Calva Zepeda, Caníbal Guerrero, asesino serial, nota roja

¿Quién fue “el caníbal de la Guerrero”? A 10 años de la muerte de José Luis Calva Zepeda

José Luis Calva Zepeda fue de los últimos especímenes de una época distinta al México de hoy, cuando todavía existía un morbo ingenuo por los asesinos seriales en las columnas de la nota roja. Los casos relacionados a sujetos con sobrenombres estrafalarios como “El mochaorejas” o “La mataviejitas” eran los encargados de vender periódicos, años antes de que los crímenes de los Zetas o los Beltrán Leyva conquistaran la primera plana.

En lo relativo a Calva Zepada, los editores de los tabloides amarillistas no se dieron abasto con los apodos: “El poeta seductor”, “El poeta caníbal”, “el descuartizador de la Guerrero”, o como se le conoce hoy en el folclor popular (y término favorito en las búsquedas de Google), “El caníbal de la Guerrero”.

El primer caso de antropofagia en la Ciudad de México iluminaba la imaginación de la redacción periodística, no obstante el dolor de los familiares de las víctimas de Calva Zepeda y del propio asesino. ¿Un carismático escritor que seducía a sus presas con sus versos poéticos y luego las descuartizaba en su departamento? La nota se escribía por sí sola.

La realidad descrita por los hechos, sin embargo, no era tan plana. Según declaró Calva Zepeda al Ministerio Público, el supuesto caníbal no le dio ni una mordida a la occisa, cuyos restos fueron encontrados por la policía en su departamento de la colonia Guerrero.

Las extremidades en el interior del refrigerador y el “guisado” de un brazo que estaba preparando en la estufa eran más bien su intento demente por deshacerse del cuerpo. Lo del guiso no era para su consumo personal sino para dárselo de comer a los perros. La policía encontró el resto del cuerpo en un armario, ya en un estado avanzado de descomposición.

El nombre de la víctima era Alejandra Galeana Garavito, de 32 años y madre de dos hijos, pareja sentimental de Calva Zepeda. Su desaparición fue denunciada por la madre unos días previo al hallazgo. El 8 de octubre de 2007, cuando la policía fue a interrogar al novio, a éste lo encontraron en un picadero. Los oficiales le ordenaron que lo llevaran a su departamento.

Al dar con los rastros mutilados de la mujer extraviada, Calva Zepeda intentó escaparse de los oficiales por el balcón. El sospechoso se resbaló y cayó sobre la acera, propinándose golpe que le provocó una conmoción cerebral (por esto las fotos donde Calva Zepeda tiene la cabeza ensangrentada mientras recibe la atención de paramédicos). Fue así que tuvo que dar su declaración en el Hospital de Xoco.

El hallazgo de un DVD pirata de Hannibal, los cuentos de terror, su adicción a las drogas y la naturaleza ridícula de sus escritos (había un manuscrito con una dedicatoria que decía: “a la máxima creación del Universo, que Soy Yo”) eran materiales que se prestaban a la especulación y a la exageración de los hechos.

Al llamado “poeta seductor” se le vinculó por la desaparición y descuartización de dos mujeres más: otra ex-novia de nombre Verónica Martínez Casarrubia, y una sexoservidora, cuyos rastros daban muestras del mismo modus operandi. Sin embargo, la fiscalía decidió imputarlo únicamente por el asesinato de Alejandra Galeana.

El caso del “Caníbal” cobró fuerza mediática al ser arrastrado por la nueva ola de feminicidios que azotaba al Distrito Federal y al Estado de México (y que no ha cesado hasta la fecha, particularmente en la Zona Metropolitana). Cuando el cuerpo de Calva Zepeda fue encontrado sin vida en su celda tres meses después de la detención, los rumores y las especulaciones volvieron a circular.

La hermana y la novia de Calva Zepeda sostuvieron que a él lo mandaron a matar, víctima de extorsiones y tortura por parte de los otros internos en el Reclusorio Oriente. De acuerdo a la versión de los custodios, confirmada por el abogado, Calva Zepeda se quitó la vida por estrangulación. A un lado del cadáver encontraron un cinturón.

Con el paso del tiempo, el caso del “Caníbal de la Guerrero” pasó al olvido; una nota peculiar enterrada por los excesos de violencia que desató la llamada guerra contra el narco, especialmente a partir del año siguiente, cuando imágenes de cuerpos desmembrados, decapitados, incinerados y demás, pasaron a ser material gráfico de todos los días en los principales diarios y noticieros del país.

¿Quién era el Caníbal de la Guerrero frente a los poderosos capos de la droga o sus sanguinarios sicarios que cobran vidas por docena? ¿Qué factor extraordinario podía tener una historia como la de José Luis Calva Zepeda frente a la del Pozolero que sumergió cientos de restos humanos en ácido?

El morbo del lector de nota roja quedó más que rebasado.

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