“No temas al fracaso sino a la mediocridad”: este es el primer mexicano que conquistó los 7 Mares

Seguro alguna vez escuchaste esta expresión en las caricaturas sobre el bucanero que ha conquistado los Siete Mares. Suena impresionante, sin duda, ¿pero a qué se refiere exactamente con aquello de los Siete Mares? Lo primero que viene a la mente son los océanos del planeta, pero la realidad es que dicho término se ha desprendido de varias definiciones a lo largo de la historia.

En el mundo del deporte de alto rendimiento, los Siete Mares son las zonas marítimas que conectan una masa terrestre con otra; en otras palabras, pueden ser conquistados por la fuerza y energía del cuerpo humano. Solo siete personas en la historia de la natación han logrado esta increíble hazaña, a base de pataleo y brazadas estilo libre en mar abierto.

Antonio Argüelles es el hombre más reciente en alcanzar esta meta. El primer latinoamericano en conquistar los Siete Mares. El primer mexicano en poner su nombre en esta exclusiva lista. Así fue como lo hizo:

  • Canal de la Mancha (1999): 34 kilómetros en 18 horas y 19 minutos.
  • Estrecho de Gibraltar (2015): 15 kilómetros en 4 horas y 23 minutos.
  • Estrecho de Tsugaru (2015): 30 kilómetros en 12 horas y 38 minutos.
  • Canal de Moloka’i (2016): 42 kilómetros en 23 horas y 18 minutos.
  • Canal de Catalina (2017): 34 kilómetros en 14 horas y 27 minutos.
  • Estrecho de Cook (2017): 25 kilómetros en 11 horas y 22 minutos.
  • Canal del Norte (2017): 35 kilómetros en 13 horas y 32 minutos.

No es por nada que el Canal del Norte fuera el último reto. Quizás no abarque la distancia más extensa, pero a causa de las bajas temperaturas de sus aguas, la inestabilidad de la marea y la fuerza de los vientos helados, no había otra manera de conquistar las aguas entre Irlanda e Inglaterra más que en el verano.

El 3 de agosto del presente año, Antonio por fin dio con las condiciones propicias para emprender la aventura. El video que puedes ver abajo, documenta el esfuerzo titánico de este mexicano por reivindicar su dominio sobre las fuerzas de la Naturaleza. Tanto su determinación como su rechazo a la derrota nos deben servir de ejemplo.

¿Cuál es el punto de nadar 35 kilómetros en 13 horas? ¿Por qué nos empeñamos en escalar montañas y picos? ¿De qué sirve correr distancias ridículas, solo para obtener un pedazo de metal al final? Porque no es el premio lo que nos atrae, sino es la sensación maravillosa de descubrir el potencial sobrehumano que esconden nuestros cuerpos, caparazones que encierran un poder divino.

Todo atleta sabe eso.

Ilustración de portada: José Aguilar

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