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¿Las ballenas se suicidan?

Muertes colectivas y ¿voluntarias?

En varias costas del mundo es común que cada determinado tiempo aparezcan decenas de cuerpos gigantes varados a la orilla del mar. Se trata de grupos de ballenas que encallan, sin posibilidades de volver al océano cuando baja la marea. Como si hubieran decidido acercarse a la tierra para morir en comunidad, estos animales suelen llegar en manada a la playa y negarse a regresar al mar.

De 1840 a la fecha, el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda ha contabilizado más de 5 mil ballenas y delfines que llegaron a sus playas a morir. Andrew Lamason, uno de los líderes de los escuadrones de rescate considera que:

[Aunque] las ballenas varadas son comunes en la Bahía Dorada, se trata de eventos emocionalmente extenuantes, y a cualquier persona que no esté preparada, fortalecida y equipada para lidiar con el trauma se le recomienda alejarse de la playa y no participar en los esfuerzos de rescate.

En febrero de 2017, 416 ballenas calderones aparecieron baradas en la península Farewell Spit, en la Bahía Dorada de Nueva Zelanda. A la mañana siguiente del arribo, el 70% había muerto. A pesar de la intervención de grupos de rescate y voluntarios, las ballenas sobrevivientes fueron pocas.

Tan pronto como inició la mañana, se hizo una petición urgente a los habitantes locales para que abandonaran sus compromisos escolares y laborales y se dirigieran a la playa remota para salvar a las ballenas, llevando toallas, cubetas y sábanas para mantenerlas frescas, calmadas y húmedas.

En esa ocasión, la subida de la marea ayudó a poner 100 ballenas nuevamente a flote; sin embargo, hacia la tarde, 90 regresaron a la orilla. Una de las teorías más extendidas sobre este fenómeno es que, debido a su alta sociabilidad, las ballenas tienden a permanecer unidas a su manada, sin importar si es dentro o fuera del agua. La pregunta es: ¿por qué buscarían permanecer en un ambiente propicio para morir?

Una remota conexión entre dioses, hombres y ballenas

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Jonás y la ballena. CC0

Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,
Y me rodeó la corriente;
Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí (Jonás, 2:3).

Jonás pronunció la oración que le salvó la vida desde el vientre de una ballena. Llegó allí porque intentó huir de una orden de Dios. Cuando Jehová se enteró de que la ciudad de Nínive blasfemaba contra él, mandó hacia allá a Jonás para que difundiera la palabra verdadera. Pero fue desobedecido: el joven se embarcó buscando alejarse de su destino y Dios provocó una tempestad que casi hundió la embarcación. Tras confesar su propósito a los marineros, Jonás decidió abandonar el barco y sumergirse en las aguas marinas. En respuesta, Dios envió a un “gran pez” que se tragó a Jonás y lo escupió después de tres días con sus noches.

A lo largo de la historia, una larga tradición pictórica interpretó que el animal que se tragó al profeta era una ballena. Así quedó grabado el pasaje bíblico en la imaginación colectiva. Muestra de ello, la versión que escribió Herman Melville en Moby Dick:

[Jonás] Desciende al corazón arremolinado de una agitación tan incontenible que apenas se da cuenta del momento en que cae bullendo en las mandíbulas bostezantes que le aguardan; y la ballena dispara todos sus dientes marfileños, como otros tantos cerrojos, sobre su prisión.

Las ballenas, majestuosas según fama extendida, han representado poder y brutalidad; pero también paz y sabiduría. Quizá un origen de la fascinación que despiertan radica en su similitud y, a la vez, en sus diferencias con el hombre. A pesar de que comparten la cualidad de ser mamíferos, es difícil imaginar un animal más distinto a la especie humana. Probablemente sea por eso mismo que su capacidad para comunicarse o los aparentes suicidios masivos despierten tanto interés y empatía.

El Proyecto Jonás

(Foto por Joe Raedle/Getty Images)

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El Proyecto Jonás, dedicado a combatir las bajas en la población de cetáceos que provocan los encallamientos, sugiere que las razones más factibles del fenómeno (ya sea individual o masivo) son las siguientes:

a. Vejez o enfermedad. A las ballenas viejas les cuesta mucho trabajo mantener el ritmo de la manada, razón por la que muchas veces terminan varadas. Con ballenas más jóvenes, pero enfermas, sucede a menudo que pierden sus fuerzas y su capacidad de orientarse: las causas de la debilidad puede ser el consumo de toxinas (tanto naturales -algas y animales en descomposición- como artificiales –plástico y metal). La debilitación de la diversidad marina que causa la pesca descontrolada es otro de los factores a considerar en la malnutrición de las ballenas. Menos comunes son las complicaciones relacionadas con los partos. Las ballenas suelen buscar la bahía para alumbrar; sin embargo, muchas veces sufren algún problema y no pueden volver mar adentro.

b. Heridas y lesiones. Ruptura de dientes o de mandíbula, laceraciones profundas, dislocaciones, fracturas óseas y daños musculares son provocados por el choque de ballenas y embarcaciones marinas. Daños severos al sistema auditivo de las ballenas -fundamental para sus habilidades de comunicación, caza y navegación- pueden ser consecuencia de explosiones submarinas, provocadas por sistemas humanos de localización (como el sonar), pruebas sísmicas y maremotos.

Debido a que el sonido viaja mucho más rápido y llega más lejos en el agua salada que en el aire, las ballenas y otros mamíferos marinos dependen de su oído para la mayoría de sus funciones vitales básicas -buscar comida, encontrar pareja, evitar depredadores, comunicarse y navegar a través del vasto mar. En este ambiente centrado en los sonidos, los ruidos hechos por el hombre son una amenaza mayor (vía Consejo de Defensa de los Recursos Naturales).

(Foto por Ben Pruchnie/Getty Images)

(Foto por Ben Pruchnie/Getty Images)

c. Errores de navegación. La ballenas pueden terminar accidentalmente encalladas cuando, al tratar de conseguir presas, el oleaje y la baja marea las dejaron varadas en la playa. Asimismo, es posible que lleguen a la orilla del mar por huir de un depredador, como las orcas. La forma de algunas playas escalonadas puede confundir a las ballenas y hacerlas creer que se encuentran en alta mar cuando, en realidad, están en tierra. Algunas condiciones naturales adversas, como el magnetismo anómalo o las tormentas eléctricas también pueden provocar errores de navegación.

d. Lazo social. Entre las ballenas que navegan en lo profundo del mar, como es el caso de las ballenas piloto de Nueva Zelanda, es común que el grupo completo acompañe a los individuos más débiles hacia la costa y muera con ellos.

Uno de los patrones más comunes de los encallamientos masivos es que comienzan con una o dos ballenas varadas. Estos animales envían señales de angustia y el resto de la manada intenta ayudarles o arremolinarse ligeramente costa afuera. Una baja de marea puede atrapar a las ballenas en el exterior y pronto la manada completa quedará varada.

Las ballenas no se suicidan: no hay prueba de que ellas voluntariamente viajen a la playa y decidan no volver al mar, en un intento consciente por abandonar este mundo. Lo que sucede es un problema mucho más humano y menos espiritual: en gran medida, el daño es ocasionado por el hombre. La basura, tanto material como sonora, y la pesca sin consideración destruyen el ecosistema de las ballenas. Su forma de vida y su capacidad de sobrevivir se ven afectadas hasta un punto insostenible. La “depresión de las ballenas” es, en realidad, otra manifestación de la alteración que la tecnología ha provocado en la vida natural. Si los ruegos de Jonás fueron escuchados desde el vientre de la ballena, ¿alguien atenderá el mensaje de los gigantes que llegan a las arenas para morir?

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