Jesse Owens: El atleta afroamericano que venció a Hitler

El día de los días

El día que  Jesse Owens rompió cinco records mundiales en  45 minutos, tenía la espalda destrozada, era tanto el dolor que sentía que sus compañeros tuvieron que ayudarlo a vestir, sin embargo cuando salió a correr, hizo lo imposible y rompió todas las expectativas que se pudieran esperar…él era el campeón.

Cada año en Estados Unidos, desde 1896, se celebra la Big 10 Conference, una  de las competencias en la que diferentes universidades llevan a sus mejores atletas para ganar su pase a los Juegos Olímpicos.

Uno de los días más memorables de está jornada deportiva fue el 25 de mayo de 1935, el día de los días. Jesse Owens, un deportista completamente desconocido, con tan solo diez minutos de diferencia entre competencia, batió cinco records mundiales en atletismo. Su marca de longitud (8,13 metros) nadie más la rompió durante un cuarto de siglo; incluso, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (80 años después), hubiera ganado la medalla de bronce con esa marca.

Jesse Owens 25 de mayo 1935/ Google imágenes

Jesse venía de una familia numerosa y humilde. Su padre era granjero, su abuelo había sido esclavo. Cuando tenía nueve años se mudaron a Cleaveland, Ohio, durante la gran migración negra, en búsqueda de un mejor futuro, junto con un millón y medio de afroamericanos. Jesse desde pequeño trabajó en diferentes  oficios para ayudar a su familia y poder pagarse la escuela. Estudió en Fairmont High School, lugar en que comenzó su interés por la velocidad y conoció a Charles Riley, el responsable de su éxito en el atletismo. En 1935 se ganó su derecho a participar en los Juegos con una actuación que pasaría a la historia. Él era Jessie Owens el hombre que  desafió: tanto al racismo en Estados Unidos, como a Hitler mismo.

Jesse vs Hitler

Owens llegó a Berlín para competir por los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1936. En ese momento Hitler era el líder de una Alemania Nazi y junto con otros funcionarios de gobierno hacían una propaganda con conceptos como el de “superioridad racial aria” tratando a los judíos y negros como seres inferiores. Hitler esperaba que los atletas alemanes ganaran todas las competencias y fueran los héroes de los Juegos pues así demostraría la superioridad de su raza… pero no pasó así.

Hitler llegando al estadio olímpico 1936

Jesse Owens era un hombre negro con fama por romper 5 récords mundiales en menos de 45 minutos y, por lo tanto, antes de las competencias fue alentado por algunos grupos de derechos civiles a boicotear los juegos. Sin embargo Jesse prefería no tener una postura política y demostrar lo que tenía que demostrar corriendo. Encontró una fría recepción en Alemania. Fue llamado con epítetos raciales y sometido a malos tratos. Lo que no esperaba es que fuera precisamente un deportista de color el que se convirtiera en el héroe de Berlín.

Owens compitió sin complejos, ajeno a lo que se decía en el plano político, a pesar de que sus actuaciones eran motivo de debate. Cada día de competición que pasaba era como un puñal que se clavaba en la moral del dictador germano, que decidió no felicitar a ningún ganador que no fuera germano. El 3 de agosto se impuso en los 100 metros lisos batiendo el récord del mundo. Un día después hacía lo mismo en salto de longitud. El 5 de agosto barría en los 200 metros lisos. Y remató la faena con el 4×100 el 9 de agosto.

Olympische Spiele 1936 in Berlin, Siegerehrung im Weitsprung: Mitte Owens (USA) 1., links: Tajima (Japan) 3., rechts Long (Deutschland) 2.,
Zentralbild/Hoffmann

El primer día, Hitler estrechó la mano con los vencedores alemanes y luego abandonó el estadio. Los oficiales del comité olímpico insistieron en que Hitler saludaría a todos los medallistas o ninguno. Hitler optó por hacer lo que quiso. Lejos del ojo público, Hitler expresó sus verdaderos sentimientos y asco a Owens. Albert Speer, arquitecto de Hitler y más tarde ministro de armamentos de guerra, recordó:

Cada una de las victorias alemanas hicieron feliz a Hitler, y hubo un número sorprendente de éstas, pero estaba muy molesto por la serie de triunfos del maravilloso corredor estadounidense Jesse Owens.

El abrazo que unió a Alemania y Estados Unidos 

Antes de la llegada de Owens a los Juegos, ya Hitler sabía de él y por eso pidió que el mejor atleta germano fuera a la competencia para medirse con el corredor estadounidense. El elegido fue Carl Ludwig “Luz” Long, ganador de los tres últimos campeonatos de Alemania de salto de longitud, el gran prototipo de atleta alto, rubio y blanco.

Pero lo que nadie esperaba es que, en la clasificación para la disciplina de salto de longitud, Long aconsejará a Owens para que saltara desde un poco más atrás de la línea. El consejo fue para que no le marcaran falta. Este consejo lo llevo a ganar la medalla de oro y, al hacerlo, Owens corrió a abrazar a Long. Fue algo histórico, la estrella alemana, el hombre alto, blanco y rubio, y el gran ganador, el hombre negro al que el Führer no quiso saludar, se estaban abrazando enfrente de Hitler.

Jesse Owens y Carl Ludwig

Se especuló mucho sobre las consecuencias que sufrió Long por este abrazo. Se dijo que le prohibieron volver a competir y que lo habían destinado al frente ruso, lo que fue desmentido por el propio Long en un artículo publicado en la prensa. Sin embargo, la madre del atleta aseguró que Rudolf Hess, uno de los colaboradores más próximos a Hitler, le dijo que a su hijo no se le ocurriera abrazar a un negro nunca más.

Owens, al terminar los Juegos, había roto con todos los prejuicios. Le demostró a Hitler, sin decir una sola palabra, que él era un gran hombre, sin importar su color de piel, y que era uno capaz de hacer hasta lo imposible, que no existe ningún tipo de persona de “raza pura” y “superior”.

El regreso a casa: la otra lucha contra el racismo 

Owens era una figura reconocida en todo el mundo, un héroe. Regresó a Estados Unidos y se le organizó un gran festejo, un homenaje, en el salón principal del hotel Waldorf Astoria, en Nueva York: estaría todo el mundo político y las celebridades de la Gran Manzana. Cuando Owens se disponía a entrar por la puerta principal que da a Park Avenue, un portero le impidió el paso, le dijo que como era negro no podía entrar por la puerta principal, tenía que hacerlo por la de servicioOwens tuvo que entrar a su propio homenaje subiendo al salón por un elevador de carga, entrando por una puerta trasera. Es más, el presidente Franklin D. Roosevelt no llegó al homenaje. Le confesó a sus ayudantes que, en plena campaña para su reelección, si lo veían junto a Owens perdería los votos del sur del país. Owens llegó a declarar que Roosevelt lo había tratado peor que Hitler.

A diferencia de los atletas de hoy en día que podrían ser pagados generosamente a través de endosos y otros acuerdos comerciales, Owens tuvo que tomar una serie de puestos de trabajo para apoyar a su familia. Más tarde se convirtió en un orador motivacional y representante de relaciones públicas.

Para ganarse la vida, Owens corría contra caballos puro sangre y la gente le pagaba por ver este espectáculo. Owens declaró:

“La gente dice que era degradante para un campeón olímpico correr contra un caballo, pero ¿qué se suponía que debía hacer? Tuve cuatro medallas de oro, pero no puedes comer cuatro medallas de oro”

Jessie dirigía un negocio de limpieza en seco y trabajaba como gasolinero para ganarse la vida. Eventualmente se declaró en bancarrota. En 1966, fue procesado con éxito por evasión de impuestos.

Jesse Owens 1936

La carrera deportiva del mejor atleta de la historia se terminó a los 23 años y, tristemente, su historia hubiera sido diferente si hubiera sido un hombre blanco, lo hubieran reconocido y tratado con gloria, no 80 años después de los maltratos que sufrió en vida. Owens corrió hasta que su cuerpo se lo permitió, fumaba diario una cajetilla y el 31 de marzo de 1980 murió de cáncer de pulmones.

“Dejo que mis pies pasen el menor tiempo posible en el suelo. Desde el aire, ayuna, y desde el suelo, rápido” -Jesse Owens 

El racismo en Estados Unidos 

Actualmente Estados Unidos, el racismo ha aumentado a pesar de los esfuerzos por terminar con él. Ahora se sufre uno de sus peores momentos (en los últimos años) con la elección de Donald Trump. Entre el 2011 y el 2014 se registró una reducción de casos racistas, sin embargo el aumento de estos grupos de odio ha sido constante casi cada año. En 1999 habían 457 grupos de odio. Hoy la organización de monitoreo de grupos de odio cuenta 917. 

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