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¿De dónde proviene la humanidad?

En el origen, la multiplicidad

Hace seis millones de años vivió el último pariente común entre los hombres y los chimpancés. Dos millones y medio de años más tarde, un animal humanoide comenzó a construir sus primeras herramientas de piedra. Por algún tiempo, los científicos localizaron en ese hecho un paso en el camino de la evolución humana: la posible aparición del género homo (al que pertenecen las diferentes especies de humanos que han existido).

Durante años las variedades entre esos individuos con características humanas no serían distinguibles con claridad, pero hace sólo 500 mil años una rama se diferenció: los neandertales evolucionaron en Europa y Medio Oriente. 300 mil años más tarde, apareció el homo sapiens en el Este de África. Así, estos dos diferentes tipos de humano (y otros más) existieron a la vez. No es que una especie hubiera sido una mejor versión que las otras, eran versiones diferentes como los diferentes tipos de Canis (perros, lobos o coyotes) o félidos (entre los que está los gatos domésticos o el gato montés), entre otros géneros de animales.

Sexo inter-especie: ¿el origen del humano actual?

Hasta hace poco tiempo, se sabía que neandertales y homo sapiens habían convivido suficientemente cerca como para tener descendencia, debido a que hay un 3% de ADN neandertal en la información genética de los europeos y de los asiáticos actuales; sin embargo, recientemente se descubrió que los entrecruzamientos tuvieron lugar desde hace 100 mil años, casi 40 mil años antes de cuando se tenía noticia.

El nuevo estudio sugiere que hace más de 100.000 años otra población de Homo sapiens salió de África y mantuvo relaciones sexuales, posiblemente en Oriente Próximo o en el sur de Arabia, con grupos de neandertales que estaban desplazándose hacia Asia. Aquellos humanos modernos pioneros se extinguieron, pero su huella aparece ahora en el ADN extraído de los restos de una mujer neandertal hallados en una cueva de Siberia, en la frontera entre Rusia y Mongolia (vía El País).

Con esta nueva información, podemos estar seguros de una cosa: la evolución no es ese árbol ramificado en orden que alguna vez vimos dibujado en el pizarrón de la primaria. Muy por el contrario, se trata de un fenómeno multifactorial en el que ocurrieron cruces y conexiones al mismo tiempo entre varias especies. Los seres humanos actuales son el resultado de una compleja interacción.

Una complicada historia de ¿amor?

Retrato de mujer prehistórica. (Foto por Express/Express/Getty Images)

(Foto por Express/Express/Getty Images)

Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. (Juan 13:34)

En 2008, un grupo de investigadores identificó un gen extraño en el hueso de una mano que perteneció a un niño hace miles y miles de años. A este hallazgo, siguieron otros dos. El mismo gen estaba presente en dos muelas localizadas en el mismo lugar: la cueva de Denisova en las montañas de Altai al sur de Siberia. Por esa razón, se llamó “denisovanos” a esa especie animal que se diferenciaba tanto de los homo sapiens como de los neandertales.

Los denisovanos son una especie hermana de los neandertales, es decir, coetánea y descendiente de un ancestro común relativamente reciente (lo que en este contexto puede significar un millón de años). Y hay otro paralelo que la genómica reciente ha establecido: los ancestros de los europeos modernos se cruzaron con los neandertales, y los ancestros de los asiáticos modernos se cruzaron con los denisovanos (vía El País).

Así que los homo sapiens se cruzaron con los neandertales, que a su vez se cruzaron con los denisovanos. Si sus interacciones son el origen remoto del hombre moderno, queda abierta la pregunta que ha movido por años a los científicos que se especializan en arqueología genética: ¿Cuándo comenzó a existir el hombre?

Existen más de 24 mil genes humanos identificados hasta ahora, pero aún no han sido completamente decodificados. Eso significa que nadamos en un mar de información sin brújula. Las piezas claves del rompecabezas son difíciles de encontrar porque la brecha relevante es pequeña: por ejemplo, los ratones son 90% similares a nosotros, genéticamente hablando; sin embargo, hay un mundo de diferencia entre ellos y nosotros. Por otro lado, sabemos de la existencia de un ancestro común entre los chimpancés, los bonobos y los hombres porque el 99% de nuestra secuencia genética es idéntica.

El fundador del estudio de la genética antigua y actual director del departamento de Genética del Instituto para la Antropología Evolutiva Max Planck, Svante Pääbo (Estocolmo, 1955) ha dedicado su carrera a buscar en la historia de la evolución humana algunas pistas para desentrañar el misterio sobre el comienzo de la humanidad moderna.

Cráneos de ancestros de los humanos de 1.8 millones de años de antigüedad. (AP Photo/Shakh Aivazov)

(AP Photo/Shakh Aivazov)

Su trabajo propone una fundición de las dos hipótesis más difundidas sobre el origen del hombre. La primera sugiere que los humanos se originaron en África hace unos 200 mil años y de allí emigraron hacia Asia y Polinesia y para cuando llegaron a sus destinos, la mayoría de los otros homínidos se habían extinguido. La segunda hipótesis parte de la idea de que varios grupos de homínidos convivieron y evolucionaron en distintos lugares, no sólo en África. En su libro titulado Neanderthal Man: In Search of Lost Genomes (2014):

Pääbo ha mostrado que -hasta donde se sabe- hubo entrecruzamientos entre cuatro distintas líneas de homínidos. Así que un híbrido de las dos teorías ahora es plausible: esencialmente los primeros hombres salieron de África, pero tuvieron algunas interacciones complicadas después.

Aunque el panorama todavía no es completamente claro, se ha vuelto un hecho innegable que la composición humana actual es el resultado de relaciones íntimas entre distintas especies. En adición, el trabajo arqueológico para determinar el momento crucial en que el humano comenzó a ser humano se ha transformado. Si antes dependíamos de hallazgos de osamentas o utensilios, ahora es posible realizar la investigación en otro nivel: la observación y la decodificación de cadenas genéticas ha posibilitado completar los huecos en la historia de la evolución humana.

Lo maravilloso del caso es que este tipo de información no sólo se encuentra en los restos del pasado, sino en las cadenas de ADN de los humanos modernos que, al ser comparadas con las secuencias arcaicas, aportan información relevante sobre la transformación del homínido al hombre. Los fósiles que guarda la tierra son análogos al conocimiento almacenado en nuestras secuencias genéticas que sigue a la espera de su completa decodificación.

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