parecido a la noción de que los padres y madres homosexuales dedicarán todo su tiempo a sus relaciones, sin poner atención a los hijos. Ahora bien, la Arquidiócesis no es la única que promueve este tipo de prejuicio. Peña Nieto presentó una iniciativa de reforma que contemplaba la adopción para parejas del mismo sexo en todo el país. Fue entonces cuando varias asociaciones católicas ultra conservadoras, como el Frente Nacional x la Familia, iniciaron actividades para manifestarse en contra. Una de estas asociaciones se llama Jalisco es Uno por los Niños. Brenda del Río, una de sus integrantes, dijo que “los niños educados por padre y madre tienden menos a las adicciones, los niños educados por padre y madre tienden menos a los embarazos adolescentes, menos a acabar en el tutelar de menores, menos al suicidio”. Arquidiócesis como activistas conservadores comparten un rasgo fundamental: emiten sus juicios como verdades incuestionables, sin un aval más allá de sus propias creencias.

Es cierto: lo anterior no constituye un crimen de odio, pero sienta las bases para un circuito amplio de prejuicio, discriminación y legitimación del ataque. Preocuparse por la preferencia sexual de hijos de padres homosexuales guarda un punto común con el ataque a la comunidad LGBTTTI: que esta no crezca, que ellos no se reproduzcan.

Adopción en México

(Photo by Uriel Sinai/Getty Images)

(Photo by Uriel Sinai/Getty Images)

Por lo menos hasta junio de 2016, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF) había recibido sólo siete solicitudes de parejas del mismo sexo para adoptar a un menor. Esto, vale la pena mencionarlo, en tres años. Mientras tanto, el DIF de la Ciudad de México registró sólo ocho solicitudes hasta entonces. De acuerdo con Jorge Antonio Becerra, director general de Representación Jurídica de Niñas, Niños y Adolescentes, el proceso y los requisitos para solicitar son los mismos que se piden a parejas heterosexuales. Se exige a los padres realizar una prueba psicológica para determinar si son aptos o no.

Olivia Rubio, abogada, y Yania Córdoba, médico-criminóloga, se casaron en 2008. Las dos son madres de Oliver y Andrea, mellizos de 6 años. Tuvieron a los pequeños por un proceso de inseminación. Aunque no se trate de un caso de adopción, este sirve para dar cuenta de la discriminación que aún pueden sufrir las familias homoparentales. El año pasado, Yania y Olivia tuvieron que sacar a sus hijos de la escuela a la que asistían. Es que Oliver comentó que él tenía dos mamás y su profesor respondió: “si tienes dos madres, pues seguramente debes tener dos padres”. Cuando las señoras presentaron su queja ante la directora de la escuela, esta dijo: “yo no tengo la culpa de que ustedes estén enfermas y de la confusión que están generando en los niños”.

Sin embargo, hay hechos que deben apreciarse: este año, en Coahuila, se entregó en adopción a seis niños de entre 8 y 13 años. Las familias adoptantes fueron heterosexuales, homoparentales y otra familia monoparental. Hasta ahora, se han otorgado adopciones a seis parejas del mismo sexo. Hay algo que valorar aquí: Yezka Garza, titular de la Procuraduría de los Niños, niñas y Familia, menciona que siempre es difícil colocar a niños de edad más avanzada. La adopción homoparental, en este caso, aparece como una forma de responsabilizarse de niños no tan pequeños, pero igualmente necesitados de un hogar.

Lamentablemente, la ciencia no basta para derribar prejuicios nocivos, vías hacia la discriminación y el odio. En efecto, hace falta divulgar los resultados de los estudios de la APA y la UNAM, dar a conocer que el prejuicio no se sustenta por ninguna parte. Sin embargo, también es necesario acabar con la propagación de discursos de odio. ¿Cómo? Buscando la manera de que los responsables de su difusión, Iglesia y activismo ultra conservador, reconsideren sus posturas. Se trata, pues, de buscar una cabal desactivación del daño, un mundo más justo.

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