Este fue el legendario Ratón Macías: El héroe de Tepito

El 10 de marzo de 1955, la Ciudad de México se encontraba paralizada. La gente no salía de su casa porque todos estaban viendo la pelea de Raúl “el ratón” Macías contra el tailandés Chamrern Songkitrat. En dicha pelea, el mexicano ganó la corona de la National Boxing Association (NBA).

La gente salió a esperar el retorno de su ídolo, se pararon en el aeropuerto cerca de cinco mil fanáticos que lo recibieron con aplausos, gritos, lo cargaron en hombros y lo subieron al toldo de una camioneta, donde el Ratón agradeció con su ya conocido gesto de agachar la cabeza.

Pero el boxeador no podía salir de ahí, había tanta gente que la policía tuvo que intervenir para rescatarlo de la multitud de personas y escoltarlo a su barrio: Tepito. Sin embargo no tenía idea de lo que le aguardaba.

Cerca de la famosa vecindad número 139 de la calle Héroes de Granaditas, lo esperaban diez mil personas con marimbas, mariachi, cervezas y ron Potrero. Macías, para poder entrar a su casa, tuvo que subir por las paredes de la vecindad a donde llegó sin zapatos.

Fue un recibimiento único, la gente se sentía identificada con el Ratón, parecía una fiesta nacional para recibir al peleador que llegaba de San Francisco, lugar donde consiguió el título mundial de peso gallo de la NBA.

El amor de los fanáticos para el Ratón era inexplicable. Tres meses después de su triunfo, más de diez mil personas nuevamente lo recibieron en el aeropuerto para apapachar al ídolo que fue noqueado por Billy Peacock. Cuando bajó del avión que venía de Los Ángeles saludó con una sonrisa de agradecimiento y tristeza, con la cabeza vendada a causa de una doble fractura.

Fue una noche en la que lloró México… Peacock me fracturó la mandíbula, pero la gente me recibió como un héroe.”

Raúl Macías Guevara fue el octavo hijo del zapatero Gabriel Macías y de María del Carmen Guevara. Vivían en el corazón de Tepito, hogar que usaban como taller de zapatería, y eran una familia humilde y trabajadora. Macías vendía leche, era bolero y mensajero. Estudió solo la primaria y comenzó a ir al gimnasio desde pequeño. Sus dos hermanos mayores eran boxeadores y lo incluían en las peleas de botana en La Coliseo, mismo lugar en el que ganó Los Guantes de Oro.

Raúl tenía unas facultades innatas para el boxeo. Aprendió viendo a los mejores peleadores de su época, sabía hacer el gancho al hígado de Luis Villanueva “Kid Azteca”, su inspiración para un golpe con el que firmaría más adelante. Entrenaba en el gimnasio Gloria y posteriormente en el Jordán. Su primer manager fue el caballeroso Pepe Hernández y su entrenador Adolfo “Negro” Pérez.

Su primera pelea profesional ocurrió el 15 de abril de 1953 y desde ese momento se convirtió en un héroe nacional.  El Ratón ganó 41 peleas, 25 victorias por nocaut y sólo dos derrotas. Cuentan que en cada que peleaba invariablemente llovía en México. Fue el máximo ídolo en la nación porque ningún otro boxeador había sido capaz de alcanzar su marca y el fenómeno social que provocó.

El Ratón tuvo una carrera corta: se retiró a los 24 años frente a 17 mil personas. Su última pelea fue con Ernesto Parra el 28 de febrero de 1959, imponiéndose por puntos en 10 rounds. Terminando la pelea pidió el micrófono para decir que se retiraba del pugilismo, que le había prometido a su mamá que dejaría el cuadrilátero para que estuviera tranquila. El público no lo creía. Con su retiro se terminaba una de las etapas más añoradas del boxeo mexicano.

No fue una decisión repentina. Estoy triste porque han sido 14 años en el boxeo, pero me voy porque mi madrecita enferma me lo pedía. ¿Cómo iba a negarme a su súplica nacida de la angustia? Ella tiene diabetes que se recrudece cada vez que yo peleo.

Estuvo en el Salón de la Fama de Los Ángeles y de la Ciudad de México y vivió sus últimos días en la colonia Jardín Balbuena con sus hijos y nietos:

No estoy millonario, pero vivo tranquilo, sin carencias ni sobresaltos. Tengo un guardadito que invertí y ahí la voy pasando

Raúl “El ratón” Macías falleció a la edad de 74 años, debido al cáncer de la próstata que tenía desde principios del 2000 y que posteriormente se convertiría en metastasis.

Hasta la fecha no ha existido un deportista mexicano tan admirado como él. La gente lo quería porque nunca se olvidó de sus raíces. Fue un héroe con y sin guantes.

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